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miércoles, 28 de marzo de 2012

De como Alvaro intentó establecer comunicación en las "provincias vascongadas"

Texto por cortesía de Alvaro Sánchez Tello.


Santi y Alvaro desde el monte Urgull.
Mi primera visita a tierras vascas, concretamente San Sebastián (o Donostia, allá cada uno), me ha dejado múltiples imágenes para el recuerdo, pero sin duda han sido tres los momentos memorables. El primero de ellos tuvo lugar la tarde de la llegada a la ciudad por parte del autor del presente blog y un servidor. Fue a eso de las 17 h., más o menos, cuando con mochila en mano y después de pasearla por gran parte de la ciudad decidimos marchar al hotel Nicol´s (¡ay que chatis había allí!). Para ello nos montamos en el autobús correspondiente con la soltura de un donostiarra más y le hago saber al señor chofer nuestro destino. Le pido por favor que nos indique la bajada ya que tenemos ciertas dudas, a lo que responde: 

(Leer con voz de Fito y cierto cabreo para darle más credibilidad) 

- Vale vale, pero sentaros cerca que como os pongáis tan lejos no os veo. 

Me quedo algo estupefacto ante su peculiar estilo expresivo y marcho a decirle a mi primo que nos sentemos cerca. Una vez estamos llegando, el amable chofer levanta la mano derecha y la agita llamando nuestra atención. Me levanto presuroso y le digo:

- Dígame. 

A lo que me responde aún con más tono de cabreo que antes:

- ¡Espera! ¡Espera! Que te explico. 

¡Pero hombre señor chofer, no se ponga así! (eso no lo dije, lo pensé, claro) ni que le hubiera atosigado... Ahí quedó este primer encuentro con la expresividad norteña. 

Al día siguiente entramos en una tienda de instrumentos musicales y encuentro allí un pedal de bombo y unas baquetas que me gustaron. Me dispongo a preguntar al dependiente para que me asesore un poco: 

- Perdone, estas baquetas sin punta ¿valen para batería?. (Yo sabía que eran más apropiadas para timbales pero pensaba que a lo mejor podían valer para batería). Reproduzco el resto de la conversación a continuación: 

Dependiente: ¡Que vaaaa, eso no!
Servidor: Aaahh, es sólo para percusión (el dependiente asiente)… porque claro, la resistencia de la madera no es igual y… (trato de entablar conversación pero no surge ¡Leñe!) …Mmm, bueno. ¿Y estas baquetas con la punta pequeñita?
D: Pufff, estaaaass… bueno, puede valer, pero es que esto es más para jazz (le faltó decir “¡pero si tú no tocas jazz!”)…
S: aaajam. Vale. Oiga y ese pedal de ahí ¿la maza podría ser entera de fieltro? Más tradicional vaya.
D: Sí bueno, pero ésta está muy bien; tiene su parte de fieltro y por detrás es plástico para dar otro efecto…
S: Pero ese plástico maltrata mucho el parche ¿no?
D: Tsss, antes las mazas eran de madera, eso sí que maltrata el parche.
 
Bueno, bueno, bueno, es verdad que yo era pesado pero ¡leche! Qué manera de explicarse. Además con ese tonillo de cabreo parece como que te están riñendo. Igualmente, al día siguiente fui y compré todo. Ya le había cogido cariño al dependiente.
Pero para riña, la última situación. Vamos camino de un bar a fin de calmar nuestros ruidos estomacales y entramos en “Casa Juantxo”. Un bar lleno hasta los topes de ese tono de voz propio de la zona. Cuál fue mi sorpresa ante semejante cantidad de sonidos y movimientos, que Santi me hablaba y yo ¡ni puñetero caso!. Me quedé anonadado ante tal maravilla de jaleo. El colmo viene cuando voy a pedir y le digo al susodicho Juantxo: 

- Una cerveza y un zumo de piña. 

A lo que me responde (y esta vez creo que hasta cabreado de verdad): 

- ¡Será una caña y un zumo!. 

Lo que Juantxo diga, ¡cualquiera le discute!. Minutos después, entró un grupo de simpáticos chavales que con leves empujones venían a decirnos dos cosas: "u os vais u os aplastamos contra la barra". Elegimos la primera opción, claro.
En fin, entre risas nos despedimos Santi y yo de San Sebastián, una ciudad muy hermosa, con historia y con muy buena gente, aunque tardara en acostumbrarme a su forma de hablar. Volvería de cabeza.

lunes, 26 de marzo de 2012

Las baterías de Donostia

Lo siento, esta entrada no va de música. Practicamente cierra una pequeña serie de entradas sobre Donostia-San Sebastián. Ya indicaba días atrás que el Monte Urgull se encuentra salpicado por distintas construcciones defensivas. A la más importante, Castillo de la Mota, le dedicamos una entrada. Toca el turno ahora a algunas de las baterías que conforman el sistema defensivo de dicho monte: Napoleón, Santiago y la del Gobernador.

