El compañero, y a pesar de todo amigo, Rubén Benítez Aragón disertará una conferencia en el Espacio Fernando Quiñones -Puerta de la Caleta-, titulada 'La represión en el arte flamenco gaditano'. El doctor Benítez hará un repaso sobre los cantes y artistas flamencos que fueron reivindicativos y estuvieron a favor de la libertad, así como algunos de ellos tuvieron que, a partir de la sublevación franquista, marchar al exilio o encontraron la muerte.
La cita el próximo martes 27 a las 19´00 h. La entrada es gratuita hasta completar aforo.
La
importancia de las Memorias: `La infancia´ (1).
Mercedes Formica, 1913-2002.
Me
encantan las memorias. Y no solo por su utilidad como fuente historiográfica.
Las hay realmente bien escritas, entrañables, y siempre que se lean con ojo
crítico capaz de vislumbrar datos desproporcionados u erróneos, tendencias
ideológicas o religiosas, etc. nos pueden ofrecer un lado de nuestra historia
que nunca fue, ni será, narrada por los documentos oficiales. Vida cotidiana en
estado puro capaz de dibujar escenas entrelazadas con la política, la economía,
la sociedad o la cultura de un momento (2). Entre los libros de mis estanterías
llevaba algún tiempo observando uno pequeño de sencilla cubierta titulado `La
infancia´. Su autora una vieja conocida de avatares historiográficos: Mercedes
Formica-Corssi (3). Hace años dicha figura no me atraía mucho, aunque siempre
advertí que fue una personalidad compleja: una niña de buena familia que
comenzó estudios universitarios con la llegada de la República, se afilió en
fechas tempranas a Falange Española y que después, en plena posguerra, se
enfrentaría, en cierto modo, con el dictador Franco en su intento de mejora de
las condiciones de la mujer, consiguiendo la reforma del Código Civil. Aunque
bien es cierto que los golpistas del 18 de julio de 1936, entre los que se
encontraba -ella fue `camisa vieja´-, fueron culpables directos de la pérdida
de los avances obtenidos en los años republicanos en el ámbito de género, no
hay duda de que Formica jugó un papel fundamental en la posterior -leve- apertura
del régimen franquista. Las vueltas que da la vida.
Portada de ´La infancia´ (1987).
Ojeé
`La infancia´ decidido a buscar alguna señal sobre el Carnaval en Cádiz. Al fin
y al cabo, Mercedes vivió en la ciudad desde su nacimiento en 1913 hasta que su
padre fue destinado a Sevilla en 1924. Y así fue. En determinados momentos, no
muchos, Mercedes, en su evocación de la niñez da unas ligeras pinceladas de la
fiesta popular. Tampoco de manera profusa. No hay que olvidar que pertenece a
una familia acomodada y que su relación con el Carnaval es casi casual. Dicho
de otra manera, la cultura popular en sus recuerdos no deja de ser parte del paisaje de
fondo. Aun así, tan importante era la celebración en Cádiz que, como decimos,
aparece en algún instante de su relato.
Uno
de los fragmentos que más me ha llamado la atención pertenece al capítulo
segundo. Nos habla del tango gaditano. Aquel que tiene su origen en la
mezcolanza de culturas que se cruzan en esta Bahía, y que llega a tener tanta
fama ya en el siglo XIX que, en cualquier momento del año, qué digo del año,
¡del día! se canta, se baila y jalea si la situación es propicia. Y es así como
surge la siguiente historia y el personaje al que dedicamos este texto, Jesús
Sáez apodado Rakú (4). Pongámonos en situación…
Entre las matas del suspiro nacía un
murmullo.
- ¿Qué pasa?
- Es Rakú, que está bailando el tango
gaditano.
- ¡Dios mío! Que cierren los balcones. Que
las niñas no vean bailar a Rakú.
Hotel Parador Atlántico. Se divisaba desde la casa de los Formica.
Nos
encontramos en los estertores de la calle Sacramento, intuyo en un primer
momento que en la manzana que hoy es el hospital San Rafael; o, pensándolo
mejor, pudiera ser incluso en el tramo que hoy conocemos como Benito Pérez
Galdós. Finalmente me inclino a pensar esto último porque por aquellas fechas
el Gran Teatro -después Gran Teatro Falla-, ya estaba construido y Mercedes apenas
comenta nada al respecto. Además, páginas atrás, Formica ha descrito dicha
finca con jardín desde el cual se divisa el Hotel Atlántico (5). Aunque el
fragmento es breve resulta fácil adivinar la fama del tango entre la población,
así como su lado más indecente representado por el baile. Al menos para los
ojos de la burguesía gaditana de aquellos años que al igual que décadas atrás,
sigue mostrándose asustadiza -a la par que un tanto hipócrita-, con los bailes
populares que para ellos representan el indecoro más absoluto (6). Queda claro
que hay que evitar a toda costa que las infantas vean aquello. No obstante,
antes de dar pie a la historia que nos va a atrapar, la autora nos presenta al
personaje principal de la misma:
Rakú era de mediana estatura, rubio y
extraordinariamente simpático. Se llamaba Jesús Sáez, pero en aquella época
nunca supimos su verdadero nombre. Todos le conocían por Rakú, Apodo (sic) que le había quedado después de un suceso
que los enterados narraban de esta manera.
En el centro y con corbata, el auténtico Ra-Kú.
- Vino a Cádiz un
indio de la India (7). Un luchador que desafió a los gaditanos.
Se llamaba Ra-Kú.
Este de la
fábrica, subió al ring y el indio le dio más golpes que a una estera. ¡Vamos!
¡Que lo <<eslomó>>!
