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viernes, 18 de octubre de 2019

Conspiraciones y pronunciamientos


(Reseña publicada originalmente en la revista Andalucía en la Historia nº66, oct.-dic. 2019)

Conspiraciones y pronunciamientos. El rescate de la libertad (1814-1820)
Marieta Cantos Casenave y Alberto Ramos Santana (Editores)
Editorial UCA, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz
2019
ISBN 978-84-9828-755-4

Santiago Moreno Tello

De la mano de los profesores Marieta Cantos y Alberto Ramos presenta la Editorial UCA (Universidad de Cádiz), una nueva publicación que engloba una serie de trabajos que, originalmente, fueron presentados al II Congreso Liberal de 2017. Una última reunión científica, de una larga serie, en torno al Bicentenario de la Constitución de 1812 y que tuvieron sus inicios en 2005. En esta ocasión se trataba sobre las conspiraciones que se sucedieron entre el regreso de Fernando VII en 1814 y el pronunciamiento de Rafael de Riego en 1820 en Las Cabezas de San Juan.

Destacan los coordinadores de la publicación que si bien la historiografía española necesita un impulso sobre dichos temas -de hecho, el volumen de trabajos presentados a las sesiones del congreso disminuyó respecto a convocatorias anteriores-, no por eso el resultado ha descendido la calidad científica. En la obra los autores han vuelto a examinar la historiografía clásica; a la vez se han revisitado fuentes primarias como autobiografías y memorias; además, los textos se han complementado con otro tipo de fuentes como las literarias, al fin y al cabo, estos episodios vividos en el primer tercio del siglo XIX inspiraron, décadas después, no pocos escritos de la talla de literatos como Galdós o Blasco Ibáñez.

El libro se abre con una introducción donde los coordinadores repasan las principales conspiraciones a favor de la Constitución de Cádiz puesto que, a partir del regreso del rey Deseado, no hubo año donde no faltara una conjura. A continuación, se despliegan un total de siete capítulos entre los que encontramos el trabajo de José Cepeda que nos acerca al conflicto militar de aquellos años cuando tras la promulgación de la Constitución del 12 y su pronto derrocamiento, el ejército ha quedado dividido entre los partidarios de las nuevas corrientes donde prevalece la idea de ser “Ejército de una Nación”, frente a los militares absolutistas con sus planteamientos de “Ejército de un Rey”. Un capítulo que bien vale para comprender mejor la mentalidad de las personalidades que, seguidamente, se van a analizar.

Por ejemplo, el general Torrijos, del cual Manuel Alvargonzález no revisiona su etapa más conocida -la que marca el final de su vida con su ajusticiamiento-, sino su papel antes y durante el pronunciamiento de 1820. Con interesantes planteamientos de cara al futuro como puede ser la más que posible influencia política de su compañera Luisa Saenz de Viniegra.

Juan Van Halen, personalidad que tanto aportó a la literatura escrita con posterioridad, ocupa los dos siguientes capítulos firmados por Eduardo Fernández y la propia Marieta Cantos. Mientras el primero dibuja una panorámica más biográfica, destacando sus dispares vinculaciones con los escritos que se explayarán años después, la segunda se centra en un momento determinado, y más concretamente en el análisis de uno de sus textos. Nos referimos a “Verdades oportunas expuestas a su Majestad”. Un comunicado de corte deliberativo, inscrito en la llamada “guerra de opinión” tan en boga en aquellos años. Un texto donde, además de la versión de Van Halen, comprobamos la disposición del juicio al que fue sometido, así como los testigos. En definitiva, más allá incluso de la figura central, vemos la importancia que puede tener un texto administrativo cuando se estudia y complementa con otros de distinta índole.

Por su parte, Alberto Ramos, nos presenta una figura bastante olvidada como fue Nicolás Santiago Rotalde. Pieza clave para entender los primeros compases del pronunciamiento de 1820 en la bahía de Cádiz y que ante, su fracaso inicial, la historia lo ha relegado a un segundo plano. El análisis de distintos textos de Rotalde, posteriores a los hechos, y su confrontación con otros, ayuda a contrarrestar la posible mitificación del personaje, pero también a la compresión de los variados puntos de vista de una figura nada falta de polémica.

El libro finaliza con dos capítulos que entran en el campo de los hechos y las instituciones. Lo hace Francisco Carantoña dando un buen repaso a la distancia y diferencias entre pronunciamiento y golpe de Estado, además de cómo el pronunciamiento del general Riego, según el autor, acabó en Revolución. Para ello tras hacer un repaso a la historiografía actual sobre el acontecimiento, sin dejar de mencionar los antiguos intereses de los estudios ultraconservadores -franquistas-, repasa los hechos acaecidos en Galicia, Asturias, Murcia, Aragón, Navarra y en algunos puntos de Cataluña.

Por último, Sara Moreno cierra la obra con un texto comparativo entre los Consejos de Estado creados a raíz de la Constitución de Cádiz y su posterior aparición, así como con el mantenimiento que hizo el propio Fernando VII a partir de 1814. El primero más democrático -si nos permiten la licencia-, pero claramente estamental. Y el segundo totalmente personalista ya fuera en su composición, competencias y funcionamiento.

En definitiva, una obra de pequeño tamaño, aunque no por eso de menor interés. La etapa en la que se centra, así como la habilidad de sus autores para arrojar luz en hechos todavía bastante oscuros a la vez que interesantes revisiones de fuentes, hacen de Conspiraciones y pronunciamientos base para futuros trabajos de investigación, así como ejemplo para futuros simposios científicos de igual temática. Y eso no es poco.

lunes, 20 de enero de 2014

La huella americana de la Constitución de Cádiz

Ha visto la luz, hace unos días, un nuevo número -43- de la revista Andalucía en la historia. Su dossier central recorre los distintos caminos que miles de andaluces tomaron tras la Guerra Civil. La publicación se complementa con otros textos. En la misma se incluye un reseña que escribí hace algún tiempo del libro "La Constitución de Cádiz y su huella en América". Aquí os dejo el texto.

* * *

Ramos Santana, Alberto  (Coordinador). La Constitución de Cádiz y su huella en América. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2011. ISBN 978-84-9828-339-6
Por Santiago Moreno Tello (Publicado originalmente en Andalucía en la historia, nº43, pág. 94).

Portada de la publicación.
El Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz nos trae una obra que intenta dilucidar la influencia de la Constitución de Cádiz de 1812 en el hemisferio americano en general, y en las colonias (provincias) españolas de ultramar en particular. Con una clara división del libro se nos presenta una primera parte con textos de personalidades políticas y económicas de hoy día, y una segunda, más amplia, con los contenidos de divulgación histórica donde se desgrana el papel de la Constitución de Cádiz al otro lado del Océano Atlántico.