Batería de Napoleón transformada en un bonito paseo.
Si subimos al monte por la entrada del lado de la ciudad (casco viejo) la primera fortificación con la que nos topamos, tras unos minutos de subida, es la Batería de Napoleón. Llamada así, como podéis imaginar, debido al uso que le dieron a la misma las tropas francesas en la Guerra de la Independencia. Desde la misma vigilaban la ciudad. Hoy está convertida en un bonito paseo con cartelería alusiva a su historia.
A su izquierda, y mirando al centro de la playa de la Concha, la Batería de Santiago. Mucho más amplia y con un amplio visionado de la ciudad y sus alrededores. Es anterior a la de Napoleón y aunque ha perdido muchos de sus componentes originales ha quedado como un lugar ideal para el reposo y la relajación. Había incluso algunas señoreas haciendo taichí. 

Esquina de la Batería de Santiago. Abajo se aprecia la Batería de las Damas.
Por último, y justo al otro lado del monte, encontramos la Batería del Gobernador. Desde la de Santiago se puede acceder a ella bordeando la parte inferior del Castillo de la Mota. Es la más compleja de las tres. Consiste en varios niveles donde destacamos la Batería Alta y sus curiosos asentamientos para cañones. En el centro de ambas construcciones encontramos el polvorín, al cual se puede entrar, y que es idóneo para que cualquier "sintecho" pase la noche. Estos asentamientos se usaban con la idea de conseguir una mejor maniobrabilidad de la artillería. Se usaron para defender la parte norte. De los más interesante también la zona sur de la Batería con unas impresionantes vistas de la ciudad actual.

Asentamiento para cañón del flanco derecho.
* * *

Aquel paseo me hizo recordar las abandonadas baterías de la zona de Puertas de Tierra de Cádiz. No hace mucho escribí un capítulo sobre las mismas: Batería de la Punta de Vaca, Batería de Primera Aguada y Batería de la Segunda Aguada. De la primera desconocemos su paradero, posiblemente quedara destruída con la explosión de 1947. La segunda descansa a los pies de un centro comercial. La tercera fue rescata y reconstruida a mediados de los años 90. No estaría mal que nuestros gobernantes tomaran como ejemplo el estado y señalización de estas baterías donostiarras de cara a dar a conocer a la sociedad las pequeñas defensas gaditanas. Y más en las fechas del Bicentenario en las que nos encontramos. Pues, publicado está, fueron escenario de aquellos episodios históricos.

jueves, 22 de marzo de 2012

Monte Igueldo. Cien años de parque de atracciones

Al otro lado de la playa de la Concha podemos apreciar el monte Igueldo. Más imponente que el Urgull, está coronado con una torre construida a casi doscientos metros sobre el nivel del mar. Al parecer tiene su origen en un antiguo faro del siglo XVIII. Conforme avanzó el siglo XIX la burguesía donostiarra, cada vez más rica -en parte debido a la relación con la monarquía-, buscó lugares para la sociabilidad. De esta manera a inicios de siglo XX se planificó un parque de atracciones en la parte superior del monte Igueldo que fue inaugurado en 1912. Dentro de pocas semanas celebrará su Centenario. Cuando, hace unos días, nos dispusimos a subir en el funicular nunca imaginé el espectáculo que nos íbamos a encontrar allí arriba. Al parecer el "funicularra" también se construyó por aquella fecha, de hecho era la forma que había -y hay- de llegar hasta el parque de atracciones sin despeinarse.
Entrada a la Casa del Terror.
Como decía el ambiente era un tranto extraño. Parecía sacado de la película de los Ghoulies... Para empezar la "Casa del Terror". Aunque de terror tiene poco. De hecho en la entrada hay un cartel que indica que no se devolverá el dinero de la entrada bajo ningún concepto. Al menos te avisan... pero oye, una vez dentro te echas tus risas! Y ves cada escena...
El lugar está repleto de atracciones de lo más arcaicas que os podéis imaginar. El tiovivo -de gran hermosura-, los típicos ponys, las casetas de tiro,... todo esto sumamente antiguo. Si vas allí de despistao y no sabes la historia del lugar te dan ganas de gritar ¿¡Pero que cutre!? Sin embargo tiene su "aquel", todos los días no se ve una feria de 1900... Si se hace un ejercicio de abstracción puede llegar a ser muy divertido. Imaginarte a esos señores bigotudos con sus esposas -o señoritas de compañía-, con trajes pomposos dando vueltas en las atracciones... Me llamó la atención los coches de choques. A ras de suelo se veía, como todo, de otra época, pero visto desde la torre se puede apreciar lo curioso de su techumbre. Parece sacado de un mercado de abastos de principios del siglo XX. Atención:

Y sin lugar a dudas lo que más me gustó fue (ojo al nombre) la montaña suiza. Al parecer es la segunda más antigua en activo de toda Europa. No funciona con electricidad, sino con un sistema de poleas y no se que más que hace que ande. Tiene su encanto y su parte de acojone, oiga:

Al caer desde la parte más alta se escuchó: "¡Viva Sabino Arana!"
Sobre todo cuando bordea el torreón y al otro lado tienes el acantilado... En su momento no lo supe, pero al parecer, cada vez que cae, en una de las cuestas, el señor que se coloca en el centro del vagón es el que va frenando con la palanca. Es decir, calcula a ojo cuanto tiene que presionar la misma. Resumiendo: tu vida está en su mano por unos segundos. No está mal un poco de emoción para el cuerpo ¿no?
En definitiva un lugar con encanto -como los hoteles-, y más ahora que se lleva todo lo retro...

¿Aparecerá Phil Collins?

martes, 20 de marzo de 2012

Castillo de la Mota - Donostia

Del reciente viaje a San Sebastián-Donostia me presto a realizar dos -quizás tres-, reseñas de los lugares históricos que más me han llamado la atención. Aunque no soy especialista en Historia Militar siempre he admirado los castillos y fortalezas en general. Algo de culpa tuvo "Castellología Medieval". Asignatura -creo que ya no existe-, que marcaba, para bien o para mal, al alumnado de Historia de la Universidad de Cádiz. Don Luis de Mora-Figueroa la impartía.
Monte Urgull desde el otro lado de la Concha.
Pero vamos a Donostía. Con la playa de la Concha, como eje de su Historia, es el Monte Urgull, el que se encuentra a la derecha si miramos al mar. Siempre vigilando la ciudad que se encuentra a sus pies. No es cuestión baladí el hecho que esté repleto de fortificaciones y defensas que van desde el siglo XII al XIX. Sin embargo centraré el comentario en el castillo que corona el Urgull. Por cierto conviene no confundir con Mordor ni con otra palabra de literatura tolkieniana. Dicho nombre proviene de "orgullo" pues, al parecer, para los primeros habitantes franceses de la zona dicho alto era motivo de ello. 

Bombarda algo perjudicada.
Se tiene constancia de que la primitiva construcción, como decía, es del siglo XII y consistía en una torre de forma cuadrada en la zona superior. Fortaleza inicial que servíría de base para las ampliaciones posteriores. Destacamos las del siglo XVI de cuya época sobrevive, en su patio de armas, una pieza de artillería conocida como bombarda. Dicho de otra manera, un cañón primitivo. La base de madera no se encuentra en muy buen estado. Se ha hundido por uno de los lados de tanto subirse a él los visitantes (?). Por este motivo una valla, bastante rústica, lo rodea. Afea el entorno.
La reforma que más influiría en su diseño se haría en el siglo siguiente. Un depósito de polvora cercano estallaría, obligando a realizar una gran reconstrucción. Posiblemente es entonces cuando se configura su actual disposición. Repartidos por las distintas zonas de la muralla hay dispuestos más cañones. Las vistas desde la misma es espectacular. La desembocadura del río Oria, la propia San Sebastián y la playa de la Concha, la isla de Santa Clara, el monte Igueldo,...

Muralla norte. La foto ha sido realizada desde la poterna de acceso.
Empero hay una última construcción del siglo XX que rompe con todo el encanto de la visita. En 1950, en plena dictadura franquista, colocaron un enorme "Corazón de Jesús" sobre la torre principal de toda esta historia. Al más puro estilo de Rio de Janeiro. Una cosa horrenda. desde la entrada principal a la fortificación hice esta instantánea: 

Horror vacui... que diría el Hueva.
En definitiva, y a pesar del último detalle, el castillo de la Mota, con un buen estado de salud, corona un paseo de lo más interesante por el monte Urgull (ya hablaremos de otras de sus fortificaciones). Destacar también el campanario de la parte sur, así como los "graffitis" que se conservan en la celda de los prisioneros. Es curioso como un complejo histórico de tal magnitud no está explotado por la adminitración pública o una empresa privada. Sobre todo cuando en el resto de la ciudad ésto se da con más asiduidad. Concluyendo: buena conservación, señalización y si el día está soleado puedes almorzarte unos bocadillos entre árboles, cañones y el Mar Cantábrico. No está nada mal.