Desde aquel día, le quedó el nombrecito.
¡Ya se sabe! ¡La guasa! Entraba en la taberna, o en una reunión y todos decían:
<<Aquí viene Rakú>>.
Tras
una breve explicación física y social, así como la curiosa ilustración del apodo de Jesús Saéz, la autora nos
dibuja, casi sin proponérselo, una capital de provincias donde los
deportes de contacto jugaban un
papel fundamental en la sociabilidad de aquellos años. La escritora regresa a
la explicación principal: la prohibición de los adultos, en este caso de su
madre, a que pudieran ver el baile del tango gaditano y cómo se ejecutaba:
Cuando Rakú bailaba el tango gaditano, se
recogía la chaqueta hasta mitad de la cintura, sacaba el trasero, y se movía
con gestos lúbricos, propios del baile popular. No contento, se acompañaba de
una cancioncilla que comenzaba de esta manera.
Ponme
la mano aquí Catalina mía,
Catalina
mía…
- ¡Qué cierren las
ventanas! Que está bailando Rakú.
Los otros empleados aprovechaban la
ausencia de mi padre para jalear. Jaleaban todos. Sin excepciones. Hasta el
mismo encargado.
- ¡Arsa y toma!¡Arsa
y dale!
…Catalina mía. Catalina
mía…
Sin
embargo, antes de entrar en las líneas del texto que más nos han interesado,
incluimos un fragmento más donde nos sigue ampliando datos sobre “Rakú”. Al
parecer no solo fue un operario de la fábrica, un aficionado a la lucha cuerpo a
cuerpo y al baile por tangos, sino que, además, se ganaba la vida arreglando
todo tipo de estropicios en las casas de las familias adineradas. Formica, una
vez más, describe afinadamente ya no solo el quehacer de nuestro protagonista,
sino también la relación que guardaba con su madre, Amalia Hezode, y como ésta
no escatimaba en ofrecer su mejor vino al operario, así como la fijación y
atracción que el personaje ejerce sobre ellas:
Rakú tenía otra faceta. Cuando se fundían
las luces, o no funcionaba un enchufe, entraba en el piso muy serio, con su
traje de algodón bien estirado, acompañado de su caja de herramientas.
Maniobraba en los hilos y la luz se hacía.
Parecía un milagro.
-Que le sirvan una
copa de vino a Rakú.
-¿De marca, señora?
-De marca.
Traían una botella de Agustín Blázquez y
Rakú bebía un vaso que consumía de un solo trago. Alzaba la cabeza y el vino se
deslizaba por su garganta. Una garganta tostada de piel clara.
La nuez de la garganta se movía.
Y de
pronto el relato se vuelve huidizo. Las ricas descripciones desaparecen para
entrar en un relato frío y cortante. Formica, sin avisar al lector, da un
salto en el tiempo de más de diez años:
Rakú murió. Durante la Guerra Civil.
- ¿Y no se puede
hacer nada por él? ¿No podemos salvarlo?
- Nada niña. Ya está
muerto. Fusilado.
-Pero, no podemos…
-Nada, niña. Ya
está enterrado.
¡Pobrecito Rakú! Con su traje de faena, su
buen humor, su valor indudable, y aquel tanguillo de letras imposible.
Ponme la mano aquí Catalina mía,
Catalina
mía…
Como
se suele decir nos deja con la miel en los labios. Formica, a continuación,
cambia drásticamente de tema y no indica nada más. Y esto que puede parecer
cuestión baladí, nos llama poderosamente la atención. Formica es una, de tantas
personas que, habiendo vivido el conflicto bélico dentro de los vencedores, si
bien podría explayarse, no lo hace. Y no solo no lo hace, sino que además
prefiere no ahondar en el suceso. Y eso que, según sus propias palabras,
estamos ante alguien de “valor indudable”. Vamos a profundizar algo más en el
tema. O al menos lo voy a intentar. Porque no se a ti, amable lector/a, pero sigo
pensando que la represión franquista en Cádiz se ha estudiado muy tarde y
todavía queda bastante por hacer.
La
labor de documentación
Del
personaje tenemos pocos datos: nombre, un solo apellido y el apodo. Con dicha
relación hemos consultado las bases de datos básicas cuando se pretende buscar
información sobre algún represaliado del franquismo en la ciudad de Cádiz. En
primer lugar, la de la historiadora Alicia Domínguez Pérez, así como el posterior
trabajo de José Luis Gutiérrez Molina, siendo ambas búsquedas infructuosas. Nos
decidimos entonces a profundizar un poco más y acceder a los archivos. Nada. No
nos han dado resultado los libros de registros de enterramientos del Cementerio
de Cádiz (8), ni la base de datos de El Penal del El Puerto de Santa María (9).
Al desconocer domicilio de nuestro personaje hemos seguido ampliando la
búsqueda hasta la cercana localidad de San Fernando, en la cual, semanas atrás
se ha presentado una nueva publicación de Miguel Ángel López Moreno sobre los
años de la República, golpe y posterior represión en dicha localidad. Tampoco ha
habido suerte. ¿Qué pudo ocurrir? ¿recordaría Mercedes Formica mal dicho
nombre? ¿Sería un dato erróneo provocado por el paso del tiempo? (10)
De
nuevo a las Memorias: `Visto y vivido´
La
vida de la autora a raíz del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 se conoce
bastante mejor. La sublevación militar sucede cuando vive con su familia en
Málaga. Como decíamos en una nota al principio, unos años antes ha comenzado
sus estudios universitarios y desde 1933 está afiliada a Falange. Málaga se va
a mantener fiel al gobierno republicano por lo que Formica no se encuentra muy
segura en la capital andaluza. Tiene unos 23 años. Por suerte entre las obras
que publicó décadas después se encuentra otro libro de memorias: Visto y vivido. En dicha publicación relata sus vivencias durante la República, golpe y
primeros compases de la guerra (11). ¿Hará mención al operario Rakú? Vamos a
comprobarlo.
