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domingo, 12 de junio de 2022

Los Sumisos. La Tómbola Humana

 Viene de Los Sumisos. Las Viudas de los Viejos del 55


Croquis de la agrupación Tómbola Humana de 1952.
Archivo Histórico Municipal de Cádiz.

Que en el actual COAC se pueden diferenciar hasta cuatro tipos de modalidades es un dato, a día de hoy, imprescindible: coros, chirigotas, comparsas y cuartetos. A esto hay que sumar el romancero que desde hace algunos años también tiene su propio concurso. Todo producto de la evolución histórica de la forma de hacer carnaval en la Baja Andalucía y en particular en Cádiz, así como de los controles establecidos por el poder. Sin embargo, en este camino hasta nuestros días otros tipos de grupos que cantaban, recitaban o improvisaban sencillas chanzas casi han llegado a desaparecer.

La historia que hoy presentamos trata de una de esas agrupaciones que antes de la Guerra Civil salían en los días de Carnaval escapando de toda posible oficialidad. Su intención: hacer pasar un buen rato a quien les prestaba atención, así como ganarse unas monedas a cambio. En los primeros compases de los años cincuenta, y como herencia de aquellos viejos carnavales, ahora prohibidos, todavía pudieron verse algunas de aquellas escenas cómicas (1). En los días previos a la Fiesta de los Coros de 1952 presentaba su croquis y la solicitud para salir a las calles una agrupación titulada ‘La Tómbola Humana’ (2). Representaban la típica rifa clandestina, tan en boga entre la gente más humilde en aquellos días de posguerra, cuando se sorteaba cualquier alimento u objeto de supuesto valor (3). En esta ocasión el elemento era una muñeca que, según daba a entender el sencillo croquis, sería trasladada en una especie de parihuela. Según la instancia el grupo lo conformarían tres comparsistas:

- Enrique Gómez Gálvez, más conocido como Molondro (padre), veterano murguista nacido en 1891. En los primeros compases del regreso de la fiesta, y más concretamente el año anterior, ya había tenido problemas con la censura (4).

Murga Los Picolos de 1934. Sentado a la derecha su autor José Poce Gómez, Cojo Poce.
En el centro de pie el director Enrique Gómez Gálvez, Molondro (padre).
Detrás del Cojo Poce, José Catrofe Galé. Autoría Iglesias, colección familiar Catrofe Pecci.

Manuel Serrano Domínguez, nacido en San Fernando en 1887 aunque vivía en Cádiz desde finales de los años veinte en el barrio de La Viña, y más concretamente en la calle San Bernardo. Lugar donde junto con su esposa —la chiclanera María Manzorro Frontado— regentaba un pequeño puesto. La tradición familiar indica que fue postulante de varios grupos carnavalescos (5). Familia numerosa con nueve hijos, uno de ellos destacará posteriormente en el carnaval gaditano: Pedro Serrano Manzorro El Chicla.

María Manzorro y Manuel Serrano en su puesto de la calle San Bernardo.
Cedida por José Manuel Serrano Cueto.

Por último, José Mantel Cervantes el más joven de la agrupación, pues había nacido en 1901, vecino de los Callejones de Cardoso, viudo y padre de cinco hijos.

La censura franquista, desde su delegación de Educación Popular, da el beneplácito a día 15 de febrero. Los murguistas podrán salir por la vía pública a desarrollar sus números cómicos los días 16, 17, 23 y 24 de dicho mes. Insisto en la idea de la aparente poca coordinación entre las familias políticas de la dictadura, así como la falta de criterio respecto a la censura en estos primeros años de permisión y regreso de la fiesta. Solo así se puede comprender lo que sucedido en las jornadas posteriores.

El sábado 16 ‘Molondro` y su tropa salieron a la calle. A día de hoy tan solo tenemos un documento que atestigua lo que bien pudo ser una jornada llena de diversión. Por unas horas se olvidaron de la triste rutina laboral o de las todavía existentes cartillas de racionamiento. Cada cual pudo ejercer un nuevo rol en aquella sociedad cuartelera que les había tocado vivir. Bien siendo el speacker de la tómbola, el vendedor de 'numeritos' o una muñeca que, a buen seguro, tenía muy poca vergüenza. 

La Tómbola Humana de 1952. Cedida por Rafael Guerrero.

La fotografía que podemos apreciar nos muestra un instante del grupo cómico. Por la expresión de ellos mismos y de quienes los rodean se puede describir una escena de lo más delirante. La imagen aporta un par de aspectos más. Por un lado la fidelidad con que se han representado en el croquis. Si observamos detenidamente descubriremos en la parte central a la protagonista: la muñeca. Aparece metida en un cajón e incluso en la parte inferior se aprecian los palos que sobresalen de la caja y con los que se ayudarían los componentes para el traslado de la misma por las calles. La muñeca además nos muestra una leve sonrisa a cámara, como quien desea reír pero aguanta lo más impasible que puede al estar interpretando un papel. También nos parece interesante la parte superior del cajón, donde al igual que en el croquis vemos la ruleta con la que se ejecutarían los sorteos. Sin embargo lo más interesante es que la fotografía nos permite conocer el rostro de José Mantel Cervantes, posiblemente conocido como ‘El Moná’, personalidad de cierta fama en las fiestas de posguerra y que ha sido completamente olvidado (6).