Sin dejar de mencionar la cuidada edición, tenemos que indicar que los primeros capítulos de la segunda parte son de un corte más general. Miguel Artola, Jaime E. Rodríguez o el propio editor –Alberto Ramos-, plantean los paralelismos entre la Constitución gaditana y las posteriores Cartas Magnas de América Central y Sur. No sin antes hacer un repaso a algunos episodios históricos anteriores a la promulgación de la Constitución como fueron las distintas reacciones a la abdicación del trono de Carlos IV y su hijo Fernando, así como a la creación de la Junta Central en el Viejo Continente. No podemos pasar por alto los episodios que se van a vivir en Colombia o México a partir de este momento que llegarán finalmente a construir su propia identidad estatal a través de unas Cartas Magnas bajo la influencia de otras como la ya citada, empero también con la “tutela” de la francesa y la estadounidense, en claros ejercicios de búsqueda de legitimación.

Novedoso el capítulo de la profesora Marieta Cantos dedicado al nulo papel de la mujer que se refleja en la Constitución Doceañista y en las posteriores americanas. Nulo papel que según los estudios más recientes, de los que es partícipe en algunas ocasiones la propia Cantos Casenave, no fue tal en el día a día de la Guerra de la Independencia: voluntarias en el campo de batalla, organizadoras de retaguardia o autoras de cartas y textos públicos. De difícil rastreo, la mayoría de los casos, el empeño investigador ha valido para llegar a conocer nombres y vivencias de algunas mujeres. Así, la autora, nos trae  el caso de tres mujeres: la conocida y estudiada Frasquita Larrea; la portuguesa Carmen Silva que durante medio año se hizo cargo de la cabecera gaditana “El Robespierre Español”; y Mª Manuela López de Ulloa que cultivó gran cantidad de géneros literarios.

Sin embargo el broche de oro de la publicación viene a continuación. Un total de veinte historiadores de varias universidades y centros de investigación americanos desglosan uno a uno la posible influencia de la Carta gaditana en los distintos países de la actualidad. Algunas zonas donde durante el siglo XVIII se habían vivido episodios de sublevaciones, como Ecuador y el Paraguay, las noticias que van llegando desde la metrópoli no hacen sino encender de nuevo la mecha de la independencia. En la zona de Ecuador, por ejemplo, con la inestimable ayuda de la represión realista a los opositores de la misma. Sin embargo dándose, a la par, el curioso caso de que los representantes en las Cortes –como Mexía Lequerica-, llegarán a obtener un importante papel en aquellos meses. En la alejada e interior Paraguay la independencia comienza a fraguarse un año antes de la llegada de la Constitución de Cádiz.

Chile y Venezuela se opusieron a enviar sus diputados por parecerles muy inferior el número de representantes que tendrían en las Cortes. De esta manera se aprovecharía la lejanía y la caótica situación peninsular para impulsar, los primeros un Reglamento Constitucional que posteriormente serviría de apoyo para las constituciones de 1822 y 1828; los segundos un movimiento republicano que vencería finalmente a las ciudades realistas en 1813.

Otras zonas, como Nueva España, Perú o el Uruguay aceptarán las Cortes y la Constitución de 1812 aunque por distintos motivos. Por ejemplo, dicha situación se dio en Perú gracias, en gran parte, al empecinamiento de su Virrey, el cual se postulaba defensor de la Monarquía Absoluta y vio la Constitución de Cádiz como un mal menor frente a las distintas corrientes independentistas del continente americano.

Caso a parte supone la experiencia brasileña. Con una década de retraso da comienzo el movimiento constitucionalista en la metrópoli portuguesa. Que beberá, sin lugar a dudas, algunos sorbos de la cercana metrópoli española. Poco tiempo, tras su aprobación en septiembre de 1822, estará vigente. Caerá, al igual que la gaditana, en 1823. Mismo año en que Pedro I de Brasil apoyará la suya propia en la antigua colonia de Portugal.

Respecto a las islas del Caribe –Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo-, aceptaron a grandes rasgos la convocatoria a Cortes, así como la llegada de la Constitución. Empero, es en estos años cuando se siembra la semilla de futuras independencias de la metrópoli: por ejemplo para la Republica Dominicana en 1844, con clara influencia de la Constitución de Haití de 1843, aunque con atribuciones de la Carta Magna gaditana como fueron las Diputaciones Provinciales.

No muy lejos, en la zona de Centroamérica distintos países van a ir naciendo al calor de las ideas liberales. Tanto es así que en 1824 se creará la República Federal de Centroamérica formada por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Y aunque muchos Ayuntamientos eligieron sus diputados para las Cortes gaditanas, algunos no llegaron a tiempo por problemas económicos. Lo que a la larga hizo que en la siguiente década a la promulgación de la Constitución de 1812 se fomentaran las distintas independencias. Muchas de las cuales recibirían el último impulso con la sublevación del General Riego y el restablecimiento de la Constitución de Cádiz en 1821.

Y no podemos olvidar Panamá. Su situación geoestratégica, como nexo de unión del norte y el sur, ha marcado su Historia desde la llegada de los colonizadores. Para el episodio que nos interesa no será distinto. Si bien se mantendrá fiel, ya no sólo al rey Fernando VII, sino también las Cortes y la Constitución, no hay que olvidar su importancia militar y la gran presencia guerrera traída de la península. Aun así, el movimiento independentista, como sucedió con los países vecinos, llegará en la siguiente década.

Como vemos un repaso exhaustivo y amplio el que se nos regala en dicha obra. En palabras de Jaime E. Rodríguez un cúmulo de naciones que lograban su independencia, incluida España, y que comenzaban su lucha por la supervivencia en un mundo incierto y complicado. 

