La semana pasada reanudamos el Aula Itinerante de Memoria Histórica y Democrática `Carlos Perales'. Hemos inaugurado el año 2020 en Benamahoma, y más concretamente en su nuevo Centro Cultural. Esta misma tarde tendremos una serie de actividades como la conferencia de Jesús Román y la proyección del documental de David Doña "Sucedió en Grazalema". La exposición que lleva el Aula se podrá visitar hasta el próximo domingo. Arrancar una nueva fase de este proyecto provincial en dicha población es muy significativo. A escasos metros del Centro Cultural se encuentran las tapias de la antigua ermita donde muchas personas fueron asesinadas. No mucho más lejos está el viejo cementerio donde hasta hace poco se han llevado labores de exhumación de casi un centenar de victimas enterradas en fosas. Además el edificio recién inaugurado fue sede, por ejemplo, de la Sección Femenina. Os dejo cartel y programa.
La semana que viene, y hasta final de mes, nos trasladamos a Grazalema.
Durante la semana próxima de Carnaval, desde 1d3milhistorias junto con el Museo de Cádiz, os proponemos una novedosa actividad: Carnaval y Museo, la extraña pareja. Es un breve recorrido por dicho equipamiento donde, a nuestra forma -contando y cantando-, intentaremos demostrar la curiosa relación que tiene la fiesta y las distintas etapas históricas representadas en una selección de salas. Se llevará a cabo el viernes 28 de febrero, Día de Andalucía. Serán dos pases -a las 11 y a las 12 horas-, y las plazas son muy limitadas. Puedes solicitarlas a nuestro mail: reservas@1d3milhistorias.com
Hace unos días el documental `Murieron cantando´ traspasó en Youtube la redonda cifra de cincuenta mil visualizaciones. Aprovechamos la ocasión para darle algo más de difusión a través de nuestro blog. El documental, que tiene una duración de 38´ minutos, se estrenó en 2018 y trata sobre la represión que a raíz del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 sufrieron la gente del Carnaval en la ciudad de Cádiz.
El programa se ha expuesto además de en Cádiz en otras localidades de la provincia como Trebujena, El Puerto de Santa María, Benalup·Casas Viejas, Conil de la Frontera o Alcalá del Valle. Si todavía no lo has visto lo puedes hacer a través del siguiente enlace. Ahora es una buena fecha para recordar aquellas historias silenciadas de forma violenta hace más de ochenta años.
Será este próximo sábado 8 a partir de las 17´00 h. en la sede del Hogar del Pensionista de Alcalá del
Valle. Junto con Francis Sevilla Pecci, narraré un acto donde presentaremos el disco 'Coplas del Carnaval en Cádiz. La II República' y posteriormente se proyectará el documental 'Murieron cantando'.
A buen seguro pasaremos un rato estupendo. Estáis invitados.
La
importancia de las Memorias: `La infancia´ (1).
Mercedes Formica, 1913-2002.
Me
encantan las memorias. Y no solo por su utilidad como fuente historiográfica.
Las hay realmente bien escritas, entrañables, y siempre que se lean con ojo
crítico capaz de vislumbrar datos desproporcionados u erróneos, tendencias
ideológicas o religiosas, etc. nos pueden ofrecer un lado de nuestra historia
que nunca fue, ni será, narrada por los documentos oficiales. Vida cotidiana en
estado puro capaz de dibujar escenas entrelazadas con la política, la economía,
la sociedad o la cultura de un momento (2). Entre los libros de mis estanterías
llevaba algún tiempo observando uno pequeño de sencilla cubierta titulado `La
infancia´. Su autora una vieja conocida de avatares historiográficos: Mercedes
Formica-Corssi (3). Hace años dicha figura no me atraía mucho, aunque siempre
advertí que fue una personalidad compleja: una niña de buena familia que
comenzó estudios universitarios con la llegada de la República, se afilió en
fechas tempranas a Falange Española y que después, en plena posguerra, se
enfrentaría, en cierto modo, con el dictador Franco en su intento de mejora de
las condiciones de la mujer, consiguiendo la reforma del Código Civil. Aunque
bien es cierto que los golpistas del 18 de julio de 1936, entre los que se
encontraba -ella fue `camisa vieja´-, fueron culpables directos de la pérdida
de los avances obtenidos en los años republicanos en el ámbito de género, no
hay duda de que Formica jugó un papel fundamental en la posterior -leve- apertura
del régimen franquista. Las vueltas que da la vida.
