miércoles, 24 de febrero de 2021

Paco Alba en Zona Historia

 


El programa de Onda Cádiz TV que capitanean Salvador Santos y Manuel Sánchez sigue demostrando que la Historia interesa. Es una estupenda herramienta de divulgación histórica que ayuda a llevar al gran público una materia que habitualmente no tiene espacio en los medios de comunicación. Este pasado domingo han vuelto a tener un tremendo éxito con un programa que roza las tres horas de duración. Ahí es nada. A pesar de las medidas sanitarias que obstaculizan el desarrollo normal de cualquier proyecto cultural, consiguieron reunir a dos antiguos comparsistas -Emilio López Prats y Antonio Galán Miranda-, a la propia hija del autor conileño -Catalina Alba Flores-, así como a dos de los hijos del, también, comparsista Carlos Brihuega Rodríguez -Carli y Edu-.Fue un honor colaborar con todos ellos. Si te lo perdiste o lo quieres volver a visualizar, aquí.

lunes, 18 de enero de 2021

Con pandemia o sin ella… Cádiz y el Carnaval de 1919

Un buen amigo y paisano me incita a escribir algo sobre cómo se vivió la última gran pandemia que azotó al planeta antes de la actual. No obstante me dice que mejor desde una visión cercana al tiempo en que nos encontramos. Y es que desde hace unos días en Cádiz se estaría celebrando su afamado Concurso de Agrupaciones Carnavalescas en el Gran Teatro Falla. Un concurso que se venía celebrando de manera ininterrumpida desde 1949 y que este año no se llevará a cabo. Va a suceder lo mismo con la celebración del Carnaval, del cual veníamos disfrutando plenamente desde su regreso en 1977, y de manera ‘domesticada’ -con el nombre genérico de Fiestas Típicas Gaditanas-, desde finales de los años cuarenta. Por lo tanto es un buen momento para mirar atrás, ¿qué ocurrió en Cádiz durante la pandemia de gripe de 1918? ¿hubo Carnaval en 1919? ¿se confinó a la población según la clase social? ¿de qué trataron las agrupaciones si las llegó a haber?


* * *


Pandemia de gripe de 1918

Hoy día sabemos que los primeros casos de gripe de lo que más tarde se convertiría en pandemia, sucedieron en 1917. Pero en aquel momento no fueron conscientes de la misma hasta bien entrado el año 1918. Son años convulsos, mientras Europa se desangra en la que se conoció como la Gran Guerra -posteriormente llamada I Guerra Mundial-, el Imperio Zarista ruso se desplomaba ante una Revolución que haría cambiar al mundo. Sin caer en exponer excesivos datos, contaremos que los primeros casos de 1918 surgen, precisamente, en pleno epicentro bélico. En algún lugar de la atrincherada Francia donde están apostadas las tropas británicas. Rapidamente, y debido a los continuos movimientos de tropas, un nuevo tipo de gripe se extiende por el continente. En la primavera de 1918 la enfermedad ya se encuentra instalada en España, de hecho la gripe se le terminará conociendo con este nombre: ‘española’. La explicación es bien sencilla, nuestro país se había mantenido neutral en la Gran Guerra por lo que nuestra prensa se encontró más libre de informar sobre una enfermedad que estaba haciendo estragos en la población. Las cifras aproximadas de la pandemia en España fueron de 8 millones de infectados y doscientos mil muertos. La población española de aquel entonces no llegaba a los 21 millones de habitantes.


Cádiz en el Trienio Bolchevique

Puede que algún lector se le haya atragantado lo que esté bebiendo o comiendo en este instante al leer la palabra bolchevique. Tranquilos sus propiedades están a buen seguro. En la mayoría de los casos las posee una entidad bancaria. Miren ustedes, historiograficamente se conoce como Trienio Bolchevique a aquellos años posteriores a la Revolución Rusa la cual, en algunas zonas de España -sobre todo en la rural-, marcó el devenir de su movimiento obrero o campesino. Años de agitaciones sociales y de luchas en favor de mejora de la calidad de vida de los más desamparados en la escala social. Por dar algún dato orientativo: los números de huelgas en la ciudad oscilaron desde las seis de 1918, las treinta y una de 1919 o las dieciocho de 1920. Tomo prestadas unas palabras del compañero Felipe Barbosa en uno de sus trabajos sobre esta época:

`La necesidad de pasar de una economía de guerra a una de paz, junto con las crisis agrícolas derivadas de una serie de malas cosechas traerán consigo paro en el campo y en la ciudad, escasez de alimentos básicos, subida de precios y hambre generalizada. La importación de la sal y el pescado perjudicó notablemente a las industrias salinera y pesquera. Si a ello le sumamos las reivindiaciones obreras que experimentan un notable auge de mandando mejores salarios y jornada laboral de ocho horas, el resultado se tradujo en una movimiento de protestas sociales’.


Cádiz + Epidemia de gripe = ¿Carnaval de 1919?

En el último tercio del siglo XIX la clase social dominante, la burguesía, cansada año tras año de intentar prohibir sin éxito la fiesta más popular de la ciudad, va decidiendo hacerse con las riendas de la misma. Desde incluirla dentro de las fiestas oficiales de Cádiz, dotándola de presupuesto -hasta ese momento su celebración era totalmente espontánea y se debía al sentir del pueblo llano-, hasta obligar a los grupos que deseaban cantar por calles y plazas entregar una solicitud con todo tipo de información referente a componentes, directores y por supuesto las coplas a interpretar. Conforme pasaron los años la censura sobre las mismas fue en aumento pero, no debemos de olvidar, estas agrupaciones estaban siendo capaces -además de verter duras críticas al poder establecido-, de crear bellas músicas por lo que terminaron generando, de algún modo, 'riqueza'. Este hecho no fue ignorado por algunos comerciantes que se sumaron a este ‘nuevo nicho de mercado’. Más o menos así debieron crearse los primeros concursos de agrupaciones. Unos organizados por los gobiernos municipales, cuya finalidad era controlar lo que se cantaba; otros fomentados por comerciantes que veían en ellas un fin lucrativo. De una manera u otra, o de las dos, la cuestión es que, entrado el siglo XX, y en pleno reinado de Alfonso XIII y sus partidos turnistas, el poder de ser más o menos permisivos con la fiesta y con sus agrupaciones, lo ostentaba el Gobernador Civil, así como el alcalde de la ciudad.