martes, 5 de noviembre de 2013

El hospital de la Segunda Aguada

Portada del libro.
Se presenta este jueves a las 19´30 h. en el edificio Hermanas Mirabal, donde está ubicada la AAVV del barrio de Segunda Aguada, un nuevo libro de Francisco Javier Ramírez -más conocido como "Chato"- y que no es otra obra sino su tesis doctoral defendida hace un año aproximadamente: El hospital de Segunda Aguada (1793-1854).
La tesis estuvo codirigida por los doctores Alberto Ramos y Francisco Herrera y viene a cubrir un hueco en la historia de la ciudad hasta ahora totalmente desconocido. Un edificio que se encontraba situado en el extramuros de Cádiz, a escasos metros de la batería de Segunda Aguada, y que jugó un papel crucial en una época muy convulsa de la bahía: allí se atendieron a enfermos de la fiebre amarilla de 1800, heridos de la batalla de Trafalgar, y como no también de la Guerra de la Independencia. Os animo a ir a la presentación, donde estará el autor, el Catedrático Ramos Santana y el incansable Antonio Peinado, presidente de la AAVV de Segunda Aguada. 
A continuación os dejo un Manifiesto que firmamos varios historiadores, entre los que se encuentran Ramírez Muñoz y el que escribe estas líneas, publicado en Diario de Cádiz en las navidades de 2010. En aquellos días en la obra del edificio donde se presentará el libro, se encontraron los restos de dicho hospital. Solicitamos que se conservaran algunos restos por su relevancia histórica. Si mal no recuerdo las autoridades pertinentes prometieron que en la futura plaza instalarían algún resto y un monolito. Lo último que supe es que estaban esperando a terminar la plaza -hay una zona sin terminar en el lateral que da al IES Rafael Alberti-, para llevar a cabo dicha instalación. Espero no se olviden. Somos historiadores, tenemos mucha memoria.

Diario de Cádiz, 24 de diciembre de 2010.


martes, 6 de agosto de 2013

La batería de Primera Aguada

A través de Moisés Camacho, me llega la noticia de que se están haciendo cambios en la Avenida de Huelva. Sabía que se estaban realizando obras, las cuales hace unas semanas acabaron con la increíble arboleda que había en sus aceras. Árboles grandes y frondosos cuya buena sombra ya no existe. Supongo que cuando acaben colocarán palmeras... Pero Moisés daba la voz de alerta ante los cambios que se están llevando acabo en las inmediaciones de la histórica batería de Primera Aguada. Una sencilla construcción del siglo XVIII que a duras penas ha sobrevivido al siglo XXI y que está declarada BIC en BOE el 29/06/1985. La intervención se denuncia aquí. Ayer mismo pasé por allí y
La batería ayer 5 de agosto. Foto S. M.
fotografié la zona. En un principio no parece que la construcción haya sufrido daños. Demasiados sufrió cuando el colegio SAFA, a mediados del siglo XX, se construyó practicamente encima... Parece ser que han protegido el lienzo de muralla y luego el pequeño foso de la parte delantera ha sido cubierto de tierra. Lo peor es que este relleno sirve para ocultar lo que parece un entramado de tuberías. Soy neófito en temas de alcantarillado y demás pero eso da que pensar la abertura que han colocado y que se puede ver en la imagen.
Esperemos que dichos movimientos formen parte de la obra que se lleva a cabo en la avenida y cuando esta culmine, la batería de Primera Aguada, vuelva a su estado anterior.
Vamos a aprovechar la noticia para sustraer parte de su historia de un capítulo de un libro que escribí en 2009. Y así vemos de la importancia histórica del lugar.
Una de las primeras noticias que tenemos, a través de mapas y documentos, sobre la existencia de este tipo de fortificaciones en la zona del extramuro de Cádiz es de 1724. Pérez de Sevilla diferenciaba hasta cuatro baterías desde la entrada de la ciudad por tierra hacia el istmo. Estarían situadas de la siguiente manera: la de la playa de Santa María, tras el corral de Alejo(1); la del Romano, a unos 600 metros del baluarte de Santa Elena, frente al corral de la Vaca -se situaba en la conocida como playa de la Bahía o del norte y su nombre seguramente provenía del pozo que allí se encontraba llamado del Romano(2)-; la de la Aguada del Valenciano; y por último a unos seiscientos metros del castillo de Puntales dos pequeños fuertes que defendían la entrada desde la isla a Cádiz. Se les conocía como los Castillejos y en un futuro se construiría en dicho emplazamiento el fuerte de la Cortadura.
Un hito en la Historia de la ciudad fue el maremoto provocado a su vez por el terremoto de Lisboa de 1755. Según el Conde de Maule (3) el camino del arrecife quedó inundado, por lo que seguramente las baterías sufrieran daños. Esta hecho nos lo confirma Pérez de Sevilla cuando nos indica (4) que de la batería del Romano sólo había quedado su gola. Se puede llegar a pensar que parecida suerte pudo arrastrar la batería de Primera Aguada. Sin embargo hay algunos documentos que nos indican que poco tiempo después, década de los años 60, las baterías seguían en pie. Un mapa francés titulado Carte Hydrographique de la Baye de
Detalle de la Carte Hydrographique
 de la Baye de Cádiz de 1762.
 En AHMC, Sección Cartografía
Militar del siglo XVIII.
Cádiz (5), con fecha posterior al maremoto, 1762, así lo atestigua. El mismo sería utilizado por la marina francesa para poder entrar en la bahía según podemos entender de las indicaciones de mareas que se nos hace. Quizás por este hecho, por desconocimiento o desinterés, se nos muestra un despoblado extramuros en el que, eso sí, se nos señalan la existencia de dos pequeños “fortines” en la borde costero de la bahía. Pudieran ser la batería del Romano y la Aguada, puesto que el situado más a la derecha del mismo, y antes de llegar al Castillo del Puntal, nos encontramos con el Endroit de l´Aguade (Sitio o lugar de la Aguada).
La importancia defensiva de esta batería y otras la vemos en un documento fechado en 1776 cuando Juan Caballero con la idea de defender el saco de la bahía hace una descripición del mismo:
“...la verdadera bahía de Cádiz era lo que describimos como ensenada interior de la propia bahía, es decir lo que hay desde Puntales a Matagorda hacia los arsenales, que era lo que trataban siempre los enemigos de apoderarse en tiempo de sitio para privar a Cádiz de los socorros de tierra” (6).
Por lo tanto en caso de intento de invasión a través de la bahía, estas baterías, junto con las defensas del otro lado -baterías de Rota o el Castillo de Santa Catalina de El Puerto de Santa María-, harían fuego cruzado sobre el enemigo.
Poco después encontramos otro documento, esta vez firmado por Luis Huet (7) donde se nos describen las cuatro baterías estables en esta zona del istmo: la de Punta de Vaca, Primera Aguada, Segunda Aguada y La Victoria. Así, en 1793, este Director General de Ingenieros recomendaba que todas las baterías estuvieran reedificadas por el posible comienzo de la guerra con Francia (8).
La época doceañista fue de máxima importancia para estas defensas. Desde inicios del siglo XIX estuvieron bien armadas y pertrechadas. La batería de Primera Aguada contaba con cuatro cañones, al igual que la de Punta de Vaca (o Romano) y Segunda Aguada (9). Un nuevo documento francés nos indica del temor a dichas fortificaciones. La aliada española, que en breve pasaría a ser enemigo, tenía parte de sus barcos en  el interior de la bahía. A sabiendas que la marina inglesa esperaba en la entrada de la misma, y ante el inminente cambio de aliado español, el general Deprés escribió al Vicealmirante Rosilly indicando que se mantuviera lo más alejado posible de las  baterías para defenderse de un posible ataque exterior o interior de la bahía (10).
Durante la posterior Guerra de la Independencia, y siguiendo el estudio de Ramón Solís (11), fueron tres las baterías circulares las que sobrevivieron estos años: la del Romano, Primera y Segunda Aguada. Todas estas construcciones sencillas estaban pertrechadas por un cuerpo de guardia, repuestos de pólvora y se cerraban en su parte trasera con un gola en forma de muro o rastrillo. Apuntaba Solís que además desde ellas no hizo falta hace un sólo disparo entre 1810 y 1812.
La suerte posterior de estas construcciones ha sido muy dispar. En 1866 todavía seguían en pie. Sin embargo el paso de los años y la expansión de la ciudad por su extramuro terminaría dibujando una suerte distinta para cada una de ellas. En lo que se refiere a la batería de la Primera Aguada quedó dentro del terreno de los Astilleros, por lo que durante décadas estuvo oculta tras un muro en lo que consistía el final de la Barriada de la Paz o Avenida de Huelva. Al construirse además en la década de los cincuenta del siglo XX el Colegio SAFA-Villoslada, no se sabe muy bien bajo que criterio, la batería se usó de cimientos para el muro colindante con el astillero. Con la liberación a mediados de los años noventa de dichos terrenos, se volvió a recuperar parte del lienzo de la batería.
La batería de Primera Aguada se puede
contemplar en la Avenida de Huelva a los
pies de un colegio y muy cerca de un
centro comercial. Foto S. M.
Y a continuación finalizo esta entrada de igual manera concluía el capítulo que como indicaba, escribí en 2009. La reivindicación, por desgracia, no se cumplió en los años de los fastos del Bicentenario. Albergamos la esperanza que con las nuevas obras se trabaje al respecto.