Portada de ´La infancia´ (1987).
Ojeé
`La infancia´ decidido a buscar alguna señal sobre el Carnaval en Cádiz. Al fin
y al cabo, Mercedes vivió en la ciudad desde su nacimiento en 1913 hasta que su
padre fue destinado a Sevilla en 1924. Y así fue. En determinados momentos, no
muchos, Mercedes, en su evocación de la niñez da unas ligeras pinceladas de la
fiesta popular. Tampoco de manera profusa. No hay que olvidar que pertenece a
una familia acomodada y que su relación con el Carnaval es casi casual. Dicho
de otra manera, la cultura popular en sus recuerdos no deja de ser parte del paisaje de
fondo. Aun así, tan importante era la celebración en Cádiz que, como decimos,
aparece en algún instante de su relato.
Uno
de los fragmentos que más me ha llamado la atención pertenece al capítulo
segundo. Nos habla del tango gaditano. Aquel que tiene su origen en la
mezcolanza de culturas que se cruzan en esta Bahía, y que llega a tener tanta
fama ya en el siglo XIX que, en cualquier momento del año, qué digo del año,
¡del día! se canta, se baila y jalea si la situación es propicia. Y es así como
surge la siguiente historia y el personaje al que dedicamos este texto, Jesús
Sáez apodado Rakú (4). Pongámonos en situación…
Entre las matas del suspiro nacía un
murmullo.
- ¿Qué pasa?
- Es Rakú, que está bailando el tango
gaditano.
- ¡Dios mío! Que cierren los balcones. Que
las niñas no vean bailar a Rakú.
Hotel Parador Atlántico. Se divisaba desde la casa de los Formica.
Nos
encontramos en los estertores de la calle Sacramento, intuyo en un primer
momento que en la manzana que hoy es el hospital San Rafael; o, pensándolo
mejor, pudiera ser incluso en el tramo que hoy conocemos como Benito Pérez
Galdós. Finalmente me inclino a pensar esto último porque por aquellas fechas
el Gran Teatro -después Gran Teatro Falla-, ya estaba construido y Mercedes apenas
comenta nada al respecto. Además, páginas atrás, Formica ha descrito dicha
finca con jardín desde el cual se divisa el Hotel Atlántico (5). Aunque el
fragmento es breve resulta fácil adivinar la fama del tango entre la población,
así como su lado más indecente representado por el baile. Al menos para los
ojos de la burguesía gaditana de aquellos años que al igual que décadas atrás,
sigue mostrándose asustadiza -a la par que un tanto hipócrita-, con los bailes
populares que para ellos representan el indecoro más absoluto (6). Queda claro
que hay que evitar a toda costa que las infantas vean aquello. No obstante,
antes de dar pie a la historia que nos va a atrapar, la autora nos presenta al
personaje principal de la misma:
Rakú era de mediana estatura, rubio y
extraordinariamente simpático. Se llamaba Jesús Sáez, pero en aquella época
nunca supimos su verdadero nombre. Todos le conocían por Rakú, Apodo (sic) que le había quedado después de un suceso
que los enterados narraban de esta manera.
En el centro y con corbata, el auténtico Ra-Kú.
- Vino a Cádiz un
indio de la India (7). Un luchador que desafió a los gaditanos.
Se llamaba Ra-Kú.
Este de la
fábrica, subió al ring y el indio le dio más golpes que a una estera. ¡Vamos!
¡Que lo <<eslomó>>!
Desde aquel día, le quedó el nombrecito.
¡Ya se sabe! ¡La guasa! Entraba en la taberna, o en una reunión y todos decían:
<<Aquí viene Rakú>>.
Tras
una breve explicación física y social, así como la curiosa ilustración del apodo de Jesús Saéz, la autora nos
dibuja, casi sin proponérselo, una capital de provincias donde los
deportes de contacto jugaban un
papel fundamental en la sociabilidad de aquellos años. La escritora regresa a
la explicación principal: la prohibición de los adultos, en este caso de su
madre, a que pudieran ver el baile del tango gaditano y cómo se ejecutaba:
Cuando Rakú bailaba el tango gaditano, se
recogía la chaqueta hasta mitad de la cintura, sacaba el trasero, y se movía
con gestos lúbricos, propios del baile popular. No contento, se acompañaba de
una cancioncilla que comenzaba de esta manera.
Ponme
la mano aquí Catalina mía,
Catalina
mía…
- ¡Qué cierren las
ventanas! Que está bailando Rakú.