Portada de ´Visto y vivido´ (1982).
Tras
una rápida ojeada a un ejemplar que se encuentra depositado en la biblioteca
municipal Celestino Mutis, vemos como la autora repite prácticamente la misma
descripción. Puede que `La infancia´ sea una ampliación del primer apartado
-el dedicado a su vida en Cádiz-, y que el germen esté en `Visto y vivido´. O,
¿por qué no? `La infancia´ fuera un manuscrito anterior y no viera la luz hasta
unos años después que las memorias completas. Fuera como fuese, Formica, en
esta ocasión, encuadra el baile del tango gaditano en los bautizos de entonces
y cómo, con ellos o sin ellos, cualquier momento era bueno entre la vecindad
gaditana para marcarse, si me permiten la expresión, “una pataita”.
No
obstante, en `Visto y vivido´, al llegar el discurrir bélico arrancado a
mediados de 1936, ¡oh, sorpersa!, la autora regresa a nombrar a nuestro
personaje. La obra está escrita décadas después de dicho acontecer histórico
por lo que lo hace con mesura, sin el acaloramiento de dicha situación. Pero
también no es menos cierto, que el contexto ha cambiado, e incluso la propia
Mercedes ha podido cambiar en su pensamiento. En una línea muy parecida a otros
coetáneos que en su madurez pusieron en negro sobre blanco sus vivencias,
intenta igualar a las víctimas de la represión de retaguardia en zona golpista,
así como las del lado del gobierno legal republicano. Nos habla de aquellas
madres que sufrieron el dolor que trae la pérdida de un hijo, vislumbrando
(¿justificando?) dos tipos: las de primera -madres de hijos/as asesinados por
la represión-, y las de segunda -madres de los ejecutores asesinos-. Formica
nos da una serie de nombres en recuerdo de esas madres de “primera” de ciudades
como Málaga, para la retaguardia republicana, así como Granada, Sevilla o
Cádiz, para la retaguardia sublevada. Y para Cádiz recuerda a Jesús Sáez, Rakú.
Planteamientos aparte que desarrolla la autora en su momento -y que son muy
significativos del tiempo en que se escribió la obra (12)-, por segunda vez lo
nombra, lo tiene presente. Pero habrá una nueva y, hasta donde sabemos, última
ocasión.
Nos
volvemos a poner en situación. Unas páginas más adelante, Mercedes y su familia
han conseguido huir de la Málaga republicana hasta llegar a la Sevilla de
Queipo de Llano. Su papel en la Falange -y más concretamente en la Sección
Femenina (13)-, es bien clara. Si es necesario visitará zona de trinchera como
ocurre en el asedio a Ronda por parte de las tropas sublevadas al mando de
Enrique Varela Iglesias:
“Las tropas nacionales tomaron al poco tiempo
la ciudad [Ronda], y la que había
sido delegada de la SF (sic) envió
recado […] para saber si Pilar
comprendía su situación. Con el propósito de darle la bienvenida, fui a
recogerla a las mismas trincheras, defendidas por la Bandera Zamacola, que
mandaba Stanislao Domecq.”
Y a
continuación un postrero dato sobre Rakú que, de forma involuntaria o no, puede
dar muchas claves sobre el final de nuestro personaje:
“De nuevo en Sevilla, el dolor de los amigos
muertos en el frente, los dramas de los más desamparados. El fusilamiento de
Rakú, cuando estábamos en Málaga…”
Vamos
concluyendo
Por
lo tanto, de ser cierta toda esta historia incluida de manera dispar en las
Memorias de Mercedes Formica llegamos a las siguientes conclusiones. El
asesinato de Jesús Sáez (a) Rakú sucedería entre la toma de la ciudad de Cádiz por
los fascistas y la huida de la familia de la autora de Málaga fechada el 24 de
septiembre. Es decir, nos encontramos en los primeros instantes de la Guerra
Civil que se ha iniciado con el fracaso del golpe de Estado del 18 de julio.
Desconocemos las circunstancias que rodearon el asesinato de Rakú pero es
bastante evidente que se sitúa en el llamado Terror caliente, dicho de otra
manera, entre la multitud de detenciones y simultaneas o posteriores
desapariciones incontroladas que sacudieron ciudades y pueblos de la
retaguardia sublevada. No debemos pasar por alto el detalle que indica que el
fusilamiento sucede cuando se encuentra todavía en Málaga. El dato nos habla
de, a pesar de las circunstancias de la guerra, la incomunicación, la censura
en la prensa, etc. llegaban, de alguna forma, noticias del otro lado del
frente. ¿Sería muy descabellado pensar que alguno de los huidos de Cádiz a
Málaga llevara la noticia hasta toparse con Formica? Al fin y al cabo, la
sierra norte gaditana, así como la propia provincia de Málaga se había
convertido en refugio para las personas que huían de los fascistas alzados en
armas en Cádiz. También creemos digno de destacar por parte de la autora la
capacidad de respuesta y/o acción, o el intento al menos, al tener conocimiento
de la desgracia: “¿Y no se puede hacer
nada por él? ¿No podemos salvarlo?”. En cierto modo, aunque en el relato primigenio
nos dibujó a una niña que preguntaba a sus mayores, la realidad era bien
distinta. Como señalamos en el verano-otoño de 1936 Formica contaba ya con 23
años, llevaba tres afiliada a Falange y, por qué no, desarrollaba alguna labor de
sabotaje en la Málaga leal a la República de donde, como vimos, se evadió a
Sevilla donde se encontró a salvo. Por lo tanto, si bien, los distintos
escritos apuntan admiración hacia el operario apodado Rakú, también es cierto
que se desprende pesar por la pérdida, así como incapacidad para resolver la
situación. ¿Hasta qué punto la interrogación “no podemos salvarlo” va dirigida
a sus mayores? ¿Quizás a sus superiores de rango falangista? ¿A altos mandos militares
sublevados o golpistas? (14). Temo que estas preguntas quedarán sin respuesta.