"...en el muro colindante los jóvenes del colegio han pintado unos graffitis. A escasos metros de la batería descansa un gran centro comercial. Viendo la Historia de dicho emplazamiento defensivo, así como los distintos finales que han corrido los otros –Punta de Vaca y Segunda Aguada-, y si sumamos el aspecto de la Conmemoración a la que nos acercamos, ¿no deberían replantearse las autoridades dar un nuevo uso a la batería de Primera Aguada? Las opciones son múltiples: desde un adecentamiento y recuperación del lienzo de muralla –con elementos indicativos que ayuden al ciudadano a tener información histórica sobre dichas construcciones-, hasta un traslado, como se hizo con la de Segunda Aguada, a un lugar cercano donde se pueda reconstruir en todo su esplendor, así como darle un nuevo uso. Sería un buen motivo para celebrar la recuperación de este desconocido Patrimonio de la ciudad, a la par que se le daría una nueva función pacífica y social."
Portada del libro.

Para más información en MORENO TELLO, Santiago. ""Las baterías defensivas de extramuros en Cádiz: Historia y puesta en valor de un patrimonio olvidado". En RAMOS SANTANA, Alberto y MORENO TELLO, Santiago (Coords.). Invasión y guerra en la provincia de Cádiz (Mayo 1808 - Febrero 1810). Excma. Diputación Provincial de Cádiz. Cádiz, 2010. 
Consíguelo, por ejemplo, aquí.

* * *

(1) La playa de Santa María del Mar era conocida en estos años como Playa de los Corrales. Dicho nombre, según explica Pelayo Quintero, cuando a inicios del siglo XX realizaba allí trabajos arqueológicos, se debería a los distintos corrales de pesca que existieron “en los más lejanos tiempos”. En  Excavaciones en Cádiz. Memoria de los trabajos realizados en dichas excavaciones por el Delegado Director D. Pelayo Quintero Atauri. Madrid, tipografía de Archivos. Olózaga 1, 1935. Pág. 9.

(2) Dicho emplazamiento también es conocido como Punta de las Vacas.

(3) CRUZ BAHAMONDE, Nicolás de, Conde de Maule. Viaje de España, Italia y Francia. Tomo 13. Madrid, 1813. p. 163.
(4) PÉREZ DE SEVILLA Y AYALA, Vicente. La artillería española en el sitio de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. Cádiz, 1979. p. 137.

(5) En ARCHIVO HISTORICO MUNICIPAL DE CADIZ, Sección Cartografía Militar del siglo XVIII.

(6) PÉREZ DE SEVILLA Y AYALA, Vicente. Op. cit. p. 147.

(7) Ib. pp. 149-150.

(8) Ib. p. 152.

(9) Ib. p. 257.

(10) Ib. p. 217.

(11) SOLIS, Ramón. El Cádiz de las Cortes. Sílex, Madrid, 2000. Págs. 55 y 193.

lunes, 22 de abril de 2013

Ocio y vida doméstica en el Doce

Se acaba de publicar la revista Trocadero nº24. El dossier trata sobre la influencia europea y americana de la Constitución de Cádiz de 1812. Dentro del apartado de recensiones he publicado una reseña sobre el libro ´Ocio y vida doméstica en el Cádiz de las Cortes´ que coordina Alberto Ramos Santana. A continuación os la dejo por si os interesa el tema.

Portada de la publicación.

* * *

Ramos Santana, A. (Coordinador). Ocio y vida doméstica en el Cádiz de las Cortes. Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz, 2012. ISBN 978-84-92717-47-7
Por Santiago Moreno Tello (publicado originalmente en Trocadero, revista del departamento de Historia Moderna, Contemporánea, de América y del Arte, nº24, págs. 207-210). 


La Diputación de Cádiz amplía, con una nueva entrega, la colección ´Bicentenario Cádiz 1812´ que iniciara en 2005 con los dos volúmenes titulados La vida cotidiana durante la Guerra de la Independencia en la provincia de Cádiz, tesis doctoral, a la postre, de Jaime Aragón Gómez. Desde aquel año estudios de Historia, Literatura y Derecho han convivido tejiendo una nueva red de estudios que ha ampliado los conocimientos sobre la etapa de la España Napoleónica y el Cádiz de las Cortes y posterior promulgación de la Constitución de 1812. Y hablamos de una colección que ha cumplido con lo establecido hace siete años y en los tiempos que corren, este hecho, no es cuestión baladí.