Los otros empleados aprovechaban la
ausencia de mi padre para jalear. Jaleaban todos. Sin excepciones. Hasta el
mismo encargado.
- ¡Arsa y toma!¡Arsa
y dale!
…Catalina mía. Catalina
mía…
Sin
embargo, antes de entrar en las líneas del texto que más nos han interesado,
incluimos un fragmento más donde nos sigue ampliando datos sobre “Rakú”. Al
parecer no solo fue un operario de la fábrica, un aficionado a la lucha cuerpo a
cuerpo y al baile por tangos, sino que, además, se ganaba la vida arreglando
todo tipo de estropicios en las casas de las familias adineradas. Formica, una
vez más, describe afinadamente ya no solo el quehacer de nuestro protagonista,
sino también la relación que guardaba con su madre, Amalia Hezode, y como ésta
no escatimaba en ofrecer su mejor vino al operario, así como la fijación y
atracción que el personaje ejerce sobre ellas:
Rakú tenía otra faceta. Cuando se fundían
las luces, o no funcionaba un enchufe, entraba en el piso muy serio, con su
traje de algodón bien estirado, acompañado de su caja de herramientas.
Maniobraba en los hilos y la luz se hacía.
Parecía un milagro.
-Que le sirvan una
copa de vino a Rakú.
-¿De marca, señora?
-De marca.
Traían una botella de Agustín Blázquez y
Rakú bebía un vaso que consumía de un solo trago. Alzaba la cabeza y el vino se
deslizaba por su garganta. Una garganta tostada de piel clara.
La nuez de la garganta se movía.
Y de
pronto el relato se vuelve huidizo. Las ricas descripciones desaparecen para
entrar en un relato frío y cortante. Formica, sin avisar al lector, da un
salto en el tiempo de más de diez años:
Rakú murió. Durante la Guerra Civil.
- ¿Y no se puede
hacer nada por él? ¿No podemos salvarlo?
- Nada niña. Ya está
muerto. Fusilado.
-Pero, no podemos…
-Nada, niña. Ya
está enterrado.
¡Pobrecito Rakú! Con su traje de faena, su
buen humor, su valor indudable, y aquel tanguillo de letras imposible.
Ponme la mano aquí Catalina mía,
Catalina
mía…
Como
se suele decir nos deja con la miel en los labios. Formica, a continuación,
cambia drásticamente de tema y no indica nada más. Y esto que puede parecer
cuestión baladí, nos llama poderosamente la atención. Formica es una, de tantas
personas que, habiendo vivido el conflicto bélico dentro de los vencedores, si
bien podría explayarse, no lo hace. Y no solo no lo hace, sino que además
prefiere no ahondar en el suceso. Y eso que, según sus propias palabras,
estamos ante alguien de “valor indudable”. Vamos a profundizar algo más en el
tema. O al menos lo voy a intentar. Porque no se a ti, amable lector/a, pero sigo
pensando que la represión franquista en Cádiz se ha estudiado muy tarde y
todavía queda bastante por hacer.
La
labor de documentación
Del
personaje tenemos pocos datos: nombre, un solo apellido y el apodo. Con dicha
relación hemos consultado las bases de datos básicas cuando se pretende buscar
información sobre algún represaliado del franquismo en la ciudad de Cádiz. En
primer lugar, la de la historiadora Alicia Domínguez Pérez, así como el posterior
trabajo de José Luis Gutiérrez Molina, siendo ambas búsquedas infructuosas. Nos
decidimos entonces a profundizar un poco más y acceder a los archivos. Nada. No
nos han dado resultado los libros de registros de enterramientos del Cementerio
de Cádiz (8), ni la base de datos de El Penal del El Puerto de Santa María (9).
Al desconocer domicilio de nuestro personaje hemos seguido ampliando la
búsqueda hasta la cercana localidad de San Fernando, en la cual, semanas atrás
se ha presentado una nueva publicación de Miguel Ángel López Moreno sobre los
años de la República, golpe y posterior represión en dicha localidad. Tampoco ha
habido suerte. ¿Qué pudo ocurrir? ¿recordaría Mercedes Formica mal dicho
nombre? ¿Sería un dato erróneo provocado por el paso del tiempo? (10)
De
nuevo a las Memorias: `Visto y vivido´
La
vida de la autora a raíz del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 se conoce
bastante mejor. La sublevación militar sucede cuando vive con su familia en
Málaga. Como decíamos en una nota al principio, unos años antes ha comenzado
sus estudios universitarios y desde 1933 está afiliada a Falange. Málaga se va
a mantener fiel al gobierno republicano por lo que Formica no se encuentra muy
segura en la capital andaluza. Tiene unos 23 años. Por suerte entre las obras
que publicó décadas después se encuentra otro libro de memorias: Visto y vivido. En dicha publicación relata sus vivencias durante la República, golpe y
primeros compases de la guerra (11). ¿Hará mención al operario Rakú? Vamos a
comprobarlo.