A sus pies, como quien dice, un reconocible caricato como era ‘Molondro’ (padre). Rostro completamente maquillado de blanco, negro y, quizás, una pizca de rojo para la nariz. Da la impresión de que es el animador del grupo. Carnavales a sus espaldas tenía desde luego. Me llama la atención el sombrero, ¿pertenece a su anterior agrupación de 1951 llamada ‘Los Ñáñigos’ con la que acabó detenido? Al fin y al cabo, iba de explorador que se encontraba a una tribu indígena, y ‘Molondro’ en esta ocasión se cubre con un sombrero de descubridor o aventurero en la selva. De ser así estaríamos ante una de las características del febrero gaditano: la reutilización de parte de los disfraces (7). A la persona situada a la derecha no se le aprecia el rostro. Sospechamos que debe ser Manuel Serrano ya que se intuye unos botones claros en la chaqueta e incluso sostiene con sus manos el brazo de la muñeca.

 

Botones que se repiten en la parte izquierda de la fotografía donde aparece un cuarto murguista que no recoge la documentación oficial. Lleva en la mano las tiras con los numeritos de la rifa al igual que ‘Molondro’ y Serrano, hecho que también apreciamos en el croquis. En esta ocasión el rostro es claramente reconocible. Es un joven José Rodríguez Rodríguez que ya entonces entre su ámbito familiar y amistades se le conocía como ‘El Sopa’. Años más tarde tomaría gran fama junto a muchos grupos de Paco Alba. Pero no nos adelantemos en el tiempo. Nos encontramos en 1952 y sin que su nombre aparezca en la documentación oficial sí lo hace en la fuente fotográfica. Otro tipo de fuentes también apuntalan esta intervención de ‘El Sopa’. Lo hace la oralidad: uno de los hijos de Serrano —Rafael Serrano Manzorro—, nos relata como su padre era postulante junto con otros personajes carnavalescos de la época como ‘El Moná’ y ‘La Hito’ (8). Pero también lo hacía él mismo cuando describía las agrupaciones cómicas de las que formó parte, sin detallar nombres de las mismas, aunque sí a los repetidos ‘Moná’ y ‘La Hito':


Yo empecé a salí con el padre del Chicla, El Monas y La Hito. ¡Quillo, vamo a hasé una rifa! Y sacámos al Moná en una jaula y lo rifábamos por las calles (9).


Nos encontramos entonces ante un conglomerado de personas de la misma clase social, mismo barrio y mismas necesidades económicas que interrelacionan entre ellos y producto de todo esto pues surgen este tipo de agrupaciones en la novedosa fiesta.


De izq. a dcha. el director de cine Luis Marquina y El Sopa durante el rodaje 
de La Viudita Naviera, una década después de Tómbolo Humana. 
Fotografía de Diario de Cádiz, 1961.

Domingo 17 de febrero de 1952, los datos

La acción se va a desarrollar en los alrededores de la conocida plaza de las Flores. El guardia municipal, al rellenar el parte de denuncia, la citará con su auténtico nombre: Plaza [Brigadier] Topete. Es un lugar histórico para el desarrollo del Carnaval antes de la guerra.  

Sobre el suceso en sí que llevó a la detención de los integrantes de ‘Tómbola Humana’ tenemos muy pocos datos. En base a una primera documentación encontrada en el Archivo Histórico Municipal de Cádiz sabemos que ocurrió unos minutos antes de las dos y media de la tarde. A esa hora llegaban a la Comisaría tres detenidos. Desconocemos el número de guardias implicados en el episodio. El guardia municipal que rellena el parte de denuncia hace especial hincapié en el traje y peluca de mujer así como los ademanes con los que simulaban una rifa y "originaban los consiguientes comentarios y críticas de los transeúntes" (10). Esto nos da a pensar que podemos estar ante una denuncia de cualquier viandante, ¿alguien vinculado a los sectores ultracatólicos del Cádiz de entonces? De momento solo suposiciones. Tras tomarles declaración y comprobar los domicilios fueron puestos en libertad. Sin embargo ha aparecido nueva documentación que amplía esta versión.

Dos días después de la detención, el martes 19, el Gobernador Civil escribe al alcalde ordenándole la retirada del permiso que tenía ‘Tómbola Humana’ para salir a actuar en la vía pública. Le indica además que ha estado enviando notas a la prensa local para que quede claro lo que ocurrirá con todo aquel que incumpla sus órdenes. Finaliza comunicando que les "impone el correctivo de siete días de arresto".  

Esta nueva documentación emanada de la correspondencia entre ambos órganos —Gobierno Civil y Ayuntamiento— amplía los datos hasta ahora ofrecidos. Si antes decíamos que fueron puestos en libertad, ahora aseguramos que al menos uno de ellos, José Mantel, al día siguiente -lunes 18-, seguía detenido y fue llevado ante el Gobernador. Pero hay otras informaciones complementarias. En un escrito del Comisario Luis Machuca al alcalde se indica que los detenidos fueron cuatro, por lo que se confirmaría la presencia de ‘El Sopa’ en la agrupación. Lo que nos hace suponer que el guardia municipal que rellenó la denuncia tomó los datos del permiso que llevaban donde se indicaban que eran tres. La realidad que vio Machuca, sin permisos que importasen, es que el grupo estaba formado por cuatro individuos (11). Siguiendo con la lectura del documento se nos da a conocer que el guardia que los detuvo fue Juan Domínguez Hernández y que lo hizo porque uno de ellos "iba vestido de mujer", contraviniendo las órdenes del Gobernador.


Escrito del comisario Luis Machuca al alcalde. 


La interpretación

Hasta ahí los documentos que han sobrevivido a nuestros días y hemos localizado. Sin embargo la labor del historiador debe ir más allá. Plantear hipótesis, hacer preguntas a los documentos. Ya tenemos la imagen de los cuatro murguistas. Pasaban un buen medio día de domingo de Fiestas de los Coros. Según los documentos primeros, ya lo indicamos, la detención se podría encuadrar en un chivatazo. Pero con los documentos aportados en este texto, además de aclararse el número definitivo de murguistas, se abren las hipótesis: ¿simple chivatazo? ¿interpretación personal de las duras leyes franquistas por los guardias municipales? ¿una broma mal acogida por parte de estos? De momento no estamos en condiciones de descifrarlo. Lo único probado es que son detenidos por hacer una agrupación cómica carnavalesca y llevados ante el Comisario Luis Machuca.

Me van a permitir que dibuje un poco la escena con los mimbres que poseemos. Debieron ser varios los guardias municipales, no solo uno, puesto que hablamos de cuatro personas rodeadas de otras tantas que estarían apreciando el acto, más cuando era una hora de afluencia de público como es el mediodía. El revuelo debió ser curioso. Cuchicheos, algún forcejeo, personas acelerando el paso ante el temor de ser también apresadas... Seguramente nadie salió en defensa de los comparsistas. Hay que recordar que nos encontramos en una sociedad paralizada por el miedo. Pero, ¿y los murguistas?

‘El Sopa’ era el más joven, hasta donde sabemos no había tenido problemas con las autoridades franquistas. No obstante no ocurría lo mismo con sus veteranos compañeros. Posiblemente, en aquel paseillo, además de la humillación pública y el terror por desconocer lo que les esperaba, recordaron episodios pasados. Los tiempos de la libertad, la desaparición de algunos compañeros una década atrás, y lo que es peor: su propio pasado. Porque hoy sabemos que si bien ‘Molondro’ no sufrió ningún tipo de represión, uno de sus hijos, José —más conocido como ‘El Titi’—, siempre recordó como con el golpe de Estado de julio de 1936 y la posterior represión tuvo que quemar todo el material carnavalesco que poseía por miedo a las represalias (12). 

Por su parte, Manuel Serrano había perdido su trabajo en la Limpieza Pública tras la sublevación militar. Décadas atrás había deambulado de pueblo en pueblo con su familia hasta que —como indicábamos al principio del texto— se instalaron en Cádiz a finales de los años veinte. Durante los años de la República, con la llegada de las libertades, se afilió a la UGT llegando a ser secretario del gremio de Limpieza (13). Hoy sabemos que durante años fue investigado por el franquismo. Desconocemos, eso sí, si fue consciente de ello. De lo que sí tuvo que ser consciente fue, como decíamos, de la pérdida de su empleo tras el golpe con la depuración aplicada en los órganos públicos (14).

Pero quien se llevaría la peor parte, y posiblemente más intranquilidad en el transcurso desde la plaza de las Flores a la Comisaría, fue Mantel. Pesaba sobre sus hombros el ir disfrazado de mujer, aunque conservaban el documento donde se les daba permiso para actuar en vía pública. No obstante, lo peor de aquel 'paseo' tuvo que ser el recuerdo que conservaba de un episodio que quizás tan solo conocían sus hijos. Antes del golpe del 36 había sido un afamado camarero de Cádiz. Perteneció con orgullo a uno de los gremios mejores organizados de la ciudad. Se sentía socialista y estaba afiliado a la UGT. Por alguna cuestión fue detenido en las primeras semanas de diciembre de aquel año. Conoció la Cárcel Real en su época más denigrante, cuando cada noche sacaban a varios inocentes, antiguos conocidos, amigos, vecinos en general, que terminaban ante las luces de un camión, acribillados a balazos y un posterior tiro de gracia en la sien. Allí estuvo encerrado varios meses hasta que empezó a funcionar la Justicia Militar de Franco. Hasta ese instante pantomimas de juicios solo se le habían hecho a personalidades políticas, militares, sindicales, etc. fieles a la República. Los pobres como él, habían ido al paredón sin el falso juicio. Pero la guerra se alargaba y tras la primera ola represiva llegamos a la primavera de 1937 y da comienzo su investigación. Su juicio sumarísimo. En un principio su sino pintaba mal. Había guardias municipales de Carranza que lo señalaban como un peligroso enemigo de la Nueva España (15).  

Manuel Trigo Fernández fue el principal instigador. Junto a él los guardias Florentino Ingelmo o Gregorio Bernal. Insistían en sus informes, completados con chivatazos y coacciones a otros vecinos, en que Mantel formaba parte de un grupo que hacía reuniones en el Campo del Sur para intentar atacar al gobierno fascista impuesto por las armas (16). Pero Pepe el Camarero —como se le conocía entonces— debía desmontar esas mentiras, o al menos demostrar que nada tenía que ver con dicho grupo. Para eso en la declaración ante el Juez Militar Antonio Martínez de Salazar dio nombre de personas de bien que pudieran respaldarlo. Así lo hicieron en los primeros días de abril Bernardo Sánchez Muñoz —dueño de la posada del Arco de Garaicoechea—, o Carlos Irigoyen Pérez-Rendón, el cual le prestó una vez cierta cantidad económica que Mantel le devolvió a su tiempo y forma. Nunca olvidará aquellas declaraciones porque prácticamente le salvaron la vida. Fue absuelto y puesto en libertad en mayo del 37. Algo más de una década después volvía a ser llevado preso...