No obstante, me sigo cuestionando lo siguiente. De existir Jesús Sáez (a) Rakú,
¿dónde fue a parar su cuerpo?
Posible
hipótesis
Habiendo
consultado las distintas bases de datos de historiadores y entidades de la
bahía de Cádiz, así como libros del Cementerio de la ciudad, al cerrar aún más
el círculo de la fecha del asesinato -ya hemos comentado que debió ser anterior
a la huida de Formica de Málaga-, y conociendo el dato que nos indica que en el
Cementerio de San José de Cádiz se enterraron, aproximadamente unos ochenta
individuos asesinados sin identificar (de los cuales treinta y ocho lo hicieron entre el 22 de julio y el 20 de
septiembre), no nos parece desatinado pensar que el operario conocido
como Rakú fuera una de dichas personas. Tras encontrar la muerte en una ejecución
extrajudicial en uno de los siguientes parajes del término municipal de Cádiz
(playa de Puntales, alrededores de la plaza de Toros, foso de Puerta de Tierra
o Avenida Duque de Nájera), su cuerpo, finalmente pudo ser arrojado a la fosa
común de dicho cementerio. Fosas en las que, casualmente, en estos tiempos se
está trabajando para exhumar a dichas personas represaliadas y poderle dar
digna sepultura. Pudiera ser.
Mientras
tanto continuaremos nuestra labor. Rakú no es más que un grano de arena en una
inmensa playa. Y según las declaraciones de Mercedes Formica, trabajador
voluntarioso, ciudadano sociable, y por qué no, -nos gusta pensar que-
comprometido con las ideas de libertad y progreso. Maravillosas Memorias, ¿no
opinan los mismo? Volvamos a escuchar en su honor ese tango gaditano que con
tanto arte bailara y que tan bien nos describió Formica: “Catalina mía” el que
por cierto tanto se versionó, y se sigue versionado, en el flamenco.
* * *
(1) El profesor Manuel Ramos Ortega ya hizo un análisis de dicha obra dando buena muestra de cómo pueden servir de estudio este tipo de escritos. En este caso, por ejemplo, para el análisis de una clase social determinada: la burguesía. En Estudios de literatura española contemporánea. Universidad de Cádiz. Cádiz, 1991. Págs. 105-132.
(2) Según
algunos investigadores este tipo de documentos bien podría denominarse como
“autobiografía cultural”. En RUIZ FRANCO, R. “Pequeña historia de ayer: la
memoria histórica a través del testimonio de Mercedes Formica”. En Trocadero nº16, 2004, Universidad de
Cádiz. Pág. 20.
(3) Cádiz
(1913) - Málaga (2002). Hija del ingeniero José Formica y Amalia Hezode, disfrutó
de una infancia acomodada gracias a la posición de su padre. Poco después
marcharían a Sevilla donde comenzaría sus estudios universitarios, así como su
afiliación a Falange Española. Su vida quedó marcada por la separación de sus
padres. Tras la guerra civil continuó sus estudios siendo una de las pocas
mujeres que durante los años 50 ejerció la abogacía.
(4) En
el que creemos único análisis literario sobre`La infancia´ de Formica, Jesús Sáez “Rakú”
no atrajo el interés del autor. En el amplio apartado dedicado a la vida y
hábitos cotidianos, al tratar a la servidumbre y al proletariado se limita a
describirlo así: “…viejo y un tanto estrafalario sirviente…”. En RAMOS ORTEGA,
M. op. cit. Pág. 120.
(5) El
domicilio familiar de los Formica-Corsi Hezode era avenida Wilson nº82-actual Benito Pérez Galdós-,que
coincidía o colindaba con la fábrica de Gas de la Compañía Lebón de la cual
José Formica trabajaba con ingeniero. En ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL de CÁDIZ (a partir de ahora AHMC), Padrón de 1935, Libro 3.656.
Este dato también lo corrobora el profesor Miguel Soler Gallo en “Diez años sin
Mercedes Formica” en Diario de Cádiz,
30 de abril de 2012.
(6) No
deja de ser curioso como un par de siglos atrás los viajeros ingleses también
anotaban lo “indecente” de los bailes que la gente humilde de Cádiz exhibía en
plena calle. Ver el caso de Henry Swinburne y el manguindoy. En OSUNA GARCIA, J. Cádiz, cuna de dos cantes. Quorum.
Cádiz, 2002. Págs. 91 y 92.
(7) En
realidad, el original Ra-Kú no venía de la India sino de Japón. Había nacido en
1881 y todavía siendo adolescente ya practicaba el jiu-jitsu. Con el nacimiento
del nuevo siglo comienza a realizar distintas giras por España y Portugal,
habiendo pasado previamente por Inglaterra. En el verano de 1910 llegó a Cádiz
donde llevó a cabo su exhibición en el Teatro Principal. Allí se enfrentó al
entonces célebre Manuel Pichardo en tres minutos. Como venía siendo habitual en
días posteriores se repetiría la escena con voluntarios donde, se supone,
subiría nuestro personaje Jesús Sáez. “Ra-kú en Cádiz” en Diario de Cádiz, 22 de junio de 1910; también en CASTIÑEIRA, A. M. “Rakú, el pequeño japonés
invencible” en La Voz de Galicia, 11
de febrero de 2017.