Portada de ´Visto y vivido´ (1982).
Tras
una rápida ojeada a un ejemplar que se encuentra depositado en la biblioteca
municipal Celestino Mutis, vemos como la autora repite prácticamente la misma
descripción. Puede que `La infancia´ sea una ampliación del primer apartado
-el dedicado a su vida en Cádiz-, y que el germen esté en `Visto y vivido´. O,
¿por qué no? `La infancia´ fuera un manuscrito anterior y no viera la luz hasta
unos años después que las memorias completas. Fuera como fuese, Formica, en
esta ocasión, encuadra el baile del tango gaditano en los bautizos de entonces
y cómo, con ellos o sin ellos, cualquier momento era bueno entre la vecindad
gaditana para marcarse, si me permiten la expresión, “una pataita”.
No
obstante, en `Visto y vivido´, al llegar el discurrir bélico arrancado a
mediados de 1936, ¡oh, sorpersa!, la autora regresa a nombrar a nuestro
personaje. La obra está escrita décadas después de dicho acontecer histórico
por lo que lo hace con mesura, sin el acaloramiento de dicha situación. Pero
también no es menos cierto, que el contexto ha cambiado, e incluso la propia
Mercedes ha podido cambiar en su pensamiento. En una línea muy parecida a otros
coetáneos que en su madurez pusieron en negro sobre blanco sus vivencias,
intenta igualar a las víctimas de la represión de retaguardia en zona golpista,
así como las del lado del gobierno legal republicano. Nos habla de aquellas
madres que sufrieron el dolor que trae la pérdida de un hijo, vislumbrando
(¿justificando?) dos tipos: las de primera -madres de hijos/as asesinados por
la represión-, y las de segunda -madres de los ejecutores asesinos-. Formica
nos da una serie de nombres en recuerdo de esas madres de “primera” de ciudades
como Málaga, para la retaguardia republicana, así como Granada, Sevilla o
Cádiz, para la retaguardia sublevada. Y para Cádiz recuerda a Jesús Sáez, Rakú.
Planteamientos aparte que desarrolla la autora en su momento -y que son muy
significativos del tiempo en que se escribió la obra (12)-, por segunda vez lo
nombra, lo tiene presente. Pero habrá una nueva y, hasta donde sabemos, última
ocasión.
Nos
volvemos a poner en situación. Unas páginas más adelante, Mercedes y su familia
han conseguido huir de la Málaga republicana hasta llegar a la Sevilla de
Queipo de Llano. Su papel en la Falange -y más concretamente en la Sección
Femenina (13)-, es bien clara. Si es necesario visitará zona de trinchera como
ocurre en el asedio a Ronda por parte de las tropas sublevadas al mando de
Enrique Varela Iglesias:
“Las tropas nacionales tomaron al poco tiempo
la ciudad [Ronda], y la que había
sido delegada de la SF (sic) envió
recado […] para saber si Pilar
comprendía su situación. Con el propósito de darle la bienvenida, fui a
recogerla a las mismas trincheras, defendidas por la Bandera Zamacola, que
mandaba Stanislao Domecq.”
Y a
continuación un postrero dato sobre Rakú que, de forma involuntaria o no, puede
dar muchas claves sobre el final de nuestro personaje:
“De nuevo en Sevilla, el dolor de los amigos
muertos en el frente, los dramas de los más desamparados. El fusilamiento de
Rakú, cuando estábamos en Málaga…”
Vamos
concluyendo
Por
lo tanto, de ser cierta toda esta historia incluida de manera dispar en las
Memorias de Mercedes Formica llegamos a las siguientes conclusiones. El
asesinato de Jesús Sáez (a) Rakú sucedería entre la toma de la ciudad de Cádiz por
los fascistas y la huida de la familia de la autora de Málaga fechada el 24 de
septiembre. Es decir, nos encontramos en los primeros instantes de la Guerra
Civil que se ha iniciado con el fracaso del golpe de Estado del 18 de julio.