Como tampoco lo es que este volumen trece venga de la mano de uno de los mayores expertos en estudios sobre el siglo XIX español. Alberto Ramos Santana se ha rodeado de un equipo interdisciplinar que nos ayudan a trazar un horizonte sobre la vida doméstica del Cádiz de las Cortes.

Comienza la obra con un breve, pero exhaustivo, repaso a la historiografía que en el último medio siglo ha visto la necesidad de estudiar no personajes, ni batallas, sino algo más cercano, a la par que rechazado durante lustros, como es el día a día de nuestros predecesores. Y para ello comienza el libro con una visión del interior de los hogares de finales del siglo XVIII, inicios del XIX. Cristina Ordóñez Goded muestra los distintos estilos mobiliarios que se veían en casas nobiliarias y burguesas, ya fuese el “Carlos IV” –con permiso del profesor Junquera-, o el “fernandino”. Tras un repaso al mobiliario español –en su ámbito cortesano o fuera de él-, el capítulo se centra en la ciudad de Cádiz. Ciudad que quizás no es válida como ejemplo general en las formas de decoración mobiliaria, respecto a otras ciudades del interior, empero por su carácter portuaria y cosmopolita, la hace similar a las principales urbes como Madrid o Barcelona. Basándose en los estudios de Ramón Solís, Ordóñez Goded nos muestra que la ciudad no sólo era punto de compra-venta, sino también de producción. Un gran número de profesionales de la madera salpicaban el trazado urbano de la ciudad. Las referencias de compra-venta que la autora nos ofrece de El Diario Mercantil nos brindan una visión del contenido de algunas casas gaditanas. Aunque también pueden ser una pista de un posible mercado que sirviera para paliar una hipotética mala situación económica de tal o cual familia. No hay que olvidar, como nos indicará Manuel Ruiz Torres en su capítulo dedicado a la cocina y la alimentación que, si bien como se sabe, en la Isla de León y Cádiz no faltaron provisiones, quizás hubo dificultades para adquirir las mismas. El capítulo se cierra con un pequeño anexo de imágenes que nos ayudan a imaginar, mejor si cabe, el interior de una vivienda gaditana durante el asedio francés.

Como una larga transición de la cocina barroca a una nueva, de influencias extranjeras y del propio interior de los hogares gaditanos, el autor Ruiz Torres nos presenta su capítulo dedicado a la alimentación. Al contrario que ocurriera con el asedio de Gerona, en Cádiz el bloqueo francés no obligó al ciudadano a llevarse a la boca carnes tan poco apetitosas como la de gato o ratón. Debido en parte a la entrada y salida de barcos del puerto gaditano, así como la subsistencia de pequeñas huertas en el istmo que unía a las dos localidades, y a los pequeños corrales (gallinas, patos o palomas) existentes en las azoteas de las casas gaditanas. Aun así, no podemos generalizar y encontramos distintos factores que harán producir distintos tipos de cocina en la ciudad: el económico o el cultural. Sin embargo Ruiz Torres nos presenta una serie de alimentos que pueden ser denominador común de la cocina gaditana en época Doceañista. Como por ejemplo el pan, de tan básico condimento de las sopas. O el vino (a estas alturas no creemos necesario recordar a la Manzanilla de Sanlúcar como bebida estrella). El aceite, pieza fundamental de la cocina gaditana frente a la manteca de cerdo más usada en otras localidades. Cabe destacar también, entre los vegetales, a las papas que en estos años desplaza, de guisos típicos de la zona, a otros alimentos como el arroz. Y si un comensal tenía la oportunidad de decidir entre carne o pescado, no cabe duda, que en el Cádiz de las Cortes se inclinaría por lo segundo. Hasta tres veces más se consumía dicho alimento en comparación con otras ciudades. Y no olvidemos el pescado frito que hacía estragos, por ejemplo, en las salidas de los teatros. Hay un claro antes y después en el mundo culinario en estos años. La clásica cocina barroca de Martínez Montiño tenderá a desaparecer en estos años. De hecho la última edición de El Arte de la Cocina –la primera era de 1611-, se editará en 1823 durante el Trienio Liberal.

La música tenía un espacio en la vida cotidiana de los gaditanos de la época. De hecho en el libro dos son los capítulos dedicados a la misma. El primero a una música culta que nos trae María Gembero-Ustárroz; el segundo a un estilo musical de musa popular que, parece ser, tiene su origen en estas fechas: nos referimos al flamenco y es obra de Faustino Núñez.

La Revolución Francesa influenció de manera inmensa al mundo de la música. Al menos como se entendía hasta aquel momento. La creación de himnos patrióticos en pro o en contra de tal o cual planteamiento ideológico afectó sobre manera la historia de la música. Una de las nuevas características de la misma será el acercamiento a los ciudadanos a través de cuatro escenarios: las calles y plazas, los teatros, salones de las clases acomodadas y las iglesias. Mientras en los primeros servía para hacer partícipe al pueblo llano de la llamada música culta, en los púlpitos se daba buena cuenta de los avances de la guerra. Sin embargo el capítulo de Gembero-Ustárroz tiene su cénit en la presentación del músico y profesor Manuel Rücker: de ascendencia austriaca, jugó un importante papel en el primer tercio del siglo XIX gaditano. Y aunque queda bastante por estudiar de su figura, bien sabemos que introdujo en Cádiz las principales novedades musicales internacionales. El capítulo se cierra con dos versiones del himno que Rücker compusiera para la celebración del regreso de Fernando VII a España. ´Nace el sol´ y ´Presurosos corred, gaditanos´ han sido localizados en la Biblioteca Nacional de España y fueron interpretados en Cádiz en 1814. De armonía sencilla contiene un coro que hace pensar que estaba pensado para la participación activa del público en sus interpretaciones. Al final del capítulo se incluyen las partituras de la obra.

A continuación, como decíamos, Faustino Núñez da buena cuenta de sus hallazgos en distintos archivos y bibliotecas en la última década, en lo que al estudio del Flamenco se refiere. Y lo hace a buena cuenta de que es Cádiz, de los tres lugares geográficos cuna de dicho estilo, el menos estudiado con diferencia. Aunque el nacimiento oficial del género se confirma hacia 1850, multitud de documentos dan que pensar que entre finales del siglo XVIII, principios del XIX se sientan las bases del mismo. Para ello Núñez nos habla de la figura del Majo/a. Actitud ante la vida que dibuja a lo que se puede entender como el personaje flamenco posterior. A esto hay que añadirle el elemento gitano, tan arraigado en Cádiz y su Bahía al menos desde mediados del siglo XVIII. Desglosa a continuación el autor las distintas músicas que, bajo su prisma, cristalizarán poco después en los distintos palos flamencos. Entre ellos podemos citar los fandangos, las seguidillas –no confundir con la posterior seguiriya-, las jotas – origen de las alegrías flamencas-, las tiranas –en desuso desde inicios del siglo XIX-, o los tangos de ascendencia francesa y americana. Respecto a esto último no debemos pasar por alto la indicación de Núñez que nos habla de una primera noticia de tangos gaditanos en la temprana fecha de 1779.