(8) AHMC,
Libros de enterramientos de 1936 a 1939.
(9) Se
encuentra en el ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁDIZ.
(10) Los
historiadores más críticos con la utilización de dicha fuente posiblemente se
inclinen por esta cuestión. Y debemos de tenerla muy en cuenta. La mente, en
multitud de ocasiones juega malas pasadas. En el caso de Mercedes Formica
tenemos por ejemplo el dato que ella nos proporciona y que señala 1944 como el
arranque de su dirección en la revista Medina. Sin embargo, la información
interna de la SF, así como los propios números de la publicación lo desmienten
y señalan como 1941 año del inicio de dicho trabajo por parte de la falangista.
En BARRERA LÓPEZ, Begoña. La Sección
Femenina (1934-1977). Historia de una tutela emocional. Alianza Editorial.
Madrid, 2019. Pág. 119.
(11) En
palabras de la propia Mercedes: “nuestras
actividades políticas se limitaron a buscar refugio a los camaradas
perseguidos, a esconder o difundir propaganda, a visitar presos y familiares, a
estar presentes en las misas de los caídos”. En FORMICA, M. Visto y vivido, citamos por BARRERA, B. Op. Cit. Pág. 42.
(12)Mientras
La infancia se publicó en 1987, Visto y vivido lo hizo en 1982, por lo que,
presumiblemente ambas obras fueron escritas en el Tardofranquismo y en los
llamados años de la Transición.
(13)“A las [actividades] habituales, se sumaban ahora la confección de camisas y brazaletes, el
reparto de folletos de propaganda o convencer a los pudientes de que era
preferible renunciar, en parte, a lo que tenían, e implantar la justicia social”.
En FORMICA, M. Visto y vivido,
citamos por BARRERA, B. Ibidem.
(14)De
hecho, no sería la única vez que Formica, según sus declaraciones, lo hiciera. A
salvo, en Sevilla, se interesó por su profesor el socialista Luis Rufilanchas.
Se acercó al cuartel de Queipo de Llano y terminó teniendo una discusión con un
asesor jurídico que había sido pasante de Manuel Blasco Garzón. Sus intentos
fueron inservibles. Rufilanchas ya había sido asesinado en La Coruña.
Mañana viernes 4 a partir de las 20´00 h. en la Sala Teleclub de San José del Valle se celebrarán las IV Jornadas de Memoria Histórica de dicho municipio. ´El Valle´, como muchos/as valleros/as gusta llamar, perteneció al término de Jerez de la Frontera hasta mediados de los años noventa del pasado siglo por lo que hasta hace poco tiempo ha sido la última de las poblaciones gaditanas en ser municipio independiente. Su pertenencia a Jerez ha sido uno de los motivos del retraso en los trabajos memorialísticos. Hasta donde se para conocer datos de la historia su reciente -II República, golpe de Estado, Guerra, primer Franquismo,...-, hay que acudir a trabajos sobre su municipio matriz. Esperamos que, poco a poco, se vayan realizando trabajos que arrojen luz sobre dicha historia. De momento celebramos que sigan llevándose a cabo dichas jornadas. En esta ocasión tendremos la oportunidad de ver el documental "La voz en lucha" así como habrá un coloquio con el cantaor Manuel Gerena. Muy recomendable.
El próximo martes, 27 de enero, se presenta el libro "Las Torres de la Luz y su tiempo" que ha editado la Fundación Endesa y en el que trabajé los meses de junio a octubre el año pasado. He tenido el honor, aunque suena a tópico, de trabajar con Julio Malo, cuyo capítulo abre la publicación donde nos habla de la importancia arquitectónica de ambas torres de la bahía de Cádiz, así como de los arquitectos que la construyeron. Y por otro lado, Javier Osuna, cuyo capítulo cierra la obra y trata -dentro del contexto de la época en que se construyeron (1955-1962)-, del desarrollo del Carnaval (entonces Fiestas Típicas) y el Flamenco en la ciudad. Respecto a mí texto, corresponde al segundo capítulo, donde expongo la situación política, económica y social de los años de Posguerra y primer Desarrollismo, con especial incidencia en la ciudad de Cádiz, en general, y el barrio de Puntales, en particular. Lugar, éste último, donde se construyó la torre correspondiente a nuestro lado de la bahía, sin olvidar la construcción de la Central Térmica cuya energía marchaba hacia la península a través de los cables que soportaban -y soportan- las Torres de la Luz. La edición, a cargo de Quorum y Juan José Sandoval, es exquisita. Además el libro cuenta, junto con fotografías de archivos y colecciones privadas, con el trabajo de Kiki. Sin olvidar la gran coordinación realizada por Fernando Santiago.
El acto se desarrollará en la Casa de Iberoamérica, antigua Cárcel Vieja, a las 19´00 h.
Se acaba de publicar la revista Trocadero nº24. El dossier trata sobre la influencia europea y americana de la Constitución de Cádiz de 1812. Dentro del apartado de recensiones he publicado una reseña sobre el libro ´Ocio y vida doméstica en el Cádiz de las Cortes´ que coordina Alberto Ramos Santana. A continuación os la dejo por si os interesa el tema.
Portada de la publicación.