Nunca sabremos lo que les ocurrió al llegar a la Comisaría. Mínimo les tomaron los datos y comprobaron si eran ciertos ¿Recibirían cada uno el célebre correctivo? ¿fueron especialmente violentos con Pepe Mantel al ir vestido de mujer? En un estado dictatorial sería lo preceptivo. Pero estas cuestiones quedan para la memoria silenciada de los supervivientes. No para los documentos oficiales. Al día siguiente recobran la libertad. Todos, como ya vimos, menos Mantel. Desde el Gobierno Civil se mandan notas a los periódicos locales. No puede quedar duda del castigo ejemplar. El Gobernador Valcárcel a veces maldice el día que dio su beneplácito para la celebración de la Fiesta de los Coros que solo le da problemas. Solo la mantiene porque desde el ayuntamiento le insisten en que la ciudad necesita movimiento económico y aquí no gustan ni las ferias ni las romerías. Solo las coplas, las malditas coplas de Carnaval. 

Mantel ha visto salir a sus compañeros. Él queda preso. Lo llevan ahora al Gobierno Civil. Sabe que eso no es buena señal. Finalmente —aunque desconocemos lo que ocurrió—, José fue puesto en libertad con el castigo ejemplar de los siete días de arresto a cada uno de los miembros de esta ‘Tómbola Humana’ que solo intentaba divertir a un pueblo que lleva mucho tiempo pasando hambre, miseria y miedo. Siete días donde no podrán ir a trabajar ni llevar el sustento a sus casas. Y por supuesto nada de Tómbola el fin de semana que viene. Esta chusma debe de aprender quien manda. 

El mito. El final

En los años siguientes este tipo de agrupaciones cómicas continuaron en las calles. Lo relata la oralidad. Lo leemos en documentos oficiales a través de los cuales se les daba permiso. Durante un par de años más lo hizo ‘El Sopa’ con la célebre viñera ‘La Hito’.

Sin embargo tras este episodio Manuel Serrano ya solo saldría de postulante, siempre en un discreto segundo plano, con las chirigotas de su hijo ‘El Chicla’. Falleció una década después.

El anciano ‘Molondro’ ya nunca volvió a salir en fiestas franquistas. Serán sus hijos ‘Molondro’ y ‘Titi’ quienes continuaron su testigo. Falleció en 1966.

Y por su parte José Mantel Cervantes terminaría siendo mitificado por la transmisión oral. Unos dicen que no volvió a representar más roles carnavalescos. Otros en cambio lo encumbran como personaje de resistencia individual ante la opresión franquista. Lo vinculan con ‘El Moná’ que, como acabamos de decir, durante algunos años acompañará a los citados ‘Sopa’ y 'La Hito’. Desde luego viñeros como Manolo Torre o Antonio Bruzón ‘El Guitarra’ no dudaban en reconocerlo como ‘El Moná'. Recordaban que "tras recobrar la libertad volvió a vestirse de mujer y salir por las calles de Cádiz" (17). Es muy improbable. Pero no me digan ustedes que no hubiera sido bonito.

 

* * *


(1) En cierto modo este tipo de agrupaciones forman parte del origen de lo que hoy conocemos como Cuartetos.

(2) Debemos tener cuidado y no llamarla 'Tómbola Guzmán' como se ha recogido en algunas publicaciones. Esta errata se debe al escrito de denuncia que la guardia municipal hizo de la agrupación. El guardia de turno hizo mal la transcripción del nombre. 

(3) La mayoría de las veces la picardía de la época hacía el resto. Quien vendía los 'numeritos' no solo no concedía el premio, sino que se adjudicaba el objeto o lo volvía a sortear. Más información en Moreno Tello, S. La clase obrera gaditana (1949-1959). Una historia social a través de las fuentes populares. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz. Cádiz, 2006. Págs. 74 y 75.

(4) En 1951 había sacado con la autoría de Manuel López Cañamaque la chirigota Los Ñáñigos donde, parece ser, fue arrestado en plena calle por cantar coplas censuradas dedicadas a la mala situación económica. En Osuna García, J. Cádiz, cuna de dos cantes. Quorum. Cádiz, 2002. Págs. 380-381.

(5) Testimonio oral de su nieto José Manuel Serrano Cueto, 7 de junio de 2022.

(6) Tan olvidado que, a día de hoy, no tengo claro cual es su nombre real. Más adelante en el texto insistiremos en el tema.

(7) Barceló Calatayud, A. Los tipos en el Carnaval de Cádiz. Q-book. Cádiz, 2015.

(8) Entrevista telefónica a Rafael Serrano Manzorro, 8 de junio de 2022. Respecto a La Hito es una personalidad femenina tan solo estudiada en una reciente tesis doctoral defendida en la Universidad de Cádiz. Su nombre real era Rosario Paúl García nacida en Cádiz en 1918 y fallecida en 1969. Vivía en la calle San Bernardo por lo que queda esclarecido que las personas de las que estamos relatando este episodio eran vecinos. Más información en Ginesta Gamaza, M. Las mujeres en el Carnaval de Cádiz. Análisis feminista de roles, espacios, modos de participación y coplas del carnaval oficial y callejero. Tesis doctoral. Universidad de Cádiz, 2021.