La aparición del toreo moderno o a pie tiene también su origen en el tránsito del Antiguo al Nuevo Régimen. Y Cádiz posee, igualmente, un protagonismo de primera magnitud. Todo ello lo vemos reflejado en el capítulo de Alberto González Troyano. Nos habla el profesor de un anterior toreo, corrida caballeresca, basado precisamente en los valores nobiliarios que tenderán a desaparecer con los avances políticos, sociales y culturales. A cambio se fraguará un espectáculo donde se busca rentabilidad económica con el surgimiento de nuevas figuras como el asentista o el propio público como sostenedor del evento. El autor se pregunta por las claves que sustentarían que una ciudad, tan poco ganadera como Cádiz, sea, junto con Madrid, pilar de los inicios del toreo moderno. Y todo ello a pesar de esta característica y otras como la multitud de prohibiciones que rodearon la fiesta en las décadas Ilustradas. Es llamativa la conclusión de González Troyano cuando nos habla del ´plebeyismo´. La adaptación, sólo momentánea, y sin entrar en muchos detalles, de las formas clásicas populares servirá como oposición a los nuevos estilos europeos.

El libro finaliza con la firma que le daba comienzo: Alberto Ramos. En esta ocasión nos da a conocer el submundo de las tabernas y tiendas de vinos. Y lo llamamos así, porque ya Ramón Solís proveyó buena fe de los cafés, pero apenas se detuvo en estos establecimientos donde se daba buena cuenta de los vinos dulces y generosos, la manzanilla o incluso la cerveza. El autor da conocer la cifra de establecimientos en estos años o el nombre de los regentes así como el número de botas. Lugares, sin duda, de suma importancia social en el Cádiz de las Cortes. Quizás sin el buen gusto y prensa de los cafés pero constructora de la realidad que este libro viene a mostrarnos. Sabedores que faltan algunas muestras del ocio de aquellos años empero atentos a crear nuevas líneas de investigación que las traigan. Sumamos y seguimos estos saberes con el gozo de presentarse a cincuenta años vista de aquel clásico de Ramón Solís, pionero, en cierto modo junto a Adolfo de Castro, de los estudios de la vida cotidiana del siglo XIX gaditano.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Columna de humo

Acabo de tomar esta foto. O hay jaleo en los astilleros de Puerto Real o algo se está quemando al otro lado del puente. Qué vergüenza. En medio de una Cumbre.


viernes, 2 de noviembre de 2012

A boca llena

Recreación de una parte del nuevo monumento.
No sabemos como los historiadores dentro de un siglo verán los fastos del Bicentenario de la Constitución de 1812 . Más o menos nos podemos hacer una idea de como fueron los del Centenario en 1912. Varios investigadores han escrito sobre el tema: improvisación y crisis son algunas de las palabras que más se repiten en los textos que hablan de dicha celebración. Parece ser que coinciden en describirlos como pobres y, casi siempre, de espaldas al pueblo.
Sin embargo algunos ya dan su opinión a boca llena de lo que le parece todo esto. El tiempo dará, o no, la razón... 


sábado, 20 de octubre de 2012

Conferencia de Carlos Porras sobre Solano

Retrato de Solano.
Dentro de una nueva edición de las Semanas Culturales de la Asociación de Vecinos de la Segunda Aguada, el próximo lunes 22 podremos disfrutar de una nueva entrega sobre la biografía del Marqués del Socorro y de la Solana: Francisco Solano Ortiz de Rozas. El historiador Carlos Porras, tenaz y constante, se ha empeñado en que nos enteremos bien de la historia del militar y masón que siendo Gobernador de Cádiz fue víctima de un linchamiento popular que acabó con su vida cerca de la plaza de San Juan de Dios en 1808.
La cita es a las 20´00 h. en salón de actos del nuevo edificio Hermanas Mirabal construido, recientemente, en el lugar donde en su día se ubicó el Hospital de la Segunda Aguada.

martes, 18 de septiembre de 2012

Una visita al Castillo de San Sebastián

Iba a ser una obra clave para la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812. Para su restauración se ha invertido mucho dinero desde años atrás por parte del Gobierno central. Con el avance progresivo de las políticas de "recorte" el proyecto inicial fue perdiendo fuelle y al final sólo ha sido restaurado parcialmente. De hecho el auditorio que se iba a construir en su interior, hace tiempo que se desestimó.

El Castillo de San Sebastián visto desde la Avanzada con Cádiz al fondo.
No por eso la obra ejecutada es menos interesante. La fortaleza se construyó a raiz de la destrucción de la ciudad por parte de los ingleses a finales del siglo XVI. A lo largo de los siglos XVIII y XIX toma su aspecto actual. El islote se divide en dos partes: la primera el Castillo de San Sebastián en sí -que no ha sido restaurado-, la segunda, de mucho mayor tamaño, la Avanzada de Santa Isabel.
En la zona restaurada se han borrado algunos elementos añadidos durante el siglo XX. Por ejemplo el helipuerto o la pista de deportes. Otros, como la torre de la década de los años 70, ha sido pintada y se ha respetado. No sabemos para que la han dejado si, creo, en el proyecto de restauración su derribo estaba planificado. De hecho su ubicación, justo en el centro de la Avanzada, interfiere en la realización de grandes espectáculos y eventos (que se supone serán las funciones del Castillo a partir de ahora).
Restos del antiguo faro.
Me parece de lo más acertado haber respetado la base del antiguo faro. De planta circular, se sitúa en un extremo de la fortificación y su historia se remonta a una atalaya musulmana anterior a la Conquista cristiana. La base que se conserva, es de inicios del siglo XVIII. Se mandó derribar en 1898 por el temor a un posible ataque norteamericano a la ciudad.
Dentro del estilo sobrio de la construcción, la restauración nos permite redescubrir algunos rincones de cierta belleza. O al menos a mi me lo parecen. Sin embargo hay elementos incorporados con la obra, como una valla que bordea todo el tramo superior, que apenas un par de meses después de colocarse ya está bastante oxidada. A ver si nos enteramos que en un ciudad rodeada de mar salada lo inoxidable no tiene efecto...
Algunas zonas están cerradas a los visitantes por motivos de seguridad. Aunque la forma de cerrar el acceso, en ciertas partes, no sean la más adecuada:

Ojo al sistema de cortar el paso... una modernidad...
Las jornadas de puertas abiertas de las semanas anteriores han sido un éxito de público por lo que se han ampliado unos dias más. Si todavía no ha pasado por allí tiene hasta el 23 de este mes para darse un paseo.

miércoles, 4 de julio de 2012

Vejer y el Estado Josefino

Mi colega Francisco Javier Hernández Navarro ha tenido a bien enviarme un pdf del artículo que firmo junto a Carlos Porras titulado "Vejer y el Estado Josefino. Un primer acercamiento y algunas reflexiones". Ha sido publicado recientemente en el Boletín de la Real Sociedad de Económica de Amigos del País de Vejer. El estudio originalemente lo presentamos, a finales de 2010, al II Congreso de Historias Locales de la Provincia de Cádiz "El Estado Josefino". Como algunos sabéis, pocas semanas antes de celebrarse el III Congreso (titulado "La consulta al país: la nación habla", octubre de 2011) -donde se iba a publicar los textos del segundo-, la Diputación Provincial de Cádiz decidió que si se celebraba el evento tenía que ser con coste cero. La Comisión Científica, de la que formaba parte, nos negamos a ello. Demasiado poco coste suponía ya como para sufrir dicha humillación. El historiador de Sanlúcar de Barrameda, Salvador Daza, se despachó a gusto en la prensa días después (leer aquí).
Vejer de la Fra. en la segunda mitad del siglo XIX
No era para menos. Se despreciaba así el trabajo de muchos historiadores que desde 2008 venían preparando sus estudios. De hecho en 2009 se celebró el I Congreso de Historia Locales y, como dije antes, en 2010 el segundo junto con la publicación del primero (libro titulado "Invasión y guerra en la provincia de Cádiz").
Pues bien, como estaréis pensando, esos textos se quedaron en un cajón. Se que hace poco algunos de los textos vinculados a la Sierra de Cádiz han sido presentados a unas jornadas organizadas en Bornos por Fernando Sígler y Jesús Román.  
Por nuestra parte no teníamos muy claro que hacer con el texto dedicado a Vejer. Antonio Muñoz a sabiendas -por Fran Hernández-, de su existencia nos mostró su interés en publicarlo en el Boletín. Nos pareció una buena oportunidad. Además contamos con la generosidad de Fran y Antonio que aportaron nuevos datos que han enriquecido la comunicación inicial. Hilda Martín también hizo lo propio.
El texto no viene a describir con presición la historia del municipio vejeriego en época Doceañista. Falta mucha documentación. Es bien sabido que el Archivo Histórico Municipal de Vejer contiene documentos posteriores a 1872 debido al incendio que lo arrasa ese mismo año. Sin embargo el compendio de lo hasta ahora publicado, así como el uso de nuevos datos que provienen de la prensa o archivos como el Ducal de Medina Sidonia, nos permiten arrojar más luz sobre la toma de Vejer por parte de los franceses; la importancia de dicho municipio en la batalla de Chiclana; o la represión posterior sobre los vejeriegos afrancesados.
Para los interesados en leerlo podéis descargarlo aquí.

martes, 26 de junio de 2012

Entrega de premios

El próximo jueves 28 a las 12´30 h. del mediodía se hará entrega en el Rectorado de la Universidad de Cádiz (C/ Ancha 16) los premios del concurso de cortos "200 años, 200 segundos". La iniciativa surgió hace algunos meses de alumnos de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales coordinados por el profesor Rafael Ravina. El concurso consistía en definir en 200 segundos la Constitución de 1812, de la cual estamos conmemorando su 200 aniversario. La suerte está echada.

viernes, 15 de junio de 2012

Cádiz (ciudad turística cultural constitucional...) para el turismo

Es muy malo ir por la calle pendiente de las cosas. Es mejor ir pensando en la inopia. Porque puedes llegar a ver cosas dañinas para la vista. Sobre todo después de todos los títulos que se le han añadido a la ciudad para 2012. 
De un tiempo a esta parte se han puesto de moda las macetas. Una chirigota de Juanlu "Cascana" parodiaba el gran número de ellas que hay por las calles y plazas de Cádiz. "¡Romaní, una maceta aquí!", decía el popular chirigotero parodiando a la alcaldesa y a un teniente de idem.
Llegados a un punto pueden llegar a embellecer un lugar de la ciudad. Pero lo que no se debe tolerar es que en plena -y remozada- Plaza San Juan de Dios, se coloque un macetón delante de la señalización turística de un edificio histórico como es la iglesia de San Juan de Dios:

¿Repetimos?


lunes, 26 de marzo de 2012

Las baterías de Donostia

Lo siento, esta entrada no va de música. Practicamente cierra una pequeña serie de entradas sobre Donostia-San Sebastián. Ya indicaba días atrás que el Monte Urgull se encuentra salpicado por distintas construcciones defensivas. A la más importante, Castillo de la Mota, le dedicamos una entrada. Toca el turno ahora a algunas de las baterías que conforman el sistema defensivo de dicho monte: Napoleón, Santiago y la del Gobernador.

Batería de Napoleón transformada en un bonito paseo.
Si subimos al monte por la entrada del lado de la ciudad (casco viejo) la primera fortificación con la que nos topamos, tras unos minutos de subida, es la Batería de Napoleón. Llamada así, como podéis imaginar, debido al uso que le dieron a la misma las tropas francesas en la Guerra de la Independencia. Desde la misma vigilaban la ciudad. Hoy está convertida en un bonito paseo con cartelería alusiva a su historia.
A su izquierda, y mirando al centro de la playa de la Concha, la Batería de Santiago. Mucho más amplia y con un amplio visionado de la ciudad y sus alrededores. Es anterior a la de Napoleón y aunque ha perdido muchos de sus componentes originales ha quedado como un lugar ideal para el reposo y la relajación. Había incluso algunas señoreas haciendo taichí. 

Esquina de la Batería de Santiago. Abajo se aprecia la Batería de las Damas.
Por último, y justo al otro lado del monte, encontramos la Batería del Gobernador. Desde la de Santiago se puede acceder a ella bordeando la parte inferior del Castillo de la Mota. Es la más compleja de las tres. Consiste en varios niveles donde destacamos la Batería Alta y sus curiosos asentamientos para cañones. En el centro de ambas construcciones encontramos el polvorín, al cual se puede entrar, y que es idóneo para que cualquier "sintecho" pase la noche. Estos asentamientos se usaban con la idea de conseguir una mejor maniobrabilidad de la artillería. Se usaron para defender la parte norte. De los más interesante también la zona sur de la Batería con unas impresionantes vistas de la ciudad actual.