Desconocemos las circunstancias que rodearon el asesinato de Rakú pero es
bastante evidente que se sitúa en el llamado Terror caliente, dicho de otra
manera, entre la multitud de detenciones y simultaneas o posteriores
desapariciones incontroladas que sacudieron ciudades y pueblos de la
retaguardia sublevada. No debemos pasar por alto el detalle que indica que el
fusilamiento sucede cuando se encuentra todavía en Málaga. El dato nos habla
de, a pesar de las circunstancias de la guerra, la incomunicación, la censura
en la prensa, etc. llegaban, de alguna forma, noticias del otro lado del
frente. ¿Sería muy descabellado pensar que alguno de los huidos de Cádiz a
Málaga llevara la noticia hasta toparse con Formica? Al fin y al cabo, la
sierra norte gaditana, así como la propia provincia de Málaga se había
convertido en refugio para las personas que huían de los fascistas alzados en
armas en Cádiz. También creemos digno de destacar por parte de la autora la
capacidad de respuesta y/o acción, o el intento al menos, al tener conocimiento
de la desgracia: “¿Y no se puede hacer
nada por él? ¿No podemos salvarlo?”. En cierto modo, aunque en el relato primigenio
nos dibujó a una niña que preguntaba a sus mayores, la realidad era bien
distinta. Como señalamos en el verano-otoño de 1936 Formica contaba ya con 23
años, llevaba tres afiliada a Falange y, por qué no, desarrollaba alguna labor de
sabotaje en la Málaga leal a la República de donde, como vimos, se evadió a
Sevilla donde se encontró a salvo. Por lo tanto, si bien, los distintos
escritos apuntan admiración hacia el operario apodado Rakú, también es cierto
que se desprende pesar por la pérdida, así como incapacidad para resolver la
situación. ¿Hasta qué punto la interrogación “no podemos salvarlo” va dirigida
a sus mayores? ¿Quizás a sus superiores de rango falangista? ¿A altos mandos militares
sublevados o golpistas? (14). Temo que estas preguntas quedarán sin respuesta.
No obstante, me sigo cuestionando lo siguiente. De existir Jesús Sáez (a) Rakú,
¿dónde fue a parar su cuerpo?
Posible
hipótesis
Habiendo
consultado las distintas bases de datos de historiadores y entidades de la
bahía de Cádiz, así como libros del Cementerio de la ciudad, al cerrar aún más
el círculo de la fecha del asesinato -ya hemos comentado que debió ser anterior
a la huida de Formica de Málaga-, y conociendo el dato que nos indica que en el
Cementerio de San José de Cádiz se enterraron, aproximadamente unos ochenta
individuos asesinados sin identificar (de los cuales treinta y ocho lo hicieron entre el 22 de julio y el 20 de
septiembre), no nos parece desatinado pensar que el operario conocido
como Rakú fuera una de dichas personas. Tras encontrar la muerte en una ejecución
extrajudicial en uno de los siguientes parajes del término municipal de Cádiz
(playa de Puntales, alrededores de la plaza de Toros, foso de Puerta de Tierra
o Avenida Duque de Nájera), su cuerpo, finalmente pudo ser arrojado a la fosa
común de dicho cementerio. Fosas en las que, casualmente, en estos tiempos se
está trabajando para exhumar a dichas personas represaliadas y poderle dar
digna sepultura. Pudiera ser.
Mientras
tanto continuaremos nuestra labor. Rakú no es más que un grano de arena en una
inmensa playa. Y según las declaraciones de Mercedes Formica, trabajador
voluntarioso, ciudadano sociable, y por qué no, -nos gusta pensar que-
comprometido con las ideas de libertad y progreso. Maravillosas Memorias, ¿no
opinan los mismo? Volvamos a escuchar en su honor ese tango gaditano que con
tanto arte bailara y que tan bien nos describió Formica: “Catalina mía” el que
por cierto tanto se versionó, y se sigue versionado, en el flamenco.
* * *
(1) El profesor Manuel Ramos Ortega ya hizo un análisis de dicha obra dando buena muestra de cómo pueden servir de estudio este tipo de escritos. En este caso, por ejemplo, para el análisis de una clase social determinada: la burguesía. En Estudios de literatura española contemporánea. Universidad de Cádiz. Cádiz, 1991. Págs. 105-132.