(9) Estas declaración de El Sopa continúan indicando "Despumé salimos en Los Cazadores de Fieras...". Dicha agrupación cómica está fechada en 1953, por lo tanto a la rifa cómica que hace mención el comparsista debe ser Tómbola Humana. Ahora bien, Sopa omite el episodio de la detención. En Acedo Sacaluga, A. y Vázquez Aragón, J. Conversaciones con los viejos comparsistas. Caja de Ahorros de Jerez. Madrid, 1985. Pág. 72.

(10) Archivo Histórico Municipal de Cádiz, Carnaval, Caja 3.977.  Uno de los trabajos que recogen lo relatado en dicha sección del archivo se puede consultar en Fernández Domínguez, J. Lápiz rojo. Censura, control, prohibiciones en el Carnaval de Cádiz (1900-1975). Dalya. Cádiz, 2017. Págs. 67 y 68.

(11) Archivo Histórico Municipal de Cádiz, Correspondenica, Caja 2.587.

(12) Moreno Tello, S. Las coplas del Carnaval de Cádiz durante la Segunda República (1932-1936). Editorial UCA. Cádiz, 2020. Pág. 21.

(13) Domínguez Pérez, A. El verano que trajo un largo invierno. Quorum. Cádiz, 2005. Anexos 23 y 29.

(14) Documentación de su hijo primogénito -El Chicla-, indica que en 1937 Manuel estaba sin trabajo y se declaró como cesante, es decir lo habían cesado. En una reciente publicación aparece como depurado de la plantilla del ayuntamiento de Cádiz por orden del alcalde golpista Ramón de Carranza. En Gutiérrez Molina, J. L. y Lopez García, M. C. ¡Eses es un rojo! Persecución, muerte y represón a los trabajadores municipales de Cádiz (1936-1950). Ayuntamiento de Cádiz. Cádiz, 2021. Pág. 230.

(15) La información sobre detención y juicio sumarísimo a Mantel Cervantes en Archivo Histórico del Tribunal Militar Territorial Nº2 de Sevilla. Legajo 1.202. Nº Consejo 060/37. Cedido por José Luis Gutiérrez Molina.

(16) Hoy día sabemos que fue una patraña orquestada por la policía golpista para ajusticiar a un grupo de jóvenes afiliados a la CNT y que los propios fascistas llamaron con el sobre nombre de Los Siete Niños de Écija. Más información en Gutiérrez Molina, J. L. "Los Siete Niños de Écija. Resistencia y represión política en Cádiz en 1936". En Moreno Tello, S. y Píriz, C. (Eds.). Franquismo escalado. Averiguaciones sobre una dictadura. Cádiz, 2021. En prensa.

(17) Barceló Calatayud, A. "El tipo como instrumento de censura". En Moreno Tello, S. (Coord.) XX Congreso del Carnaval. Diversión, prohibición y libertad en la fiesta de Febrero. Diputación de Cádiz. Cádiz, 2018. Pág. 42.

martes, 31 de mayo de 2022

Los Sumisos. Las viudas de los viejos del 55

Viene de Los Sumisos. Presentación 

Mediados de los años cincuenta. En Cádiz las Fiestas Típicas Gaditanas impulsadas por parte de la burguesía local que ve a la ciudad muy falta de movimiento económico, van afianzándose por año que pasa. Desde 1949 se celebra el concurso de Coros y Chirigotas en el Gran Teatro Falla. Ha quedado patente que esta fiesta, de reminiscencias carnavalescas, es capaz de producir cierta riqueza. Un ejemplo: la venta de las sillas de la Cabalgata ha pasado de estar bajo el control de una sociedad privada a las manos del ayuntamiento. Mientras tanto los comparsistas -los que hacían el Carnaval en la calle desde tiempo inmemorial-, han logrado parte de sus aspiraciones: que las coplas sobrevivan a la prohibición franquista. No les importa que a veces tengan que vivir episodios humillantes. Como aquel que narraba Ramón Gutiérrez Guillén El Tuerto, cuando al pasar con su chirigota por la calle Ancha, unos estudiantes les solicitaron que entraran al local donde departían entre copas de vino. Allí se les pidió que cantaran las coplas 'verdes'. Ramón accedió. Tras cantarlas uno de aquellos muchachos de bien tomó la palabra:

- Ahora os vamos a dar a ustedes el premio.

Pienso para mí que los comparsistas estarían locos por trincar unas monedas o la media botella con su tajá de pescao frito. Pero no. El premio consistió en que se les sacó a hombros y, literalmente, se les tiró a la calle Ancha. (1)

Tampoco les importa tener que ir a una Plaza de Toros donde, además de cantar, tienen que torear una vaquilla para el divertimento del público. La exitosa chirigota Los viejos del 55 fue llevada a San Fernando, Medina Sidonia, Sevilla... pero fue en Cádiz donde el bombista de la agrupación, Antonio Gutiérrez Ortiz El Lucas, haciendo las veces de banderillero terminó con una de estas clavada en una de sus rodillas. A tragar saliva. Al fin y al cabo Lucas tenía muy claro el principal motivo de su participación en las fiestas:

"Porque a mí me han preguntado muchos: Lucas, ¿tú por qué has salido en el carnavá? ¿por afición? Y le digo: No, yo he salido en el carnavá pa buscá dos pejeta pa mi casa, y aluego la afición. Pero primero la verdá. Sí, la afición la tengo yo detrá del interé. Entonce estábamos día y noche. La vía estaba mu mala." (2)

Chirigota Los Viejos del 55 (1955). En el centro, descubiertos, José Quintana y Antonio Marín El Botella. Fotografía cedida por Manuel Clavaín Jácome.

Y precisamente la primera de nuestras historias se centra en aquel buen grupo de chirigoteros que en 1955 obtuvieron el primer premio del Concurso: Los viejos del 55. Dirigidos por José Quintana Barreiro son el grupo que más galardones está obteniendo en el nuevo concurso. Llevan tres años consecutivos de primeros premios. José, con anterioridad,  ha estado saliendo en coros hasta que en 1952 con Los guerreros del castillo X cansado de "tanto sacrificio" ha decidido, con su compadre Antonio Marín Morales El Botella, regresar a las antiguas murgas, ahora rebautizadas como chirigotas. Han diseñado un grupo compacto dónde, además de los citados, destacan José Méndez Ponce más conocido como Balbuaca -el más elegante de los chirigoteros de Cádiz hasta ese momento (3)-, Agustín Ruiz López El Chupapiera, Cecilio Gómez Guerra, Juan Sánchez Olmo, el también ya citado Lucas, así como Antonio Quintana, hermano del director (4). Estos comparsistas tienen algunas cuestiones en común. Lo primero es la edad. Rondan los cuarenta años, es decir, para aquellos momentos eran auténticos veteranos de la fiesta. Son hombres nacidos entre 1908 -el caso de Lucas-, y la segunda mitad de los años diez. Pertenecen a una misma generación. La que ha vivido los carnavales en plena libertad de la República. De hecho, muchos de ellos han coincidido en murgas de los años treinta. También están marcados por otra coincidencia: son supervivientes de la represión golpista de 1936. Muchos han sido investigados, aunque quizás nunca lo llegaran a saber, como el caso de Balbuaca; otros sufrieron cárcel, como José Quintana; e incluso se dio el lance de que Cecilio Gómez vio como un buen día se llevaban de su casa a su cuñado Juan Ragel, autor de Carnaval, el cual terminaría siendo asesinado en algún lugar de la bahía de Cádiz.

No obstante, hay otro episodio que les debe haber marcado sobre manera a la mayoría de ellos. Casi todos han formado parte del ejército franquista. Unos por obligación, desde el comienzo del conflicto había llegado la hora de su reemplazo, es decir, de hacer el servicio militar; otros por pura supervivencia, son muy numerosos los casos de voluntarios que se alistan al ejército sublevado con la única intención de desaparecer un tiempo de sus localidades de origen donde pueden tener problemas con las nuevas autoridades golpistas; y también, ¿por qué no? voluntarios jóvenes sin afinidad política alguna, los cuales vieron en la guerra una oportunidad de vivir 'aventuras' (5). Desde luego, y sustentándonos en los pocos testimonios orales que estos chirigoteros dejaron de su paso por el frente, podemos decir que casi todos estarían entre los dos primeros casos. 

Volviendo a mediados de los años cincuenta y retomando nuestra historia, debemos indicar que a pesar de la mala situación en la que se encontraba la clase trabajadora en general, algunos de estos comparsistas habían aprendido a sobrevivir en la dictadura. Reconocían cual era su papel y cómo jugar sus cartas. Lo llevaban haciendo casi dos décadas. Y es en ese momento donde encontramos al director José Quintana, albañil de profesión, trabajando en casa del delegado de Fiestas del ayuntamiento de Cádiz, Vicente del Moral. Quintana ha logrado que se olvide su antigua filiación a CNT o su paso por la cárcel de Cádiz tras el golpe de Estado. Se ha dado a valer muchos años en el ejército franquista. Y aunque a los ojos de la dictadura nunca será una persona de fiar, ha quedado claro que para las intenciones de revivir la fiesta es pieza fundamental. Don Vicente lo ha recibido en su domicilio de la calle Cánovas del Castillo. Se ha tenido que reir con la ocurrencia del chirigotero. Tras el éxito de Los Viejos del 55, ahora se saca de la chistera ir de viudas: se van a llamar Las Viudas de los Viejos del 55. Pero por un momento olvida que no toda la clase dominante es, en cierto modo, tan aperturista como él. Aprecia a Quintana. Sabe de sobra que no plantea ningún peligro al Régimen. Al final de la conversación le anima a presentar a la Censura las coplas, el croquis con la descripción del tipo:

Solicitud al Ayuntamiento de 
Las Viudas de los Viejos del 55.
Firmada por Antonio Gutiérrez 
El Lucas. AHMC.
- No habrá ningún problema en que salga esa chirigota, José-, le debió aseverar.


Pasa el tiempo, el grupo ensaya. Se han confeccionado los tipos de viudas. El grupo está muy ilusionado, aunque el grado de perfección que están alcanzando les dice que las pelucas blancas que van a colocarse bajo el velo no quedan del todo bien. No importa, esta celebración llamada Fiestas Típicas Gaditanas pero que para ellos es su Carnaval, el que heredaron de sus padres y abuelos, no solo es  afición y distracción frente la vida monótona y gris de la dictadura. Es también una forma de ganar un dinero extra que llevar a sus hogares. Quieren volver a ganar el primer premio. Sería la cuarta vez que lo obtendrían de manera consecutiva.