Así que, en los días previos al Carnaval de 1918, y como decíamos anteriormente en plena crisis social, se dieron algunos mítines como el celebrado en el Parque Genovés donde estuvieron representados los obreros del puerto, panaderos, de la construcción naval, etc. Ni que decir tiene que pronto comenzó en la prensa local y nacional una campaña en contra de la celebración del Carnaval. Cualquier escusa era buena y si había protestas obreras por medio mejor. A pesar de todo el Carnaval llegó a celebrarse como en años anteriores. Lo más interesante quizás fue la convocatoria de Concurso de Agrupaciones al que, al parecer, solo se presentó una comparsa de las veinticuatro que solicitaron salir a cantar a la vía pública, ¿estamos ante un hecho de resistencia hacia la propia creación de los concursos por parte del poder establecido? Dejamos la pregunta para otro momento, al aire, porque lo que nos trae aquí es afirmar que el Carnaval de 1918 se pudo disfrutar a las puertas de una pandemia.

Siguiendo los trabajos de Francisco Herrera debemos indicar que los primeros casos de gripe no llegaron a Cádiz hasta la última semana de mayo. Sería el inicio de lo que luego se ha conocido como primera ola y que duraría hasta mediados de julio donde, parece ser, la epidemia frenó. No existe mucha información de este primer momento debido a la rapidez con que sucedió, y a la propia desatención general, lo que sí parece ser cierto es que los primeros casos se dieron en los soldados de los distintos regimientos militares que había en la ciudad. Posteriormente la gripe pasaría a la población civil. Más dura fue la segunda ola que si bien, en algunos lugares de España arrancaba en los días finales de verano, en Cádiz no se hizo notar hasta octubre, dándose las peores cifras en diciembre. El profesor Herrera ha recopilado las publicaciones que en su momento realizó el Catedrático Leonardo Rodrigo Lavín. Éste último achacaba esta segunda ola en Cádiz y su provincia al licenciamiento de los soldados del cupo militar de Algeciras. Hoy día sabemos que hubo otros motivos del repunte de la epidemia, como por ejemplo, el trasiego de pasajeros a través del puerto. Se conocieron muchos casos de desembarcados que al pisar tierra tenían que ser aislados, lo que a su vez provocó malestar entre muchos ciudadanos. No en balde el alcalde Manuel García Noguerol declaraba que una ciudad como Cádiz, marítima, no podía rechazar a los viajeros que llegaban desde mar o tierra.

Bando del alcalde Manuel García Noguerol permitiendo el Carnaval. Cádiz, 15 de febrero de 1919. Archivo Histórico Municipal de Cádiz.

No obstante, la ciudad continuaba su día a día. Y la situación económica y social no había encontrado mejoría por lo que en los primeros compases de 1919 los conflictos obreros prosiguieron. De hecho historiadores como Francisco Trinidad opinan que 1919 fue uno de los de mayores huelgas. Entre ellas, y coincidiendo con la primera mitad de febrero, se llevó a cabo la de los sindicatos de carreros y cargadores, Astillero de Matagorda y los estibadores del puerto. Esta aparatosa huelga de varios días coincidió justo con los días previos al tradicional Carnaval, pero ¿iba a celebrarse la fiesta? Desde luego se estaban dando todos los condimentos para que fuera prohibido. No obstante la Comisión de Fiestas indicó que en una reunión de la misma con fecha de 8 de febrero se decidieron algunos de los actos o eventos que, sí la circunstancia lo permitían -clara alusión a la pandemia-, se llevarían a cabo: se referían al 'Concurso de Comparsa, máscaras a pie, conciertos y algún otro aliciente que pueda organizarse a última hora'. Una semana después se editaba un bando desde el ayuntamiento donde, como cada año, se disponían las normas a seguir durante las fechas.

Bando del gobernador civil José Bono Gonzálbes prohibiendo la fiesta. Cádiz, 1 de marzo de 1919. AHMC.

Quizás se recrudecieron los casos. La cuestión es que e
l Gobernador Civil José Bono Gonzálbez, escudándose en la situación social inestable, ordenó -contra lo dictado por la alcaldía-, publicar un bando donde la fiesta quedaba suspendida. Mientras tanto, en los plenos del Ayuntamiento se siguió debatiendo el hecho de la prohibición. Unos concejales aconsejaban la permisión de la misma, de hecho no deja de ser curioso que la excusa que se esgrimía era la económica -muchas familias habían perdido la oportunidad de vender confettis y demás enseres carnavalescos-; mientras otros no cedían por las cuestiones de conflictividad laboral. Finalmente el gobernador cedió y el Carnaval pudo celebrarse tan solo en el Domingo de Piñata. Con unas medidas un tanto peculiares. Las celebraciones serían en lugares cerrados, teatros o casinos, impidiéndose todo tipo de eventos en las calles. Como venía pasando desde décadas atrás, las normas no se cumplieron del todo, pues hubo agrupaciones que salieron a los alrededores del Mercado disolviéndose a la llegada de las fuerzas de orden público. Sin embargo nos llama la atención, lo que podría ser un dato de la incidencia de la pandemia en las agrupaciones de aquel año. De las veinticuatro del año anterior, se vieron reducidas a quince. Fuera por este motivo, o por otros, lo que no se puede cuestionar es que, de alguna manera, la gripe de 1918 llegó a marcar a varias agrupaciones carnavalescas. El histórico coplero Manolo León de Juan escribió, bajo la dirección de Juan Viruel, la comparsa Los Fumigadores, que probablemente satirizaba la medida sanitaria de la fumigación a los viajeros, practicada durante la epidemia. Entre sus coplas se encontraba el siguiente tango con su trabalengua en la introducción:


Churri panoli la chapi juncal

fumigue la Sanidad

la tripe perdite viruela y la gripe,

y el encaja para allá

cualquiera te quita la gripe

el Manchego en un coche te lleva para allá

huele el desinfectante

y nosotros deseguida echamos Zotal.


Con tantas calamidades

yo no sé que pasará

que hoy se mueren como chinches

con esta terrible enfermedad

esta dañina gripe

según dice aquel que le da

que se le pone a uno todo el cuerpo

como una caballa en caldo "empaná"

muchos dicen que con el blanco

y en bebiendo no da la gripe

hay quien tenga en la barriga

de vino un alambique.

Como sigan desinfectando

este año muchos tendrán

el pescuezo como una caña

y hasta las tripas llenas de Zotal.1

Portada de la comparsa Los Fumigadores de Manolo León. Colección privada de Francisco Javier Camacho Ortega. 


Epílogo

Antes, durante y después de la celebración de aquel Domingo de Piñata la tercera ola de gripe continuó su avance. De hecho no se llegó a controlar hasta el mes de abril. Cádiz contaba por aquel entonces en torno a unos setenta mil habitantes. Las cifras finales de la pandemia en la ciudad arrojaron la cifra de algo más de trescientos vecinos fallecidos. La gripe se dio por controlada oficialmente en la provincia el 14 de junio. No obstante, no se olvidaría tan pronto. Para el Carnaval de 1920 -donde el número de agrupaciones no remontó, descendió a catorce-, se pudo ver por las calles un romancero titulado El médico Manganelli y el fumigador rabioso.



1 León [de Juan], Manuel. Los fumigadores, Cádiz, 1919. Colección privada de Francisco Javier Camacho Ortega.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Firma de libros

 


Aprovecho este última entrada del año para desearos a la buena gente que pasa por este blog mis mejores deseos en el próximo año 2021. Y de paso anunciar que el lunes 4 de enero estaré firmando ejemplares del libro de Coplas... en la Librería Manuel de Falla en la Plaza de Mina. En Cádiz.

viernes, 18 de diciembre de 2020

Joaquín Pazos Canto, último alcalde pedáneo republicano de San José del Valle

Se ha inaugurado esta mañana en Alcalá de los Gazules la nueva web de Memoria Histórica de la Mancomunidad de La Janda. La evolución de los estudios en dicha comarca ha sido un tanto desigual. Mientras municipios como Conil de la Frontera tiene su investigación histórica realizada por la historiadora Magdalena González en otros, como San José del Valle, está todo por hacer. Por eso motivo, y por otros que explico más adelante, he publicado un primer acercamiento biográfico de Joaquín Pazos, campesino, afiliado a Izquierda Republicana, y alcalde pedáneo del Valle durante la Segunda República. Os dejo el enlace al texto en la web:

- Moreno Tello, Santiago. San José del Valle, una historia con muchas lagunas.

También os dejo el texto enriquecido con las notas y la bibliografía por si queréis ampliar la lectura. Ni que decir tiene que este artículo está dedicado a un buen amigo, José María Fernández Pazos, más conocido como Requena, así como a las familias vallenses que sufrieron persecución, muerte o algún tipo de represión a raíz del golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

Retrato de Joaquín Pazos, cedida por su nieto José María Fernández.


Primeros pasos para una construcción de la Memoria Histórica de San José del Valle. Joaquín Pazos Canto, el alcalde1

Santiago Moreno Tello
Doctor en Historia Contemporánea
Grupo de Investigación Esteban Boutelou, Universidad de Cádiz

San José del Valle, una historia con muchas lagunas.

Fundada en la segunda mitad del siglo XIX por una familia ganadera jerezana San José del Valle, desde muy tempranas fechas, tuvo una fuerte vinculación a la tierra y por extensión a los movimientos campesinos. En los primeros compases de su historia como barriada de Jerez, encontramos a vallenses enjuiciados con motivo de La Mano Negra. De esta manera, prácticamente toda la historia del lugar en el primer tercio del siglo XX estará marcado por los hechos que irán sucediendo en la ciudad matríz. Al igual que en Jerez, el sindicato mayoritario era el anarcosindicalista: la CNT. Y mientras tanto, en el apartado político, El Valle era gobernado a nivel local por un delegado de alcaldía elegido desde el ayuntamiento jerezano.

Sin embargo, como ha ocurrido con otros muchos municipios de creación reciente en la provincia de Cádiz, la Historia Contemporánea de la localidad, adolece de una mínima bibliografía. La memoria colectiva del Valle no se apuntala sobre estudios o publicaciones que la hagan reconocerse en su pasado. Los trabajos que existen son muy parciales cuando no han tenido una mala distribución, dificultando la labor de divulgación de los mismos. Sin la intención de ser exhaustivos citaremos algunos libros que hasta ahora conforman esa enjuta bibliografía. No se puede negar la importancia de los Hermanos Salesianos y su presencia en el Valle por lo que una de las primeras obras escritas cuenta precisamente esa historia. Hacemos referencia al trabajo de mediados de los años ochenta de los sacerdotes Jesús González Luis y Juan Manuel Espinosa2. No obstante, como es fácil de comprender, es de una lectura sesgada e incompleta para nuestra finalidad.