(2) Según
algunos investigadores este tipo de documentos bien podría denominarse como
“autobiografía cultural”. En RUIZ FRANCO, R. “Pequeña historia de ayer: la
memoria histórica a través del testimonio de Mercedes Formica”. En Trocadero nº16, 2004, Universidad de
Cádiz. Pág. 20.
(3) Cádiz
(1913) - Málaga (2002). Hija del ingeniero José Formica y Amalia Hezode, disfrutó
de una infancia acomodada gracias a la posición de su padre. Poco después
marcharían a Sevilla donde comenzaría sus estudios universitarios, así como su
afiliación a Falange Española. Su vida quedó marcada por la separación de sus
padres. Tras la guerra civil continuó sus estudios siendo una de las pocas
mujeres que durante los años 50 ejerció la abogacía.
(4) En
el que creemos único análisis literario sobre`La infancia´ de Formica, Jesús Sáez “Rakú”
no atrajo el interés del autor. En el amplio apartado dedicado a la vida y
hábitos cotidianos, al tratar a la servidumbre y al proletariado se limita a
describirlo así: “…viejo y un tanto estrafalario sirviente…”. En RAMOS ORTEGA,
M. op. cit. Pág. 120.
(5) El
domicilio familiar de los Formica-Corsi Hezode era avenida Wilson nº82-actual Benito Pérez Galdós-,que
coincidía o colindaba con la fábrica de Gas de la Compañía Lebón de la cual
José Formica trabajaba con ingeniero. En ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL de CÁDIZ (a partir de ahora AHMC), Padrón de 1935, Libro 3.656.
Este dato también lo corrobora el profesor Miguel Soler Gallo en “Diez años sin
Mercedes Formica” en Diario de Cádiz,
30 de abril de 2012.
(6) No
deja de ser curioso como un par de siglos atrás los viajeros ingleses también
anotaban lo “indecente” de los bailes que la gente humilde de Cádiz exhibía en
plena calle. Ver el caso de Henry Swinburne y el manguindoy. En OSUNA GARCIA, J. Cádiz, cuna de dos cantes. Quorum.
Cádiz, 2002. Págs. 91 y 92.
(7) En
realidad, el original Ra-Kú no venía de la India sino de Japón. Había nacido en
1881 y todavía siendo adolescente ya practicaba el jiu-jitsu. Con el nacimiento
del nuevo siglo comienza a realizar distintas giras por España y Portugal,
habiendo pasado previamente por Inglaterra. En el verano de 1910 llegó a Cádiz
donde llevó a cabo su exhibición en el Teatro Principal. Allí se enfrentó al
entonces célebre Manuel Pichardo en tres minutos. Como venía siendo habitual en
días posteriores se repetiría la escena con voluntarios donde, se supone,
subiría nuestro personaje Jesús Sáez. “Ra-kú en Cádiz” en Diario de Cádiz, 22 de junio de 1910; también en CASTIÑEIRA, A. M. “Rakú, el pequeño japonés
invencible” en La Voz de Galicia, 11
de febrero de 2017.
(8) AHMC,
Libros de enterramientos de 1936 a 1939.
(9) Se
encuentra en el ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁDIZ.
(10) Los
historiadores más críticos con la utilización de dicha fuente posiblemente se
inclinen por esta cuestión. Y debemos de tenerla muy en cuenta. La mente, en
multitud de ocasiones juega malas pasadas. En el caso de Mercedes Formica
tenemos por ejemplo el dato que ella nos proporciona y que señala 1944 como el
arranque de su dirección en la revista Medina. Sin embargo, la información
interna de la SF, así como los propios números de la publicación lo desmienten
y señalan como 1941 año del inicio de dicho trabajo por parte de la falangista.
En BARRERA LÓPEZ, Begoña. La Sección
Femenina (1934-1977). Historia de una tutela emocional. Alianza Editorial.
Madrid, 2019. Pág. 119.
(11) En
palabras de la propia Mercedes: “nuestras
actividades políticas se limitaron a buscar refugio a los camaradas
perseguidos, a esconder o difundir propaganda, a visitar presos y familiares, a
estar presentes en las misas de los caídos”. En FORMICA, M. Visto y vivido, citamos por BARRERA, B. Op. Cit. Pág. 42.
(12)Mientras
La infancia se publicó en 1987, Visto y vivido lo hizo en 1982, por lo que,
presumiblemente ambas obras fueron escritas en el Tardofranquismo y en los
llamados años de la Transición.
(13)“A las [actividades] habituales, se sumaban ahora la confección de camisas y brazaletes, el
reparto de folletos de propaganda o convencer a los pudientes de que era
preferible renunciar, en parte, a lo que tenían, e implantar la justicia social”.
En FORMICA, M. Visto y vivido,
citamos por BARRERA, B. Ibidem.
(14)De
hecho, no sería la única vez que Formica, según sus declaraciones, lo hiciera. A
salvo, en Sevilla, se interesó por su profesor el socialista Luis Rufilanchas.
Se acercó al cuartel de Queipo de Llano y terminó teniendo una discusión con un
asesor jurídico que había sido pasante de Manuel Blasco Garzón. Sus intentos
fueron inservibles. Rufilanchas ya había sido asesinado en La Coruña.
Se presenta un nuevo libro entorno a la Recuperación de la Memoria Histórica de la Bahía de Cádiz y más concretamente la concerniente a la ciudad de San Fernando. Su título "República, alzamiento y represión en San Fernando". Su autor Miguel Ángel López Moreno, Licenciado en Químicas y Cruz al Mérito Naval, así como autor de algunas publicaciones. Edita la Asociación por la Recuperación de la Memoria Democrática, Social y Política de San Fernando (AMEDE), de hecho los beneficios producidos por las ventas del mismo irán destinados a los trabajos de exhumaciones de represaliados del cementerio isleño. La obra representa un avance más en el estudio de lo acaecido en dicha localidad, sorprendentemente una de las menos estudiadas de la bahía a pesar de su importancia como núcleo militar.
La cita este próximo miércoles 4 a las 19´00 h. en el Centro de Congresos de la calle Real.
Antonio de la Torre en `La trinchera infinita´ (2019).
Si hubo un tipo de represión franquista difícil de cuantificar y analizar, esa fue la de los llamados topos. Para los neófitos en la materia, o para los más jóvenes, hay que describirlos como aquellas personas que ante el miedo y el horror de ser capturados por los sublevados de julio de 1936, tomaron la decisión de ocultarse en vida. Hubo de todo tipo: escondites sencillos e improvisados como alacenas, armarios con doble fondo, baúles, aljibes... hasta que la imposibilidad de escapatoria y la presión sobre ellos y familiares aumentaba de tal forma que los escondites se perfeccionaban: se construían tabiques, puertas secretas, etc.
Como es de suponer su estudio es muy complicado porque apenas ha quedado rastro documental de dicha experiencia. Además, ha pasado tanto tiempo que las personas que lograron sobrevivir -hay casos de individuos escondidos más de treinta años-, ya han fallecido. Y aunque se de el caso de que queden descendientes debemos tener en cuenta que ya no son fuentes directas. No obstante, para un posible estudio también se podría recurrir a otras fuentes (documentales) como las memorias -en el caso de que alguno de ellos las hubiera dejado escritas-; o causas, diligencias o juicios de la Justicia Militar de la dictadura que se fueron aplicando a los topos que iban siendo capturados en sus escondites o de aquellos que se entregaban a las fuerzas de orden público franquistas.
Edición de bolsillo de `Los topos´.
Aun así, a quien interese el tema no hay que olvidar que entre la basta bibliografía dedicada a la <<Guerra Civil>>, destaca una obra de 1977 firmada por los periodistas Manuel Leguineche y Jesús Torbado llamada precisamente `Los topos´. Y aunque se publicó por primera vez hace más de cuarenta años, ha tenido varias ediciones posteriores. A día de hoy no es complicado encontrar algún ejemplar en librerías de viejo.
Luego, además, en multitud de estudios -en distintas zonas del país y/o en diferentes niveles geográficos-, a buen seguro aparecen datos sobre episodios puntuales.
Dentro de mis investigaciones y estudios, a modo de ejemplo y sin ánimo de hacer un listado exhaustivo, recuerdo los casos de, al menos, un par de alcaldes del Frente Popular. José Camelo, de Conil de la Frontera, que tras varios años escondido en los campos de la localidad jandeña terminó pactando su entrega a la Guardia Civil, tras lo cual sufrió condena en las cárceles franquistas; o José de la Cruz, alcalde de Chiclana que tuvo el peor de los finales puesto que estando oculto enfermó y cuando, ayudado por familiares, se decidió a salir de su escondite murió camino a un hospital. La crueldad de la escena es máxima, más cuando se añade el dato de la profesión de dicho alcalde republicano: médico.