* * *
Ramos Santana, A. (Coordinador). Ocio y
vida doméstica en el Cádiz de las Cortes. Servicio
de Publicaciones de la Diputación de Cádiz, 2012. ISBN 978-84-92717-47-7
Por Santiago Moreno Tello (publicado originalmente en Trocadero, revista del departamento de Historia Moderna, Contemporánea, de América y del Arte, nº24, págs. 207-210).
La Diputación de Cádiz amplía, con una nueva
entrega, la colección ´Bicentenario Cádiz 1812´ que iniciara en 2005 con los
dos volúmenes titulados La vida cotidiana
durante la Guerra de la Independencia en la provincia de Cádiz, tesis
doctoral, a la postre, de Jaime Aragón Gómez. Desde aquel año estudios de
Historia, Literatura y Derecho han convivido tejiendo una nueva red de estudios
que ha ampliado los conocimientos sobre la etapa de la España Napoleónica y el
Cádiz de las Cortes y posterior promulgación de la Constitución de 1812. Y
hablamos de una colección que ha cumplido con lo establecido hace siete años y
en los tiempos que corren, este hecho, no es cuestión baladí.
Como tampoco lo es que este volumen trece
venga de la mano de uno de los mayores expertos en estudios sobre el siglo XIX
español. Alberto Ramos Santana se ha rodeado de un equipo interdisciplinar que
nos ayudan a trazar un horizonte sobre la vida doméstica del Cádiz de las
Cortes.
Comienza la obra con un breve, pero
exhaustivo, repaso a la historiografía que en el último medio siglo ha visto la
necesidad de estudiar no personajes, ni batallas, sino algo más cercano, a la
par que rechazado durante lustros, como es el día a día de nuestros
predecesores. Y para ello comienza el libro con una visión del interior de los
hogares de finales del siglo XVIII, inicios del XIX. Cristina Ordóñez Goded
muestra los distintos estilos mobiliarios que se veían en casas nobiliarias y
burguesas, ya fuese el “Carlos IV” –con permiso del profesor Junquera-, o el
“fernandino”. Tras un repaso al mobiliario español –en su ámbito cortesano o
fuera de él-, el capítulo se centra en la ciudad de Cádiz. Ciudad que quizás no
es válida como ejemplo general en las formas de decoración mobiliaria, respecto
a otras ciudades del interior, empero por su carácter portuaria y cosmopolita,
la hace similar a las principales urbes como Madrid o Barcelona. Basándose en
los estudios de Ramón Solís, Ordóñez Goded nos muestra que la ciudad no sólo
era punto de compra-venta, sino también de producción. Un gran número de
profesionales de la madera salpicaban el trazado urbano de la ciudad. Las
referencias de compra-venta que la autora nos ofrece de El Diario Mercantil nos brindan una visión del contenido de algunas
casas gaditanas. Aunque también pueden ser una pista de un posible mercado que
sirviera para paliar una hipotética mala situación económica de tal o cual
familia. No hay que olvidar, como nos indicará Manuel Ruiz Torres en su
capítulo dedicado a la cocina y la alimentación que, si bien como se sabe, en
la Isla de León y Cádiz no faltaron provisiones, quizás hubo dificultades para
adquirir las mismas. El capítulo se cierra con un pequeño anexo de imágenes que
nos ayudan a imaginar, mejor si cabe, el interior de una vivienda gaditana
durante el asedio francés.
Como una larga transición de la cocina
barroca a una nueva, de influencias extranjeras y del propio interior de los hogares
gaditanos, el autor Ruiz Torres nos presenta su capítulo dedicado a la
alimentación. Al contrario que ocurriera con el asedio de Gerona, en Cádiz el
bloqueo francés no obligó al ciudadano a llevarse a la boca carnes tan poco
apetitosas como la de gato o ratón. Debido en parte a la entrada y salida de
barcos del puerto gaditano, así como la subsistencia de pequeñas huertas en el
istmo que unía a las dos localidades, y a los pequeños corrales (gallinas,
patos o palomas) existentes en las azoteas de las casas gaditanas. Aun así, no
podemos generalizar y encontramos distintos factores que harán producir
distintos tipos de cocina en la ciudad: el económico o el cultural. Sin embargo
Ruiz Torres nos presenta una serie de alimentos que pueden ser denominador
común de la cocina gaditana en época Doceañista. Como por ejemplo el pan, de
tan básico condimento de las sopas. O el vino (a estas alturas no creemos necesario
recordar a la Manzanilla de Sanlúcar como bebida estrella). El aceite, pieza
fundamental de la cocina gaditana frente a la manteca de cerdo más usada en
otras localidades. Cabe destacar también, entre los vegetales, a las papas que
en estos años desplaza, de guisos típicos de la zona, a otros alimentos como el
arroz. Y si un comensal tenía la oportunidad de decidir entre carne o pescado,
no cabe duda, que en el Cádiz de las Cortes se inclinaría por lo segundo. Hasta
tres veces más se consumía dicho alimento en comparación con otras ciudades. Y
no olvidemos el pescado frito que hacía estragos, por ejemplo, en las salidas
de los teatros. Hay un claro antes y después en el mundo culinario en estos
años. La clásica cocina barroca de Martínez Montiño tenderá a desaparecer en estos
años. De hecho la última edición de El
Arte de la Cocina –la primera era de 1611-, se editará en 1823 durante el
Trienio Liberal.
La música tenía un espacio en la vida
cotidiana de los gaditanos de la época. De hecho en el libro dos son los
capítulos dedicados a la misma. El primero a una música culta que nos trae
María Gembero-Ustárroz; el segundo a un estilo musical de musa popular que,
parece ser, tiene su origen en estas fechas: nos referimos al flamenco y es
obra de Faustino Núñez.