Quizás el trabajo más completo hasta la fecha lleva la autoría de Juan Diego Pérez Cebada. Editado por la Diputación de Cádiz3 vio la luz a finales de los años noventa y afirmamos, hasta ahora, da la visión más íntegra sobre la historia del municipio gaditano, sin bien, adolece de una incursión más profunda en el apartado del Golpe de Estado de julio de 1936, así como la represión que se desencadenaría con la imposición militar sublevada y el posterior estallido de la Guerra Civil.

Finalmente encontramos un trabajo que se puede incluir dentro del apartado de memorias y recuerdos, es decir, una obra que se aleja en sus objetivos realizar una historia del Valle, más bien dejar constancia de una visión particular de una historia de vida. Siempre interesante, este tipo de trabajos deben ser tomados como bibliografía complementaria, no obstante debe ser tenido en cuenta. Nos referimos a la obra de José Tenorio publicado hace una década4. Antes de dar paso al contenido del artículo nos gustaría destacar una pequeña publicación más que, hasta hoy, nos ha sido imposible su consulta. Manuel Moreno Bermejo, que ya publicó en 2008 una guía para el investigador en San José del Valle5, posee un pequeño estudio titulado Los inicios de la represión franquista en San José del Valle, 1936, del cual no hemos encontrado ejemplar en los distintos centros de documentación y bibliotecas consultadas6.

De Ubrique al Valle7.

Nuestro protagonista procedía de la localidad serrana de Ubrique donde había nacido en 1882. Allí se casó con Isabel Benítez Canto de cuya unión nacieron cuatro retoños: Antonio, Isabel, María y Joaquín, el benjamín. En torno a 1926 llegarían al Valle para poder trabajar la tierra. Según recuerdos familiares en terrenos pertenecientes a la finca La Peruela cuyo dueño había sido el Conde de Morphy8. Para entender la situación del Valle en los momentos de la llegada de la familia Pazos Benítez hay que visualizar una barriada rural de la comarca de Jerez de la Frontera que a su vez colindaba con otros términos municipales como Arcos de la Frontera, Algar o Paterna de Rivera. La extrema pobreza de la mayoría de sus habitantes -campesinos sin tierra que se debían a la estacionalidad de la siembra y recogida de los campos-, contrastaba con los altos niveles de vida de una minoría que poseía el gran porcentaje de las riquezas. Joaquín Pazos, posiblemente, no pertenecía -al menos en primer término-, a los primeros, pues tuvo la capacidad de ser arrendatario de pequeños trozos de tierra incluso formar una pequeña cuadrilla de hombres entre los que se encontraban José Crespín Gómez, Antonio Lobato (a) el Quince o su propio hijo Antonio. De una manera u otra, la llegada de Joaquín Pazos y su familia al Valle correspondía a la necesidad de trabajo y la oportunidad que se presentaba en estas colonias creadas a raíz de parcelaciones privadas9. Por contra, lo normal en la población rural jerezana era que las familias de jornaleros eventuales vivieran en gañanías, “edificaciones de una única pieza escasamente aireada e iluminada en la que los jornaleros dormían, comían y se refugiaban del mal tiempo”10.

Mientras nuestro protagonista se instalaba, se iniciaba la crisis de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Sin bien, en los primeros compases de la misma, las obras de canalización desde el pantano de Guadalcacín -obra estrella comenzada tiempo atrás y que venía a paliar la crisis de la filoxera y del cereal-, tuvieron un importante revés pues pronto se contemplaron como insuficientes. Las críticas al Régimen apoyado por el rey Alfonso XIII crecieron e incluso, gracias a la prensa, nos han llegado algunas de las emitidas desde San José del Valle:

Chorrea sangre lo que ocurre en San José del Valle, tanto más 
porque los abusos, los atropellos, las detenciones, todo lo 
malo que ocurre, ocurre precisamente porque los llamados a 
evitarlo son los que toleran, es más los que inducen a que 
ocurra (11).

No era para menos. Según Pérez Cebada las comunicaciones entre el Valle y las localidades más cercanas seguían siendo las mismas desde siglos atrás. Por lo que, por ejemplo, las inclemencias del tiempo impedían la mínima comunicación, con lo que esto suponía para el traslado de personas pero también para llegada de alimentos, medicinas, etc12. El movimiento obrero comenzó a reorganizarse y en este ambiente de crisis generalizada encontramos la noticia de que a inicios de julio de 1930 la finca La Peruela ardió por completo. Según el rotativo las pérdidas fueron cuantiosas, aunque no hubo que lamentar desgracias personales13. Cabe preguntarse, ¿estamos ante un intento de presión de los jornaleros contra los grandes terratenientes, en este caso los descendientes del Conde de Morphy? O por contra, ¿fue un acto premeditado por la oligarquía contra una supuesta ocupación de tierras por parte de jornaleros en paro? De momento no estamos en condiciones de aportar más que algunas hipótesis, lo que sí está más claro es que desde tempranas fechas Joaquín Pazos formaría parte de los colectivos críticos con la caduca monarquía. ¿Por qué afirmamos esto? Lo veremos a continuación.

El alcalde pedáneo republicano.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 intentaron, dentro del régimen de Alfonso XIII, dar marcha atrás a la dictadura y volver al sistema turnista de partidos. Sin embargo es bien sabido que la victoria en las principales ciudades españolas de las candidaturas republicanas dieron al traste con dicho plan y, dos días después, el rey marchó al exilio y se proclamó la Segunda República. Nadie, ni siquiera la oligarquía que lo había apoyado contra viento y marea, fue capaz o quiso dar su respaldo al Borbón. No obstante la llegada de la República al Valle no fue inmediata.

Los resultados de aquellas elecciones municipales repartieron los 38 concejales del ayuntamiento de Jerez entre antiguos monárquicos y republicanos a partes iguales: 19 para cada uno14. A pesar de estos resultados las denuncias por pucherazos no se hicieron esperar por parte de los republicanos que reclamaban al menos cuatro concejales de los puestos monárquicos que correspondían a El Mimbral y San José del Valle. Se escudaban en la presión caciquil sobre los votantes rurales, presión mucho más fácil de ejercer en dichos medios que en la urbe jerezana15. Algo de esto debió ocurrir pues el alcalde pedáneo de la monarquía Juan Trujillo se negó a entregar su acta. O al menos no lo hizo hasta que ya no tuvo más remedio. Nos referimos a las elecciones constituyentes celebradas en junio de 1931 donde, sin la presión caciquil y las candidaturas de las derechas desorientadas, hubo una aplastante victoria de las izquierdas representados en la coalición republicano-socialista16. Será entonces cuando la alcaldía será entregada a Joaquín Pazos Canto. Este dato nos indica que sus inquietudes políticas vendrían de antes.

No tuvo que ser fácil el papel jugado como alcalde pedáneo. Desde tiempo atrás El Valle no contaba con partidas presupuestarias propias. Cada vez que se necesitaba alguna cantidad puntual se tenía que gestionar en el pleno municipal de Jerez. Durante los primeros compases de la República las preocupaciones de los nuevos gobernantes giraron en torno a la llegada de la luz eléctrica, el teléfono, el arreglo del cementerio o el adecentamiento del cuartel de la guardia civil. Las políticas laicas no tardaron en aparecer, más en una localidad donde los Hermanos Salesianos poseían tanta influencia y poder. Si ya, en el mes de mayo de 1931 se dieron algunos episodios anticlericales17, conforme avanzó el año las quejas sobre los privilegios de los religiosos fueron en aumento. Se les acusaba de utilizar sin derecho la escuela y locales anexos a la Iglesia. La sociedad española cambiaba rapidamente y la población de San José del Valle no iba a ser distinta: la participación de la misma en las fiestas religiosas iba siendo cada vez menor y la influencia de los salesianos decayó.

Regresando a la vida personal de nuestro personaje, y según recuerdos familiares, en estos años de inicios de la República construyeron una casa que él mismo hizo pasando el puente de La Parada, camino de Algar, en el lugar conocido como El Retiro. Fueron años de duro trabajo pero también de cierta prosperidad para la familia pues pudieron abrir incluso una pequeña tienda donde vendían todo tipo de alimentos: aceite, vinos, cereales, etc.

No obstante, si hay un asunto candente donde se centró la vida del Valle en estos años fue en el tema de la tierra y la Reforma Agraria. Ya hemos vislumbrado los posibles problemas entre terratenientes y arrendatarios con el incendio de la finca de La Peruela. Veremos ahora, brevemente, la evolución de dichas políticas republicanas. Desde el gobierno de la nación se intentó paliar un problema secular que atenuaba especialmente a una provincia como la de Cádiz. En resumidas cuentas, gran cantidad de tierra fértil y rica en manos de unos pocos, frente una gran masa de población sin posibilidad de trabajarlas, con el ápice de la pérdida de las llamadas tierras del común a lo largo de las últimas décadas. A finales de 1932 se aprobaba la Ley de Reforma Agraria que intentaría paliar esta situación a través de la creación de los Jurados Mixtos -que mediarían entre propietarios y jornaleros-, la obligación al laboreo forzoso en tierras sin cultivar, la obligación de contratar primero a los trabajadores del término municipal, la jornada laboral de ochos horas y la prohibición de desahuciar a los arrendatarios que trabajasen la tierra. En este último punto nos gustaría detenernos pues, entre los recuerdos familiares ha quedado uno que brilla en la expresión de nuestro interlocutor de forma especial, dice así: “Era muy trabajador, con varios terrenos arrendados, incluso le ganó un pleito al Conde Morphy.

¿A qué se refiere dicha afirmación? ¿Hubo realmente un juicio entre los descendientes de Morphy y Joaquín Pazos Canto? No lo podemos concretar a día de hoy, lo que sí es cierto es el avance de la Ley de Reforma Agraria sobre todo a partir del fracaso del intento de Golpe de Estado del General Sanjurjo en agosto de 1932 con la decidida aplicación de la misma sobre los grandes propietarios sospechosos en participar en el mismo. Y aunque no podemos confirmar esta última apreciación respecto al terrateniente Morphy, no deja de ser real que la finca La Peruela fue incluida, entre otras fincas jerezanas18, en el decreto de intensificación de cultivos con el que se pretendió paliar el paro campesino a inicios de 1933. El avance de dichas políticas se reafirmó en agosto de ese mismo año cuando el gobierno acordó la aprobación de unos créditos para adelantos reintegrables que iban destinados a colectividades de campesinos. Para San José del Valle correspondió 61.607 pesetas19.

Hacia el Golpe de Estado.

Joaquín Pazos no desempeñó su papel de alcalde pedáneo durante toda la República. Debió ser destituido, como ocurrió en la mayoría de los gobiernos municipales, a raíz de la Revolución de Asturias a finales de 1934. Este dato viene respaldado por dos cuestiones. Por un lado la afirmación que indica que el alcalde pedáneo que inauguró el suministro y llegada del agua fue José Moscoso Quirós20. Agua que, por cierto, venía a desembocar en tres fuentes: una frente al Molino, otra frente al Cuartel y la tercera frente “a lo de Rubio”. Por otro, los recuerdos familiares así como documentos que lo vuelven a situar en dicho cargo en 1936. Las terceras elecciones gubernamentales se celebraron en febrero de dicho año y dieron la victoria a la coalición de izquierdas aglutinadas en el Frente Popular. Para el extenso término de Jerez de la Frontera dicha victoria fue clara, obteniendo la coalición progresista un 58% de los votos frente al 42% del llamado Frente Antirrevolucionario21. Lo recuerdos familiares, llegados este momento, también nos facilitan la filiación política de Pazos Canto: “mi abuelo siempre hablaba de Manuel Azaña, mi abuelo era de Izquierda Republicana”. No es de extrañar pues, dentro del Frente Popular, era el partido mayoritario de la provincia y el que más alcaldes obtuvo tras la devolución a la alcaldías por parte del Gobernador Civil22.

La primavera pues, de 1936, para la política municipal vallense se presentó con muchas novedades. Sabemos de algunas manifestaciones celebradas aunque, según la prensa, de manera pacífica23. Dicha versión difiere un tanto de la que nos ofrecen los Salesianos que indican que las manifestaciones comenzaban en El Retiro y que finalizaron atentando contra la parroquia y la Cruz del Monte. No obstante, ellos mismos indican que “sin demasiado éxito, ya que solamente se ocasionan algunos destrozos en la estatua de San José que preside la fachada de la iglesia y se cuentan algunos vidrios rotos”24. De lo que no hay lugar a dudas es de las malas relaciones entre el representante de la curia, José Camps y el gobierno municipal25. Debido a las mismas Camps, finalmente, fue sustituido por alguien que más tarde tendrá un peso específico en el destino de nuestro personaje: Ernesto Olivares Figueroa26.

Respecto a la cuestión agraria la Reforma comenzada con el gobierno republicano-socialista tomó un nuevo impulso, aunque también es cierto que durante el gobierno de derechas no se abandonó27. De esta manera, en el mes de mayo se anunciaron sesenta asentamientos más para San José del Valle28.

Represión, huida y encarcelamiento.

Parece ser que con las noticias del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 hubo algún conato de defensa el cual debió ser sofocado pronto al caer Jerez en manos golpistas en los primeros momentos. Poco o nada sabemos de los momentos vividos por Pazos Canto y su familia. De lo que sí tenemos constancia es del tremendo giro que dio su vida y la de los suyos a partir de entonces. Nuestro informante tiene grabado a fuego en sus recuerdos la fecha del asalto a la tienda de su abuelo por un grupo de falangistas llegados de Medina Sidonia: 27 de julio de 1936. Parece ser que nuestro personaje fue testigo del hecho: “regresaba del campo pero le advirtieron que se fuera, que huyera, así que pudo meterse entre los trigales y marcharse”. La oralidad también nos habla de cómo Isabel suplicaba que no hicieran más destrozos en la tienda y lo peor de todo: ese mismo día los sublevados se llevaron, junto con otros jóvenes del Valle, al hijo mayor, Antonio.

Se podría decir que, a partir de ese instante, la vida de Joaquín Pazos tomó tintes casi novelescos a no ser por la desgracia que entrañaron. Como otros muchos vecinos se vio obligado a huir hacia La Sauceda que había quedado en manos de la República. En este tiempo se comunicaba con su esposa a través de Antonio Lobato que, de alguna manera, iba y venía llevando comunicados y cartas. Cuando a finales de septiembre el poblado de La Sauceda fue bombardeado y destruido por los golpistas, Joaquín pasó a Málaga para posteriormente continuar hasta Almería -desconocemos el hecho de si vivió la llamada Desbandá-, y finalmente recalar en Valencia donde quedó hasta el final de la contienda.

Pero, ¿qué ocurr mientras con su familia y su hijo mayor que estaba detenido? La familia Pazos Canto fue expulados de las tierras donde vivían y trabajaban. Lo perdieron todo, logrando refugiarse en un pequeño huerto en la zona del Pilar con un cuarto donde se vieron obligados a malvivir. Sin embargo la peor parte le tocó al hijo mayor: Antonio Pazos Benítez. Se conserva parte de la correspondencia que mantuvo con su madre desde el día siguiente de su detención hasta poco antes de su asesinato y desaparición. Como toda epístola de alguien retenido bajo su voluntad, son dignas de un amplio análisis: nos descubre datos como quienes son sus compañeros de celda; los diferentes sentimientos que transmite u oculta a su madre; cómo en un acto de defensa nunca nombra a su padre; o las distintas ordenes que va dando para que no se pierda la cosecha. La correspondencia finaliza en el 10 de agosto. Dice así:

Querida madre,
deseo que al ser ésta en su poder disfrutéis todos de buena salud que es lo que yo deseo. Yo quedo bueno hasta la presente.
Mamá esta mañana he recibido la ropa y ahí le mando a Usted la sucia. También he recibido una esquela en la ropa.
[…] Sin más que decirle por hoy. Recuerdos para todos y para todos los conocidos y conocidas. Y usted recibe el cariño de su hijo que le desea y lo es, Antonio Pazos.

Nunca más volvieron a tener noticias de Antonio. Tras este misiva, la más breve de las cuatro que mantuvo con su madre, se le perdió el rastro. Fue a través de la familia de otro de los presos: Domingo (a) el Sastre, vecino de Alcalá de los Gazules. A día de hoy se desconoce el paradero de su cuerpo29.

El regreso al Valle.

Los recuerdos familiares fechan el regreso de Joaquín a la provincia de Cádiz en 1940. Pudiera ser algo antes, al finalizar la guerra en 1939. De momento no hay documentación que lo asegure a ciencia cierta. Lo que sí podemos confirmar son los recuerdos que hablan del primer lugar que visitó a su llegada al cercano municipio de Algar: la vivienda de Juan Díaz, persona de derechas, amiga de nuestro personaje. Allí quedó un par de días hasta que continuó para El Valle. En la zona de El Tempul fue recogido por Juan Gutiérrez que se dedicaba en su camión a hacer portes de carbón. Fue llevado directamente al cuartel de la Guardia Civil, sin embargo, la oralidad especifica que el sargento -del que desconocemos su nombre-, permitió que visitara a su mujer e hijos y se entregara al día siguiente. Tras su detención fue trasladado a Jerez donde la justicia militar franquista lo enjuició. A día de hoy no hemos encontrado la documentación al respecto, pero muy posiblemente aparezca en próximas fechas. Isabel Benítez debió pedir avales pues los recuerdos familiares nos hablan como los sacerdotes Ernesto Olivares y Felicísimo Aparicio Picado30 testificaron a su favor. La familia defiende que Joaquín Pazos “impidió la quema de la iglesia y el convento de los Salesianos a raíz del golpe del 18 de julio, que él era de izquierdas pero que respetaba a los santos”. La condena a cumplir no debió ser extensa pues los recuerdos familiares dicen que estuvo presos siete meses.

A su regreso al Valle Pazos Canto pudo hacerse con un burrito con el cual iba por los campos vendiendo vino. Junto con esta labor pudieron sobrevivir porque su hija María era muy buena costurera por lo que mucha gente de los campos acudían a ella para que les arreglara la ropa: “En el Valle no había ni sastre”, rememora nuestro informante. Joaquín Pazos Canto falleció en 1965.

Conclusión.

El acercamiento a la vida de Joaquín Pazos Canto nos permite vislumbrar que el discurrir de los años republicanos en San José del Valle es la historia de una población que intentó, por diferentes medios, llevar a cabo mejoras en su nefasta calidad de vida, así como un mejoramiento de la propia localidad la cual adolecía de las más mínimas infraestructuras. El atraso secular del Valle fue una acicate para que ciudadanos como Joaquín apostaran por implantar medidas políticas a su alcance, siendo el proyecto estrella el intento de implantación de la Reforma Agraria comenzada en 1933 y que tuvo su realce en la primavera de 1936.

Todo esto fue al traste cuando la población, a finales de julio, cayó en manos de los partidarios de la sublevación militar fascista. Partidarios de Falange Española se hicieron con el control de la situación y se instaló una prisión en la actual plaza Magone. Muy pronto dio comienzo la Guerra Civil y la represión de retaguardia que tuvo en los fusilamientos su cara más cruel. Entre ellos el del propio hijo de Joaquín. Sin embargo El Valle también tiene algunos lugares que hoy siguen siendo referencias de violencia y masacre: las tapias del cementerio viejo o los alrededores de la venta San Miguel. Las cifras de asesinados y desaparecidos están en torno a los 80. Pero no quedó ahí la injusta represión. A día de hoy se tienen más de 30 vallenses contabilizados que fueron hechos presos y enjuiciados por la Justicia Militar franquista solo en 1937. Las condenas oscilaron entre los seis y los treinta años de prisión, así como la pena máxima: la muerte.

San José del Valle tiene una deuda con su Memoria. Con la de tantas víctimas inocentes como la familia Pazos Benítez, los cuales solo querían una vida mejor, con derechos, justicia e igualdad de oportunidades. San José del Valle no debe permitirse, ni un instante más, dejar de descubrir su pasado; solo así se cierran las heridas, solo así se puede mirar al futuro.

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1 El origen de este texto se encuentra diez años atrás. La Diputación Provincial de Cádiz aprobó, desde su Servicio de Memoria Histórica, un proyecto editorial para homenajear a los últimos alcaldes republicanos de la provincia. La obra vio la luz con el aldabonazo definitivo de la Junta de Andalucía en 2011 bajo el título La destrucción de la democracia: vida y muerte de los alcaldes del Frente Popular en la provincia de Cádiz. Se conformaba de dos volúmenes, participaron una treintena de historiadores y cada capítulo estaba dedicado a un municipio. Aldeas y barriadas de entonces, como Barbate -dependiente de Vejer de la Frontera hasta 1938-, y Casas Viejas -dependiente de Medina Sidonia hasta 1991-, se lograron incluir. No obstante me quedó, como se suele decir, una espinita clavada: San José del Valle. Aunque se hicieron los trámites para la realización de su capítulo la persona encargada finalmente no llegó a entregarlo. La reciente emancipación de Jerez de la Frontera (1995) o una falta de bibliografía básica para época contemporánea fueron algunas de las explicaciones que se dieron. Pasado el tiempo un nuevo proyecto de la Diputación Provincial me llevó hasta el municipio vallense: el Aulta Itinerante de Memoria Histórica. Fue entonces cuando me reencontré con Juan García Gutiérrez -que había sido alcalde años atrás de la localidad-, y que durante años ha aglutinado información sobre la represión franquista pero que, hasta donde sabemos, no ha sido publicada. Él me presentó a José María Fernández Pazos, más conocido como Requena, nieto del último alcalde pedáneo de San José del Valle durante la Segunda República. Este texto que pretende ser un primer paso para desarrollar un trabajo de mayor calado sobre la Memoria vallense, está basado en sus recuerdos y algunos escritos familiares. Sería injusto no mencionar a otras personas que apoyaron la realización del Aula Itinerante en dicho municipio como fueron Vanesa Pérez Macías, concejala de Cultura, Isabel María Nodal García, personal del ayuntamiento, así como al propio alcalde Antonio González Carretero. Así como a la bibliotecaria municipal Pepi Piñero Rosado que tan bien me atendió ante mi solicitud de préstamos de libros.

2 San José del Valle. 75 años de presencia salesiana (1909-1984). Publicaciones de la Comisión de Estudios Históricos Salesianos (CEHIS). Cádiz, 1984.

3 San José del Valle: de desierto a colonia agrícola. Diputación de Cádiz. Cadiz, 1998.

4 Algo de historia de mi pueblo San José del Valle. Ed. Autor. Cádiz, 2010.

5 Primera guía histórico-didáctica para San José del Valle. Ayuntamiento de San José del Valle. Cádiz, 2008.

6 No aparece en la base de datos de la web de las biblioteca públicas de la Junta de Andalucía. Consta de 32 páginas y fue editado por el propio Ayuntamiento de San José del Valle. Hemos encontrado su descripción en www.todostuslibros.com

7 Los datos que se arrojan en el siguiente texto provienen de la entrevista a José María Fernández Pazos (a) Requena en su domicilio de la C/ Cristobal Colón nº4 de San José del Valle, el 3 de abril de 2019. Cuando no sea así, se indicará la procedencia mediante nota al pie.

8 Para más información sobre el primer Conde en García Álvarez de la Villa, Beatriz. Vida, pensamiento y obra de Guillermo Morphy, el Conde de Morphy (1836-1899): su contribución a la música española en el siglo XIX. Tesis doctoral. Universidad de Oviedo, 2019.

9 En el mismo ámbito, junto a al actual San José del Valle estarían La Berlanguilla, La Esperanza, La Florida o La Parrilla. En Gutiérrez Molina, José Luis y Oslé Muñoz, Julián. Colonos y colonizaciones en la provincia de Cádiz. Los pueblos de Jerez. Fundación Provincial de Cultura, Diputación de Cádiz. Cádiz, 2005. Pág. 16.

10 Ibidem. Pág. 17.

11 Ŕafaga, Diciembre de 1930, Jerez. Citado por Pérez Cebada, J. D. Op. Cit. Pág. 214.

12 Pérez Cebada, J. D. Op. Cit. Pág. 210.

13 La Vanguardia, 3 de junio de 1930, pág. 26.

14 Caro Cancela, Diego. La Segunda República en Cádiz. Elecciones y partidos políticos. Diputación de Cádiz. Cádiz, 1987. Pág. 72.

15 Pérez Cebada, J. D. Op. Cit. Pág. 215.

16 A groso modo el 80% de lo votos emitidos en el término de Jerez fueron para la candidatura republicano-socialista, frente al 20% de la coalición de derechas. En Caro Cancela, D. Op. Cit. Pág. 111.

17 Pérez Cebada, J. D. Op. Cit. Pág. 218.

18 Gutiérrez Molina, José Luis y Oslé Muñoz, Julián. Op. Cit. Pág. 21.

19 ABC, 10 de agosto de 1933, pág. 25.

20 González Luis, J. y Espinosa, J. M. Op. cit. Pág. 74.

21 Caro Cancela, D. Op. Cit. Pág. 264.

22 Moreno Tello, Santiago. “Estudio preliminar”. En Moreno Tello, S. (Ed.). La destrucción de la democracia: Vida y muerte de los alcaldes del Frente Popular en la provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Volumen I. Sevilla, 2012.

23 O eso, al menos, se deja entrever cuando según el rotativo lo más digno de destacar es la caída de un joven del camión que lo transportaba hacia Jerez tras la finalización de la misma. En ABC, 10 de marzo de 1936, pág. 33.

24 González Luis, J. y Espinosa, J. M. Op. cit. Pág. 75.

25 Pérez Cebada, J. D. Op. Cit. Pág. 220.

26 Puerto Real (Cádiz), 1903 – San José del Valle (Cádiz), 1989. Desarrolló su labor como sacerdote en Arcos de la Frontera, Sevilla, Montilla y San José del Valle. En Necrologio. Salesianos que nos precedieron. Salesianos. 2020. Paǵ. 158.

27 Gutiérrez Molina, José Luis y Oslé Muñoz, Julián. Op. Cit. Pág. 22.

28 ABC, 5 de mayo de 1936, pág. 19; La Vanguardia, 5 de mayo de 1936, pág. 25.

29 La versión familiar apoyada por las referencias orales y manuscritas está respaldada por las investigaciones, en primer lugar, de la Asociación Jerez Recuerda; y en segundo término por los trabajos de José García y Cristobal Orellana en el cual, además, indicaron que el asesinato de Antonio Pazos fue inscrita en el Registro Civil de Jerez de la Frontera el 3 de septiembre de 1942. Más información en Asociación Jerez Recuerda, “Las cifras de la represión militar en Jerez tras el golpe de estado militar de 1936. Una aproximación” en Revista de Historia de Jerez, nº13, Centro de Estudios Históricos de Jerez. Jerez, 2007; García Cabrera, José y Orellana González, Cristobal, “La represión franquista en Jerez de la Frontera: censo de víctimas y fuentes documentales para su identificación” en García Cabrera, J. Y Orellana González, Cristobal (Coords.), Memoria História y represión franquista en la provincia de Cádiz. Diputación de Cádiz. Sevilla, 2011.

30 El Cubo de Don Sancho (Salamanca), 1913 – Sevilla, 1995. Desarrolló su sacerdocio en Alcalá de Guadaíra, Utrera, Montilla, San José del Valle, Algeciras, Puerto Real, Cádiz, Sevilla y Mérida. En Necrologio… Pág. 145.