Poco antes de acudir a cantar al Gran Teatro Falla don Vicente hace llamar a José. El mismísimo Gobernador Civil, Carlos María Rodríguez de Valcárcel, no ha dado su visto bueno al tipo de la chirigota. A pesar del visado de la oficina de la Censura a las coplas y el disfraz, desde los sectores más intolerantes de sociedad gaditana se ha presionado y han conseguido su objetivo. La chirigota puede cantar las letras pero no vestidos de mujer. Algo que alteraría el orden y el buen gusto del nacional-catoliscismo. A José aquello le cae como un jarro de agua fría. No puede protestar. Tiene que acatar ordenes. ¿Qué llevan meses ensayando? Para la reacción eso es lo de menos. No son más que una chirigota. Todavía hay quien piensa cómo Valcárcel pudo dar el permiso a semejante zafiedad. José tira para adelante y se lo comunica al grupo. El chasco tuvo que ser mayúsculo. Nos podemos imaginar las caras de estos supervivientes: Balbuaca, Chupapiera, Cecilio, etc. Sin embargo a Quintana no hay quien lo aburra de Carnaval y junto con su compadre Marín idean lo siguiente: tienen el permiso de cantar las letras pero no pueden ir vestidos de viudas, por lo tanto se van a vestir con el tipo del año anterior. Se van a plantar en el escenario del Falla con el mismo disfraz. No obstante guardan un comodín. A ellos se les prohíbe ir de 'viuda' pero no... ¡a una mujer!. Quintana avisa a su propia hermana y en cuestión de horas le enseña el bailecito que ellos iban a hacer en la presentación de la chirigota. Los aficionados saben lo que ha ocurrido con la decisión del Gobernador. Pero no se esperan cómo van a presentarse sobre el escenario los chirigoteros. 

No conozco grabación sonora del Concurso de 1956. Quizás en el futuro aparezca alguna. Lo que se conoce por testimonios orales es que la aparición del grupo con el mismo tipo del año anterior -de viejo-, y una 'viuda', fue recibido con un estallido de aplausos. Es lo más parecido a una protesta que se puede dar en aquel Cádiz en blanco y negro. Habrá quien aplauda por la ocurrencia. A otros les hará gracia la manera de sortear la estúpida prohibición del Gobernador. Puede que algunos, incluso, lo vean como un acto de rebeldía y por un instante -si han tenido tiempo de vivirlo-, recuerden los días anteriores al sangriento verano del 36, cuando las murgas y los coros eran libres, o por lo menos mucho más desde que los militares se alzaran en armas. 

Josefa Quintana junto con 
El Lucas. Colección Joly
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Termina la actuación. El grupo sube a camerinos. Sin embargo esto no ha hecho más que empezar. Llaman a la puerta de una forma un tanto brusca. José sale al pasillo. No hay duda, son dos policías vestidos de paisanos. Aunque a la hora de rememorar el episodio Quintana lo suaviza, aquella escena no debió ser tan graciosa. Los agentes van buscando al hombre que ha subido al escenario vestido de mujer. Tienen la orden de llevarlo detenido a disposición del Gobernador. Si hubiera alguna resistencia el resto de la chirigota también será apresada. Pero Quintana solo tiene que decir el nombre de su hermana -¡Josefa!-, para que ella todavía con el tipo puesto le conteste:

- ¿Qué quieres chiquillo?

Los policías se miran entre sí y deciden marcharse. Quintana y los suyos respiran tranquilos. Aun así habrá una humillación más. El Jurado decide dejar desierto el primer premio. Han tenido su momento de gloria pero no van a conseguir revalidar el galardón. En el Concurso de 1956 se conceden dos segundos premios. Uno de ellos a Las Viudas, el otro a un autor pujante que cada año gusta más por la forma distinta que tiene de hacer chirigotas: se llama Paco Alba y su agrupación Los de Fin de Curso. (6)

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La hipocresía de la dictadura franquista no tenía límites. A la chirigota escrita por Antonio Clavaín y Antonio Marín y dirigida por José Quintana se les prohibió por orden del Gobernador disfrazarse de mujer aun habiendo pasado la Censura. Ni la 'amistad' del chirigotero Quintana con el delegado de Fiestas había valido para mediar. Sin embargo el análisis y estudio de la fotografía como fuente histórica da el respaldo definitivo a lo que venimos comentando. A las antiguas imágenes ya visualizadas junto al texto, mostramos ahora la siguiente:

Una de las pocas fotografías de las auténticas Viudas de los Viejos del 55.
A la izquierda José Quintana, a la derecha José Méndez El Balbuaca.
Colección Joly.

No es la única imagen que tenemos de aquella ya mítica chirigota. Pero sí es una de las pocas que demuestran que si bien, no pudieron cantar en el Gran Teatro Falla, con el tipo de mujer, sí lo hicieron días posteriores en determinadas actuaciones. ¿Dónde? En los patios y casas de estos chirigoteros. Muy posible. En las grandes fincas urbanas de la burguesía franquista. También. Hubo hombres vestidos de viudas, sí. Pero siempre en el ámbito privado. Hasta la diversión había quedado confiscada. Solo perteneciendo a una determinada clase social se pudo disfrutar de la simpática chirigota Las Viudas de los Viejos del 55 en su totalidad. Tal como ellos la habían concebido. 

Tuvieron que pasar varias décadas, incluso muchos años tras la llegada de la actual Democracia, para que otro buen grupo de chirigoteros rescatara del olvido el nombre de estas dos chirigotas: Los Viejos del 55 y Las Viudas de los Viejos del 55. Corría el año 1994.


Continuar en Los Sumisos. La Tómbola Humana


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(1) Acedo Sacaluga, A. y Vázquez Aragón, J. Conversaciones con los viejos comparsistas. Caja de Ahorros de Jerez. Madrid, 1985. Pág. 97.

(2) op. cit. Pág. 11.

(3) Hasta en un par de ocasiones he podido encontrar idéntica referencia sobre dicho comparsista. José Quintana lo hizo en Conversaciones con los viejos comparsistas... Manuel Moreno Pavón El Moreno en sus Memorias inéditas.

(4) El grupo se complementaba con Antonio Delgado Madrid, Federico Pedreño Gómez, Juan Luis Núñez Heredia y Manuel Luna Román. El listado de nombres y apellidos ha sido cedido por Francisco Javier Camacho Ortega. Se puede comprobar en Archivo Histórico Municipal de Cádiz, Sección Carnaval. Por otro lado, mientras que en dichos documentos aparecen como autores de la agrupación el propio Marín El Botella y Antonio Clavaín Brull, en el libreto la autoría de la música se adjudica a Juan Poce Blanco y Francisco Campos. 

(5) Para más información sobre la conformación del ejército sublevado franquista ver Matthews, J. Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la Guerra Civil. Alianza Editorial. Madrid, 2013; Leira Castiñeira, F. Soldados de Franco. Reclutamiento forzoso, experiencia de guerra y desmovilización militar. Siglo XXI Editores. Madrid, 2020.

(6) Según la tradición oral la actuación policial fue más allá, menos edulcorada de como la transmitió Quintana. Al menos se conocen un par de versiones donde Josefa fue "palpada" por parte de estos secretas para comprobar que quien estaba debajo del tipo de viuda no era un hombre. En Barceló, A. El tipo en el Carnaval de Cádiz. Q-book. Cádiz, 2015. Pág. 338.

viernes, 27 de mayo de 2022

Los Sumisos. Presentación

En el centro del estrado del Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cádiz, Carlos María Rodríguez de Valcárcel, Gobernador Civil de Cádiz. A la izquierda, leyendo, el alcalde José León de Carranza. Cedida por Carlos Píriz.
 
 
Aprovechando que la comparsa de Antonio Martínez Ares ha traído a la palestra el tema de la represión a los comparsistas, así como la situación de máximo control de la fiesta en la década de los años cincuenta, trataré de desempolvar algunas viejas historias desconocidas para el gran público. Intentaré demostrar que la representación de dicha comparsa -Los Sumisos-, sobre el escenario del Gran Teatro Falla, tiene una base histórica y real.

Los carnavales en España quedaron totalmente prohibidos al finalizar la Guerra Civil Española, también conocida como la Guerra de España, en abril de 1939. Sin embargo, ya desde algunos años antes, en muchos lugares donde los golpistas habían tomado el poder tras alzarse en armas frente al gobierno legítimo de la República, había comenzado la persecución de los comparsistas, e incluso el Carnaval ya se encontraba prohibido (1).

Como decía, la prohibición total y definitiva se publicó y se comenzó a ejecutar en enero de 1940, en los días previos a una nueva celebración. La orden estaba firmada por el ministro filo-nazi y cuñado del dictador Francisco Franco, Ramón Serrano Suñer. Repito cada vez que tengo oportunidad: a partir de ese instante murió una celebración cultural de siglos. Desaparecieron los carnavales de toda España, ya fueran rurales o urbanos, de máscaras o coplas, etc. El Carnaval que se disfrutaba en Cádiz también.

Distintas causas llevaron a que las autoridades franquistas, más de una década después, cedieran a regañadientes para que una nueva celebración que en determinados aspectos se asemejaba a aquella antigua festividad llamada Carnaval pudiera desarrollarse. En Cádiz se llamó Fiesta de los Coros. ¡Ojo, que ya no es que no se llamara Carnaval sino que además el término Murga había desaparecido! Insisto, Fiesta de los Coros. El permiso, no exento de discusiones entre las familias políticas de la dictadura, fue firmado por el Gobernador Civil Carlos María Rodríguez de Valcárcel. Corría la segunda mitad de 1948 y la primera celebración con todas las precauciones y controles posibles sucedió en febrero de 1949.

Desde la normalización de los estudios sobre el Carnaval, hace ya algunas décadas, nos inclinamos a pensar que una vez conseguida dicha aprobación el ayuntamiento de Cádiz las tuvo todas consigo para el regreso y feliz desarrollo de la ansiada fiesta. Pero no es así. La Fiesta de los Coros, que a partir de 1953 fue renombrada como Fiestas Típicas Gaditanas, en varias ocasiones estuvo muy cerca de volver a ser prohibida. Ya lo hemos adelantado. No todas las familias políticas que conformaban la dictadura apoyaban tal decisión. Y esa división en torno a la nueva celebración marcaría los primeros años de desarrollo. 

Para esta serie de entradas en el blog me dispongo a recuperar algunas historias que atañen a las agrupaciones, autores, directores y componentes de aquellos años. Cuando los comparsistas debían andarse con mucho cuidado, pues a pesar de la permisividad aparente de la que hacía gala la dictadura, cualquier salida de tono de los esquemas establecidos podían acabar en los más dispares episodios de represión.

(1) BOE, febrero 1937.