La Revolución Francesa influenció de manera
inmensa al mundo de la música. Al menos como se entendía hasta aquel momento.
La creación de himnos patrióticos en pro o en contra de tal o cual
planteamiento ideológico afectó sobre manera la historia de la música. Una de
las nuevas características de la misma será el acercamiento a los ciudadanos a
través de cuatro escenarios: las calles y plazas, los teatros, salones de las
clases acomodadas y las iglesias. Mientras en los primeros servía para hacer
partícipe al pueblo llano de la llamada música culta, en los púlpitos se daba
buena cuenta de los avances de la guerra. Sin embargo el capítulo de
Gembero-Ustárroz tiene su cénit en la presentación del músico y profesor Manuel
Rücker: de ascendencia austriaca, jugó un importante papel en el primer tercio
del siglo XIX gaditano. Y aunque queda bastante por estudiar de su figura, bien
sabemos que introdujo en Cádiz las principales novedades musicales
internacionales. El capítulo se cierra con dos versiones del himno que Rücker
compusiera para la celebración del regreso de Fernando VII a España. ´Nace el
sol´ y ´Presurosos corred, gaditanos´ han sido localizados en la Biblioteca
Nacional de España y fueron interpretados en Cádiz en 1814. De armonía sencilla
contiene un coro que hace pensar que estaba pensado para la participación
activa del público en sus interpretaciones. Al final del capítulo se incluyen
las partituras de la obra.
A continuación, como decíamos, Faustino Núñez
da buena cuenta de sus hallazgos en distintos archivos y bibliotecas en la
última década, en lo que al estudio del Flamenco se refiere. Y lo hace a buena
cuenta de que es Cádiz, de los tres lugares geográficos cuna de dicho estilo,
el menos estudiado con diferencia. Aunque el nacimiento oficial del género se
confirma hacia 1850, multitud de documentos dan que pensar que entre finales
del siglo XVIII, principios del XIX se sientan las bases del mismo. Para ello
Núñez nos habla de la figura del Majo/a. Actitud ante la vida que dibuja a lo
que se puede entender como el personaje flamenco posterior. A esto hay que
añadirle el elemento gitano, tan arraigado en Cádiz y su Bahía al menos desde
mediados del siglo XVIII. Desglosa a continuación el autor las distintas
músicas que, bajo su prisma, cristalizarán poco después en los distintos palos
flamencos. Entre ellos podemos citar los fandangos, las seguidillas –no
confundir con la posterior seguiriya-, las jotas – origen de las alegrías
flamencas-, las tiranas –en desuso desde inicios del siglo XIX-, o los tangos
de ascendencia francesa y americana. Respecto a esto último no debemos pasar
por alto la indicación de Núñez que nos habla de una primera noticia de tangos
gaditanos en la temprana fecha de 1779.
La aparición del toreo moderno o a pie tiene
también su origen en el tránsito del Antiguo al Nuevo Régimen. Y Cádiz posee,
igualmente, un protagonismo de primera magnitud. Todo ello lo vemos reflejado
en el capítulo de Alberto González Troyano. Nos habla el profesor de un
anterior toreo, corrida caballeresca, basado precisamente en los valores
nobiliarios que tenderán a desaparecer con los avances políticos, sociales y
culturales. A cambio se fraguará un espectáculo donde se busca rentabilidad
económica con el surgimiento de nuevas figuras como el asentista o el propio
público como sostenedor del evento. El autor se pregunta por las claves que
sustentarían que una ciudad, tan poco ganadera como Cádiz, sea, junto con
Madrid, pilar de los inicios del toreo moderno. Y todo ello a pesar de esta
característica y otras como la multitud de prohibiciones que rodearon la fiesta
en las décadas Ilustradas. Es llamativa la conclusión de González Troyano
cuando nos habla del ´plebeyismo´. La adaptación, sólo momentánea, y sin entrar
en muchos detalles, de las formas clásicas populares servirá como oposición a
los nuevos estilos europeos.
El libro finaliza con la firma que le daba comienzo:
Alberto Ramos. En esta ocasión nos da a conocer el submundo de las tabernas y
tiendas de vinos. Y lo llamamos así, porque ya Ramón Solís proveyó buena fe de
los cafés, pero apenas se detuvo en estos establecimientos donde se daba buena
cuenta de los vinos dulces y generosos, la manzanilla o incluso la cerveza. El
autor da conocer la cifra de establecimientos en estos años o el nombre de los
regentes así como el número de botas. Lugares, sin duda, de suma importancia
social en el Cádiz de las Cortes. Quizás sin el buen gusto y prensa de los
cafés pero constructora de la realidad que este libro viene a mostrarnos.
Sabedores que faltan algunas muestras del ocio de aquellos años empero atentos
a crear nuevas líneas de investigación que las traigan. Sumamos y seguimos
estos saberes con el gozo de presentarse a cincuenta años vista de aquel
clásico de Ramón Solís, pionero, en cierto modo junto a Adolfo de Castro, de
los estudios de la vida cotidiana del siglo XIX gaditano.
El jueves, en el Casino Gaditano, y el viernes, en el Colegio Oficial de Médicos, el Congreso volvió a dar, a través de nuevas aportaciones, sus frutos. Javi Osuna volvió a deleitarnos sobre su investigación sobre Antonio Rodríguez. Finalizó la cuarta jornada con la actuación del coro de Quico Zamora donde, ni que decir tiene, su orquesta brilla con el gran laud de Carlos Mariscal, tocado al más puro estilo dieciochesco.