Asentamiento para cañón del flanco derecho.
* * *

Aquel paseo me hizo recordar las abandonadas baterías de la zona de Puertas de Tierra de Cádiz. No hace mucho escribí un capítulo sobre las mismas: Batería de la Punta de Vaca, Batería de Primera Aguada y Batería de la Segunda Aguada. De la primera desconocemos su paradero, posiblemente quedara destruída con la explosión de 1947. La segunda descansa a los pies de un centro comercial. La tercera fue rescata y reconstruida a mediados de los años 90. No estaría mal que nuestros gobernantes tomaran como ejemplo el estado y señalización de estas baterías donostiarras de cara a dar a conocer a la sociedad las pequeñas defensas gaditanas. Y más en las fechas del Bicentenario en las que nos encontramos. Pues, publicado está, fueron escenario de aquellos episodios históricos.

jueves, 15 de marzo de 2012

Las fiestas de mi barrio

En las calles de mi barrio han colgado unas banderitas en las farolas. ¿Qué verbena celebramos estos días?


sábado, 3 de marzo de 2012

El Carnaval en 1812 (y IV): Las coplas

Si hubo una pieza de la fiesta carnavalesca que se vio influenciada por los acontecimientos que rodearon Cádiz en 1812, esa fue la copla. Al menos esa fue la hipótesis plateada por José Joaquín Rodríguez y el que escribe cuando en 2008 participamos en el "Congreso Doceañista".
Los investigadores que se han acercado a dicha celebración durante el siglo XVIII han denotado la existencia de grupos o cuadrillas de personas donde destacaba la figura de un "director", el cual era responsable del comportamiento de su grupo dentro, por ejemplo, de un Baile de Máscaras. Dichas cuadrillas llevaban danzas previamente ensayadas y eran mixtas. Incluso se sabe que solían llevar instrumentos. Ramón Solís indicó que el origen de estas agrupaciones podía estar en las cuadrillas de negros que en el último tercio del siglo XVIII cantaban villancicos. Pieza, esta última, que no tiene vinculación con la Navidad como nos indica Alberto Ramos en su "Carnaval Secuestrado", pues por aquel entonces se conocía como villancico a una copla corta con un estribillo en el centro que se repetía en diversas ocasiones.
Grabado de un Cádiz figurado en 1816.
Con la llegada del siglo XIX y los distintos episodios históricos que se van a desarrollar en Cádiz -destacando el asedio francés-, se va a fomentar la creación de las Coplas Patrióticas: letras con gran caracter nacionalista y triunfante que inyectaban optimismo a las almas de la población. Hay recogidas la existencia de las mismas desde el inicio de la Guerra de la Independencia hasta la década de los años 20. Y a falta de un estudio en profundidad, tras una rápida consulta, podemos vislumbrar varios tipos de coplillas que serían cantadas en cualquier momento del año incluyendo los días de Carnaval.
Ya a finales del siglo XIX José María León Domínguez distinguía las escritas por "la muchedumbre de literatos y poetas que habían acudido a nuestro suelo" y aquellas otras de la "regocijada musa popular". De las primeras se conocen algunos autores; de las segundas, a día de hoy, no. Pero incluso las hay de distinta tipología: aquellas escritas con una intención política, así como otras que si bien no están exentas de carga "patriótica", están repletas de humor y sátira.
Hasta nuestros días han llegado cuadernillos y hojillas, a veces firmadas, a veces no; en alguna que otra se deja claro que no han sido creadas por los estamentos bajos de la sociedad... También logramos saber que imprentas eran las encargadas de producirlas,... Os dejo a continuación el fragmento de una de ellas. Quizás la que más nos llamó la atención. Su título: "Justa ridiculización Imperial y Real del grande Trapaleón...".

"Por una Real provisión,
se ha mandado publicar
que la Silla de cagar
se llame Napoleón
[...]
Al Señor Joseph Botella
que quizo, muy atrevido,
ser, por Rey, reconocido
de la España rica y bella,
se mande que, en toda ella,
diariamente, con tezon,
cada español, en razon
de haber pedido tal ganga,
le haga un corte de manga 
por UNA REAL PROVISION...".

El Carnaval como fiesta en la península crecerá durante todo el siglo XIX. El celebrado en Cádiz no será una excepción. De hecho, a finales de dicho siglo, ya se habrá convertido en uno de los más populares de España. Uno de los motivos fueron sus simpáticas comparsas. Otro sus letras que, década tras década, evolucionaron hasta los tangos de autores tan reconocidos, desde entonces, como Antonio Rodríguez "El tío de la tiza". La influencia de la época doceañista en la evolución de éstas tuvo que ser capital.

martes, 21 de febrero de 2012

El Carnaval en 1812 (III). El vino

Bodegas Lacave con la Batería de 2ª Aguada al fondo.
Esteban de Boutelou publicaba en 1807 un interesante estudio sobre los vinos de Sanlúcar y Jerez. Gracias al madrileño -agrónomo y botánico-, sabemos del mapa vitivinícola de nuestra provincia en aquellos años. De igual manera nos podemos hacer una idea de la importante evolución de la industria vinatera en el siglo XVIII. Y el Carnaval no estaría ajeno a dicha evolución. De hecho hay constancia del gozo en la ciudad por los caldos de nuestra tierra. Deleite que en días de carnaval se multiplicaba.
Ya nos lo indicaba el Conde de Toreno cuando, al recordar los días del asedio francés, dejaba claro el optimismo que se vivía en la ciudad a la par que llegaban mercaderías de otros mundos. Géneros entre los que se encontraba el vino, tan en boga por aquellos años en Cádiz.
Y es que la Junta Superior de Gobierno, días antes del comienzo del Sitio de Cádiz por los franceses -5 de febrero de 1810-, decidió rebajar a la mitad las tasas de entrada de vinos en la ciudad. De 72 a 36 maravedíes la arroba. Así se aseguraban la recepción de vinos para aquellos días, a la par que llevaban a cabo una política de permisión sobre la ciudad que daba pie al divertimento y la relajación. Qué reacción producirían aquellas cantidades de vino que un año después la Junta Superior decidió volver al precio inicial de las arrobas. La Junta se escudó en la poca salubridad que traía a las calles su consumo. Sin embargo dicho nuevo edicto no entró en vigor hasta abril, una vez habían pasado las fechas de Carnestolendas...