La ciudad de Cádiz, por su parte, fue muy proclive a que se dieran estas situaciones. Su posición geográfica, su carácter insular o el hecho de caer en manos golpistas en los primeros compases de la sublevación fueron algunos de los motivos que lo propiciaron. Ya lo indicó hace años la historiadora Alicia Domínguez cuando señalo, más o
Edición en pasta dura de `Los topos´.
menos, lo siguiente: "al caer Cádiz se cerró la Puerta de Tierra y la ciudad quedó convertida en una ratonera". Entre otros casos recuerdo el de Juan Girón Beret, afiliado al Partido Comunista y comparsista. Se escondía en el aljibe de su casa y en varias ocasiones, desde su escondrijo, oyó como los falangistas que le buscaban abofeteaban a su anciana madre, ya ciega, que se negaba a contar el paradero de su hijo. Finalmente fue detenido y sufrió reclusión en el Cortijo de Vicos en Jerez. Juan Sevillano Soria -autor de Carnaval-, corría a esconderse en distintas casas de sus vecinas en el barrio de San José del extramuros de la ciudad, cuando la Guardia Civil se presentaba por la zona en su búsqueda. Hasta donde se, nunca fue detenido. Un final menos feliz tuvo un vecino y compañero de la CNT de Ramón Ríos Gómez (a) Fletilla. Tras el golpe de Estado viviendo el albañil y comparsista cerca del gobierno militar, siempre recordó como la familia de dicho amigo colocaba un armario de grandes dimensiones en una esquina, quedando ocultada la persona en cuestión sustentada desde una cuerda en el hueco que quedaba libre entre mueble y pared. Un buen día fue descubierto llevado a la calle y asesinado. Quizás más sonado es el caso del anarquista y líder sindical Vicente Ballester, hombre de extensa cultura que durante meses fue escondido en distintas casas del centro de la ciudad hasta que un chivatazo dio con su paradero: la casa de un zapatero llamado Antonio Leal. Los sublevados no conformes con cercenar la vida de tan ilustre gaditano, asesinaron también a su protector (para continuar dicha historia pincha aquí).
Estas vivencias nos han llegado a través de recuerdos familiares. Y hay otras que se conocen por el testimonio que dejaron terceras personas en blanco sobre negro. Como así hizo Agustín González (a) Chimenea en su `Anecdotario Carnavalesco´ cuando describió el hecho de que Manuel López Cañamaque estuvo un tiempo escondido por temor a represalias.
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Hechos como los que describo han inspirado a la literatura. Célebre es el libro `Los girasoles ciegos´ donde se narra las vivencias de un maestro perseguido por las fuerzas fascistas. Obra que incluso fue llevaba a la gran pantalla. Y llegados a este momento puede quien se pregunte por qué cuento todo esto. La respuesta es bien sencilla.
Ha llegado a la gran pantalla una novedad cinematrográfica que en pasados días ha hecho su estreno en toda España. Sin la maquinaria publicitaria del film de Alejandro Amenábar `Mientras dure la guerra´, pero con muy buenas críticas bajo el brazo, se presenta `La trinchera infinita´. Una película donde se nos va a relatar no un caso concreto de aquellos infelices topos, sino una historia de ficción que recopila muchas de aquellas vivencias durante los largos años de la dictadura.
Recomendamos encarecidamente su visionado. Hay quien opina, desde hace mucho tiempo, que películas sobre la Guerra Civil y todo lo que acarreó, hay en exceso número. Sí, ocurre lo mismo con los libros. Por más años que pasan no dejan de ampliarse el número de publicaciones en distintos formatos, visiones, etc. Pues con el cine igual. No obstante, digo más: nunca será suficiente. Cada historia, cada suceso merece un espacio de recuerdo y memoria. Si siendo así todavía tenemos que ver como la Falange Española hace actos de enaltecimiento del fascismo en un lugar como el Ateneo de Madrid o, peor todavía, una ciudad alemana como Dresde declara el estado de "emergencia nazi" por las actividades que estos grupos vienen desarrollando en plena calle... y ahora sí, las autoridades reclaman reforzar la cultura democrática, o dicho de otra manera, la memoria histórica. Esperemos no sea demasiado tarde. En definitiva, si ocurre en países que, se supone, habían hecho bien los deberes, ¿qué le depara a España donde algunos no consienten, ni ven con normalidad democrática, la exhumación de un dictador asesino? Para que más nunca vuelva a ocurrir, leamos libros, veamos películas como `La trinchera infinita´. Y lo más importante: eduquemos a los más jóvenes en valores democráticos. Es la única esperanza.