La última sesión se cerró con un gran "concierto" a cargo de cantaores flamencos de Cádiz -Mariana Cornejo, Carmen de la Jara, David Palomar y un joven "Niño de Sola"-, así como con las cameratas Plectrum Gaditanum, dirigida magistralmente por Lola González, y A Tempo con Eduardo Bablé al frente.
Pero antes de que sonaran los sones de Rodríguez en distintos formatos se pudo escuchar por parte de familiares del músico gaditano -José Luis Sánchez Rodríguez y José Antonio de las Cuevas Saa- qué ocurrió tras su fallecimiento en Sevilla en 1912. Cómo su compañera regresa a Cádiz y muere en el Hospital de Mujeres, o cómo su hijo Francisco andó abandonado algunos días por la capital hasta ser encontrado por un amigo de su padre y fue recogido en su casa. La documentación referente a Rodríguez se iría perdiendo con las contínuas crecidas del río Tamarguillo. Mala calidad de vida, muy precaria, fue la característica de los descendientes de "El tío de la tiza" en Sevilla. Chocan dichas vivencias frente a las riquezas que generaba su obra...
Carlos Martín, gran coleccionista de grabaciones en distintos formatos, nos hizo un repaso sobre las que se han hecho con los tangos de Antonio Rodríguez. Especialmente curioso el dato que indica que uno de sus coros fue impreso en cilindro de cera en los primeros años del siglo XX. Grabación a día de hoy desconocida. Luego se repasó los tangos cantados por flamencos, ya en pizarra, así como algunos sonidos de los Conjuntos Hércules y Gades.
Una vez más, José Luis López Aranda, dio una clase magistral de música analizando y desvelando algunos secretos de tangos y cuplets de "El tío de la tiza". Tras el cual hizo aparición el coro de Nandi Migueles con su recreación fidedigna. Quizás la más fidedigna de todas junto a la del coro de Manolo Guimerá.
Rondarían las nueve y media de la noche cuando Ana Barceló hacía lectura de las conclusiones del Congreso. Queda pendiente la confirmación de la publicación de los estudios presentados. Sabemos que ASIN-É tiene intención de publicar un DVD con las actuaciones que se han llevado a cabo.
De lo más digno que se ha visto, en torno a estudios de Carnaval en Cádiz. Enhorabuena.
A Tempo saluda a los congresistas que aplauden en pie su actuación. Foto cortesía de JAP Peralta.
Una de las primeras veces que, creo, vi a Mariana Cornejo en la televisión fue con el anuncio de la lejía "3siete". No tenía ni idea, por aquel entonces, de quien era y, ni mucho menos, de la importancia que para el flamenco en Cádiz tendría (y tiene). A principios de la semana pasada, dentro de la programación "Presencias flamencas" de la Universidad de Cádiz, asístí a la entrevista que le realizó el flamencólogo Faustino Núñez. El formato de las "Presencias literarias" que hacía el Vicerrectorado de Extensión Universitaria, se extiende ahora al mundo del flamenco.
Quería escucharla, pues si bien la carrera de Mariana obtuvo un impulso y reconociemiento cuando ella ya estaba apunto de cumplir 40 años, sabía que en sus inicios había conocido el Cádiz de la tardo-posguerra; con todas sus vicisitudes y características. Incluso tengo entendido que mi abuelo, Juan Moreno Pavón, fue el padrino de su bautizo. Creo que en mi casa hay una foto de aquella celebración.
Mariana es muy cercana y habla "por los codos". Así la hora y cuarto que duró el evento supo a poco. Me llamó la atención, como dije, que se explayara tanto en recordar su infancia y algunos de los personajes que la rodearon. Personas, las cuales, hoy forman parte de la Historia soterrada de la ciudad. Mariana recordó que con diez años, fue su "tío" Canalejas quien se la llevó en su compañía. El escuchar la cercanía del cantaor de Puerto Real con la gaditana, reforzó las "batallas" que siempre he escuchado en casa. Y digo esto porque "El Moreno" me contó lo siguiente:
"Hasta casa de mi tío Juan [Moreno Calderón] iba mucha gente a cantar. Canalejas, el cantaor de Puerto Real, uno de ellos. Y es que mi tío Juan cantaba muy bien. A Canalejas le gustaba mucho. Tanta amistad había que fue el padrino de mi prima Pepa."
Sin embargo, Canalejas, no fue el único flamenco que observó las cualidades de Mariana. Cuatro años después, en las bodegas Lacave, el mismísimo Aurelio Seller quiso llevársela para Madrid. Como la propia cantaora dice, "mi tren pasó", pero el destino quiso darle otra oportunidad décadas después. Oportunidad que no desperdició y gracias al cual hoy es fiel representante de los cantes de Cádiz. Os dejo, gracias a la técnica, la conferencia completa.
Hace algunas semanas me llegaba la noticia de que el proyecto "Flamenco en red", auspiciado por la Junta de Andalucía y coordinado por la Universidad de Cádiz, contaría entre sus conferencias una titulada El tanguillo, la pieza que el carnaval le prestó al flamenco... y aún no se lo ha reconocido. Su autor: Javier Osuna.
Se cumple una década de la publicación de aquel "Cádiz, cuna de dos cantes" donde Osuna daba a conocer como flamenco y carnaval, en una ciudad como Cádiz, siempre han ido de la mano. Y sin duda una ha bebido de la otra. En estos años Osuna no ha abandonado esa investigación y la ha seguido cultivando y ampliando. Esta conferencia que podemos disfrutar a través de internet, da buena cuenta de ello. Si bien el origen del tango gaditano sigue siendo difuso, ya existen más datos de la importancia del mismo. De lo más curioso el hecho de que el tango de Carnaval no sólo haya influenciado al flamenco... parece ser que también al tango argentino. No adelanto más: